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Trapero, director de calle

carancho

Como a este blog, a Pablo Trapero le gusta retratar la calle. Parecen no interesarle las clases altas o los mundos que suelen mostrarse en el cine, alejados de la realidad. Sus personajes no son galanes o princesas. Tampoco triunfadores. Sufren por el día a día, inmersos en una falta de proyección y pasiones. Son, en general, representantes de una sociedad vacía, con pocas salidas. El director argentino muestra las consecuencias de esa sociedad vacía. Y eso es, quizás, lo más interesante de su obra.

En “El bonarense”, se cuenta la historia de Zapa (Jorge Román), un joven cerrajero de algún pueblo lejano de la provincia de Buenos Aires. Zapa es honrado, pero también ignorante e ingenuo. Ayuda a dos personas a abrir una caja fuerte, sin sospechar que puede estar metido en problemas. Ese hecho intrascendente lo lleva a mudarse a San Justo (lugar donde nació y creció el director), para sumarse a la policía bonaerense. Este es quizás el mejor film de Trapero porque logra meterse de lleno en la vida de un policía en un territorio hostil por donde se lo mire. El ambiente que se retrata en El bonaerense, como los actores, los lugares, los ruidos y hasta los autos, hacen que todo luzca creíble. El proceso de Zapa en la policía parece ser el de miles de jóvenes que terminan en la bonaerense. Sin entender demasiado, entran a un mundo de corrupción absoluta y de marginalidad. Casi la misma que sufren los ladrones, que se supone forman parte del otro bando. A Zapa, por ejemplo, no le queda otra alternativa que colaborar con los negocios de su comisario. De otra forma lo echarían del cargo. Así, es el encargado de pasar a cobrarles a las prostitutas y a los ladrones. Donde hubo un crimen, hubo un policía enterado que no hizo nada.

En Familia rodante, Trapero relata el viaje de una familia de clase media baja al norte del país, por un casamiento al que debía asistir la jefa de la familia, la abuela Emilia (Graciana Chironi, abuela de Trapero en la vida real y actriz estrella en la filmografía del director argentino. Participa también en El bonaerense y Carancho, entre otras). Existen los típicos enredos familiares. Las relaciones tirantes entre los cuñados, los comentarios dolorosos de la abuela, las conductas insoportables de los más chicos. Es una historia que no pretende mostrar más que eso. No es ambiciosa. Es como una crónica sobre un grupo de personas, siempre desde una perspectiva neutral.

El sexo en los films de Trapero es fiel reflejo de su obra. Se realiza en el piso, en el pasto, en la cárcel. Todos lugares incómodos, muy lejos de una cama. No son tiernos ni suaves, son desesperados. La cumbia es la música que elige para casi todos sus films. Detrás de cada situación cotidiana, se escucha el sonido del rallador y los timbales. Está en todos los ámbitos que muestra. Desde una radio, unos altoparlantes o en off. La música de El bonaerense, por ejemplo,  fue creada especialmente por el grupo Damas Gratis.

No le tiene miedo a la calle. Rehúye a los sets. “Leonera” se hizo en las cárceles de Olmos y Batán. Las actrices fueron verdaderas presas. Trapero presenta en este film la problemática de las mujeres con hijos en las cárceles. Sólo pueden estar juntos hasta los cuatro años. Una vez llegado a esa edad, el chico o chica debe salir de la cárcel con un tutor o quien sea. Julia (Martina Gusman, la esposa de Trapero que en Leonera está genial y en Carancho no tanto), la protagonista, pelea, escapa, arma un motín para no separarse de su hijo. Para sobrevivir en la cárcel, se acuesta con una de sus compañeras del pabellón. Luego se enamora. O no. Nunca se sabe si su relación con Marta fue por conveniencia. Algunos detalles quedan sin resolver. Algunas historias no cierran del todo, como la que Julia mantiene con Ramiro (Rodrigo Santoro), quien participó del crimen por el que los dos están en la cárcel.

En Carancho el entorno es el de los accidentes de tráfico. Abogados que interfieren las radios de la policía y el hospital para acercarse al lugar donde un auto chocó a una persona y poder acercarse al damnificado para luego ganar dinero en un juicio. Médicos que, mientras luchan por las pobre condiciones laborales, arreglan con los abogados para ganar un porcentaje del negocio. Es un film oscuro. Desde las luces del hospital hasta la casa de Sosa (Ricardo Darín), uno de los abogados. Y otro detalle del director: le gusta mostrar sangre. Se observa en cada escena que contiene violencia.

Sin haber visto toda su filmografía, es fácil concluir que su estilo es particular,  diferente del resto. Por sobre todas las cosas, Trapero es un director de calle. Y esa es su gran virtud.

 
El último trailer del post, el de Leonera, es más que recomendable. Agradezco a mi amigo Fernando Massa que insistió en realizar un pequeño ciclo con este director, al que yo no le tenía ningún aprecio sin haber visto ningún film suyo. Aquí van las calificaciones del ciclo de cine que llevamos adelante junto a otro amigo, Joaquín Bilbao:

Título Crónicas de calle Lucas Bertellotti Nos vamos a Copacabana Joaquín Bilbao Anecdotario colectivo Fernando Massa
Mundo grúa (1999)   * *
El bonaerense (2002) * * * *   * * * *   * * *
Familia rodante (2004)  * * *   * *   * *
Leonera (2008)  * * * *
Carancho (2010)  * * *    * * * *
 



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