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    Vivir para escribir

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    Estaría triste. Quizás en algún bar, tomando alcohol para paliar sus penas. Hubiera sido un golpe duro, justo para él. La semana pasada, el parlamento de Cataluña decidió suspender la corrida de toros, la peor noticia que podría haber recibido Ernest Hemingway, si estuviera vivo.

    Se acostumbra a dividir a los escritores en dos tipos: los que realizan sus libros a partir de lecturas de otros y los que lo hacen a partir de sus experiencias, de lo que viven. Quizás haya un tercer tipo, de los que hacen las dos cosas. Hemingway entraría en el segundo tipo.  Aquellos que exprimen su vida al máximo. Y se enfrentan a situaciones extremas, lejos de una biblioteca o un escritorio lleno de polvo. En Las verdes colinas de África, realiza una crónica sobre su viaje de caza con algunos amigos, donde relata la  competencia entre sus compañeros por matar al animal más grande, pero también el miedo por finalmente cruzarse ante un búfalo o hasta un león, mirarlo a los ojos y dispararle. En cada uno de sus libros  aparecerán, en mayor o menor medida,  las carreras de caballos, los hipódromos, las corridas de toros, la pesca, la caza, el sexo (fino, implícito) y el alcohol.

    Poco importaba que murieran toros u hombres en el mismo acto. Cuanta más acción, mejor. En Fiesta, su primera novela, Hemingway relata un viaje de vacaciones de un grupo de jóvenes bohemios, de París a España. Aunque su único libro verdaderamente autobiográfico fue París era una fiesta, una crónica de los años 20, cuando Ernest fue a la ciudad francesa a convertirse en escritor (junto a Fitzgerald,  Pound y Joyce, entre otros), la mayoría de sus obras hacían referencia a sí mismo y a su forma de vivir. El protagonista de Fiesta es Jake Barnes, un escritor que queda vislumbrado por un joven torero y por la celebración que se vive en Pamplona, con gente por todos lados, tomando vino hasta no poder mantenerse de pie.

    Lo mejor del libro, como en casi toda su obra, son sus descripciones de situaciones límite, además de sus diálogos. El momento de mayor pureza y de sinceridad será para Hemingway cuando el hombre y el toro se enfrenten mano a mano y uno de los dos saldrá sin vida del encuentro.

    Sus personajes son melancólicos y autodestructivos, como él. En El viejo y el mar, un pescador que vive en una isla sale con su bote en busca de la consagración. El botín más preciado es para él el pez más grande.  Y en el medio del mar, lo logra. Pesca un tiburón enorme, que le garantizará  felicidad, prestigio y dinero. Pero mientras vuelve a la costa, el pescado es tan grande que la parte de su cuerpo que no entra en el bote y toca el agua, empieza a ser comida por otros peces hambrientos. El viejo no se vence, nunca tira el tiburón. Al final, llega a la costa con el cadáver de quien supo ser un pez enorme. Dos visiones: la inutilidad de la lucha o la resistencia a nunca rendirse.

    En Adiós a las armas, un estadounidense,  el personaje principal, pelea en la Primera Guerra Mundial para Italia y resulta herido. En el hospital se enamora de una enfermera y una vez recuperado, deserta. Se escapa de la guerra y le dice adiós a las armas. Pero el destino le ofrece una serie de hechos desagradables, como si el ambiente de muerte lo persiguiera.

    Su obra refleja el absurdo a la forma en que se vive, lejos de los parámetros normales, de los horarios y de las actividades rutinarias.

    En 1925 le escribió una carta a su amigo-enemigo Fitzgerald que describe su forma de sentir la escritura: “La razón por la que tanto te irrita haberte perdido la guerra se debe a que la guerra es el mejor tema de todos: en la guerra hay cantidad de material, la acción es rápida y te encuentras toda clase de asuntos literarios, que de lo contrario, en una situación normal, tardarías una vida entera en conseguir”.

