La ciudad de los sueños y las oportunidades (parte I)

broadway

Un hombre de unos 45 años escribe en un cuaderno mientras, de reojo, mira cómo despega el avión del vuelo 437 de American Airlines, con destino a Nueva York. Es un piloto de avión, pero esta vez no le toca comandar. Parece tranquilo,  no es su primer viaje. Ocupa el asiento 58, del lado de la ventana, y no tiene acompañante. Aprovecha para poner su computadora en el asiento de al lado. Cada tanto chequea sus mails. Parece amable, habla con las azafatas pero nunca se ríe. En la muñeca derecha lleva una pulsera gruesa de plata con inscripciones que pueden distinguirse a lo lejos: “Pilot John Ogonowski-  American Airlines- Boeing 767- 11 september 2001”. Fue el primero en bajarse del avión.

En el hostel Candy, en la parte oeste de Nueva York, dos empleadas de limpieza meten rápido sus dos carritos con baldes, trapos y sábanas en el único ascensor del edificio y dejan sorprendido a un huésped en el piso 8, que esperaba hacía 5 minutos. Resignado, comenzó a bajar las escaleras.

En el pasillo del subsuelo, donde hay algunas habitaciones y casilleros que permiten guardar valijas, comienzan a hablar en voz alta:

– Pásame las sábanas.

– ¡Ya voy, hija! Es que no puedo hacer todo tan rapidito.

De fondo, en el cuarto donde deben guardar los materiales de trabajo, se escucha la canción Obsesión, una bachata del grupo dominicano Aventura. Otra mujer sale con su carrito renovado, con toallas y sábanas nuevas. Está excedida de peso y mueve las caderas al caminar. No parece demasiado concentrada en el trabajo. Mientras espera el ascensor, comienza a cantar: “Lo que tu sientes, se llama obsesión, una ilusión, en tus pensamientos…”.

En la Avenida Broadway hay gente por todos lados. De todo tipo. Blancos ricos, pobres, negros, judíos, locos, turistas y latinos que trabajan de obreros o en la mayoría de los lugares de comida, en especial los de chatarra. En la caja de Mc Donalds un turista se acerca a pedir unas  servilletas, pero parece no saber cómo expresarse en inglés; la cajera lo ve titubear y en castellano le pregunta si necesita algo. Los latinos son una gran masa agrupada; conservan sus costumbres pero también adoptan nuevas, la de los yankees. En general, copian a los negros: sus gestos, su forma de hablar y su manera de vestir. Son la mano de obra de esta ciudad.

La discriminación a los negros no existe. De hecho, ellos son los que mandan. Los que tienen plata exhiben sus cuerpos esculturales con la mejor ropa y los celulares último modelo. Los que no, tienen un sello propio que los distingue. Hacen ruido, alardean, ríen, se hacen notar. La ciudad es frenética. No deja nunca de estar en movimiento. Siempre hay gente en la calle, siempre hay un lugar abierto. Por momentos se siente un leve temblor del piso de la calle. Es el subte, que llega a casi todos los lugares. En las veredas, el vapor sale caliente por las rejillas. Un hombre negro maneja un auto lujoso y lleva la ventanilla baja. Tiene puesta una gorra de los New York Yankees. El volumen de la música que escucha hace vibrar los vidrios de los autos a su alrededor: “New Yooooooooooork”, no es el hit de Frank Sinatra y su perecedero New York New York. Son Jay Z y Alicia Keys, el nuevo himno de la ciudad.

En plena Quinta Avenida, a pocas cuadras del edificio Trump, rodeado de lujosas tiendas, un hombre de unos 60 años pide dinero en un edificio desocupado y en alquiler, sentado en un balde blanco mientras tapa sus piernas con una manta. Sobre el balde hay un cartel con letras negras que dice que es un ex veterano de Vietnam. Pocos lo miran y le dejan unas monedas. Luce enojado. Ve pasar al lado suyo mujeres con bolsas de Armani, Prada o Dolce & Galbana.

En la obra de teatro Memphis, situada en los 50´, cuando la música comienza a producir una revolución en los jóvenes y una mezcla “inevitable” entre negros y blancos, el ambiente es perfecto. Público atento y grandes actores. En una de las tantas situaciones de peleas raciales, un personaje blanco le dice a otro “Nigro”. El público suspiró, sorprendido, como si hubiera sido el peor insulto. Termina la obra y todos se levantan de sus asientos para aplaudir.

(*) En la primera foto, la calle Broadway, llena de gente. En la segunda, un hombre duerme en el subte. En la tercera, un veterano de Vietnam intenta evitar salir en la foto.



There are 6 comments

Add yours

Post a new comment