    Por quién doblan las campanas es considerada su mayor obra. Es la historia de Robert Jordan, un español especialista en detonar bombas, durante la Guerra Civil española. Jordan tiene la misión de explotar un puente, pero antes deberá reportarse ante una compañía, recluida en el medio de la montaña. Hay una escena memorable, en donde los comunistas masacran a los fascistas en el medio de un pueblo. Los atacan en grupo en una iglesia y los hacen salir mientras los golpean y los maltratan. Aquellos que no están en guerra, siguen en guerra y son crueles. En la montaña, Jordan descubre el amor, pero también la imposibilidad de llevarlo adelante.

    Islas en el golfo es una de sus obras póstumas que refleja el momento anímico por el que pasaba. En Cuba, un hombre de unos 55 años recibe a sus tres hijos en su casa, donde van a la playa, pescan y disfrutan de la mejor comida. En uno de los viajes en barco se relata quizás su mejor crónica descriptiva, en donde uno de los chicos atrapa con su caña a un pescado enorme, mucho más fuerte que él. El chico pasa varias horas con su caña, firme, a la espera de que el animal finalmente se canse. Lo logra y es feliz. Cuando los hijos vuelven a su casa, el padre queda solo y comienza una vida confortable y en apariencia alegre que se ve modificada por varios acontecimientos trágicos. Una vez más, un final triste, cercano a la realidad que por momentos ofrece la vida y que parece alejado de la ficción.

    A los 61 años se suicidó, sin dejar una nota pero con varias obras por publicarse. No quedan dudas de que si estuviera vivo estaría maldiciendo a los parlamentaristas que acabaron con una de sus pasiones, cuando el hombre se enfrentaba a la naturaleza; cuando podía sentirse más vivo que nunca.




    There are 13 comments

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    1. fer

      Justamente el sábado te fui a buscar en la redacción para contarte lo bien que la estoy pasando mientras leo Adios a las armas. Así que, lógicamente, me salteé ese párrafo de tu post.
      Un abrazo

      • Lucas Bertellotti

        Gracias fer, me alegro que hayas salteado el párrafo porque hay un indicio sobre el final del libro. Adiós a las armas está muy bueno, aunque es difícil elegir uno de Hemingway que supere a los otros, todos me gustan. Quizás me inclinaría por Islas en el golfo, sin ninguna razón en especial…

    2. Cata

      Comparto que Islas en el golfo es excelente.. pero mi elección personal es sin lugar a dudas Por quien doblan las campanas..!

      • Lucas Bertellotti

        A diferencia de otros autores, creo que todos sus libros conservan casi el mismo nivel. Aún no leí cuentos de él, que, según la “crítica literaria”, es lo mejor de su obra. La edición en la Argentina, con prólogo de García Márquez, dicen que es muy buena.

        • Facundo Von Ungaro

          Re colgado lo mio, comentar un post 2 años tarde, pero no puedo dejar de aconsejarte, si es que aún no leíste cuentos de Hemingway, que empieces por Las nieves del Kilimanjaro. Ese cuento en especial, de unas 25 páginas, me voló la cabeza.

          • Lucas Bertellotti

            ¡Veo que descubriste tarde el blog! Creo que de Hemingway sólo me quedan por leer los cuentos. Ya tengo una edición en inglés esperando en la biblioteca. ¡Gracias por los comentarios y ojalá sigas prendido con Crónicas de calle!

    3. Cata

      Me gustaron mucho los cuentos. Pero creo que algo de lo que más me gusta de Hemingway es su gran capacidad para desarrollar los personajes y que asi podamos meternos de alguna manera en su “piel”. Los cuentos en ese sentido me quedaron cortos. Igualmente.. super recomendables..

    4. Persiguiendo a Hemingway en La Habana (parte II) « Crónicas de calle

      […] En las paredes están colgados los trofeos por los que sentía real orgullo: los animales que cazó. La cabeza enorme de un búfalo negro es la que más llama la atención. Hemingway se sacó una foto histórica con él rendido en el piso, poco después de dispararle. Y Alberto comienza a soltar parte del mazo de anécdotas: “Un día le llegó una carta de Benito Mussolini acompañada con un cheque en blanco. Le pedía especialmente por una cabeza y le ofrecía que pusiera la cifra que quisiera. Hemingway le devolvió el cheque con dos ceros y una respuesta contundente: `Si lo quieres, ve a cazarlos como lo hice yo´”. […]

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