Los Soprano: los hombres duros sí lloran

tony-with-bobby-christopher-silvio-and-paulie-1

Las pesadillas no le permiten dormir bien y ronca. Abre la heladera cada vez que está aburrido y busca una porción de carne con pastas. “¡Nunca va a haber un carajo en esta maldita casa!”, grita cuando está de malhumor y golpea la puerta del electrodoméstico con fuerza. En pantuflas y despeinado, mira los canales de documentales mientras, con un tazón apoyado en su enorme panza, come helado. Va a la psicóloga y habla de los problemas no resueltos con su madre. Piensa en dinero. Gana dinero. Invita a su mujer a comer a un elegante restaurante en el que no pagará la cuenta. Mata gente. Asiste a las reuniones escolares de sus hijos. Manda a matar. Cree en la historia familiar, de inmigrantes italianos en “la gran América”. Tiene sexo, con su mujer o su cummare (amante). Llora. Es Anthony Soprano. O Tony.

La idea de David Chase no les parecía demasiado novedosa a los productores de las grandes cadenas televisivas de Estados Unidos. El tema de la mafia estaba demasiado trillado, le decían. HBO sí vio potencial en el proyecto y creó Los Soprano, la historia de Tony y sus dos familias: la de sus compañeros de la cossa nostra y la de su mujer, Carmela, y sus dos hijos, Meadow y Anthony Junior.

HBO (Home Box Office) es un canal de televisión que basa su programación en filmes que ya salieron en el cine, peleas de boxeo y series de producción propia. Sus productos suelen ser extremadamente cuidados y pensados. Con series como Six Feet Under, The Wire o Los Soprano, el prestigio de HBO se hizo enorme. Es difícil pensar en que un gran director o actor de Hollywood llegara a rechazar una oferta para trabajar en algún proyecto (Martin Scorsese, por ejemplo, dirigió el año pasado Boardwalk Empire). El canal tiene el respeto de la crítica (Los Sopranos, por ejemplo, recibió 5 Globos de oro y ganó otros 78 premios) y el respaldo del público: cuenta con 30 millones de suscriptores en Estados Unidos.

Los Soprano es una serie ambiciosa. Su personaje principal, Tony, se preocupa porque sus subordinados recauden plata pero mucho más por el sentido de la vida. “Es todo una gran nada”, le comenta a su psicóloga, la doctora Melfi, en una de sus angustiantes sesiones. Carmela, su mujer, sabe que es hipócrita por su forma de vivir y sufre. Acepta que su marido la engañe. Luego recibirá un reloj de regalo de 10 mil dólares y sonreirá. Entiende que su marido corre el riesgo de ser asesinado en cualquier momento, pero no le pide que abandone el oficio. AJ, el hijo menor, vive deprimido. Siente al mundo inhabitable. Sufre por las guerras en Medio Oriente, pero no hace nada por detenerlas o solucionarlas. Casi todos los personajes tienen un pensamiento que va un poco más allá de la rutina diaria.

Las comunidades son fuertemente tratadas. Los italianos se sienten discriminados. También los grupos aborígenes, los latinos y los negros. Desconfían de los que no son iguales aunque su situación, la de ser un conjunto minoritario en un país enorme, no los agrupe.

La serie, de larga duración, (fueron seis temporadas, de 86 capítulos, desde 1999 al 2007) no pierde el ritmo ni la frescura en ningún momento. En realidad, mejora con el correr del tiempo. Relata la evolución de un abanico enorme de geniales personajes que giran en torno a Tony y el mundo de la mafia. Christopher Moltisanti, adicto al alcohol y las drogas, Paulie Galtieri, dispuesto a matar por un sándwich de jamón, y Corrado Soprano, antiguo jefe de la familia con arresto domiciliario, son algunas de las grandes caracterizaciones que enriquecen la serie.

Los recursos de filmación son otra de las grandes virtudes. La intención de cuidar los planos, de hacerlos extravagantes a la hora de mostrar un asesinato genera un plus. O no mostrarlo y enseñar sólo los ruidos. Sueños, el último capítulo de la temporada 2, remite a lo mejor del cine surrealista (quizás el mejor capítulo de la serie, hace pensar en el cine de Fellini, en 8 y medio, y Bergman, en Fresas salvajes. Pine bars, el capítulo 11 de la temporada 3, le puede pelear el oro). La virtud de ponerle música a las partes finales de los capítulos es incuestionable (el ritmo que tiene la última secuencia de la serie con el tema Don´t stop Believing, de Journey, es una obra maestra. También la canción que dio inicio a los capítulos, Woke up this morning, del grupo británico Alabama).

Con el correr de las temporadas, la historia se hace cada vez más oscura y traumática. Al espectador le costará entender porqué esos tipos que matan gente inocente por dinero, engañan a sus mujeres y mienten, resultan tan simpáticos y divertidos.

“Carm, me voy a trabajar”, dice Tony, antes de irse a Bada Bing, un cabaret, o a Satriale´s, una fiambrería, los dos ambientes que utiliza como oficina. Unos amigos visitan a AJ, el hijo de Tony, a su casa y le confiesan: “Pensamos que iba a ser una mansión llena de autos, como la de Don Corleone, en El Padrino”. En esta historia los mafiosos rompen con el paradigma de mafiosos. Matan, pero también lloran y sufren. Se preocupan por aspectos de la vida cotidiana que uno no relacionaría con ese ambiente. Quizás ésta sea la clave de Los Soprano. Cuando Tony no trabaja, es un tipo normal. Llega a su casa después de matar a alguien y protesta porque en la heladera no hay unos buenos cannolis.




There are 16 comments

Add yours
  1. ignacio gutierrez zaldivar

    me encanto la puntuacion de acciones de lucas, creo que lo que destaca la serie es tambien lo creible de la misma, sin golpes bajos y con acciones y dialogos muy buenos. No se porque en cada capitulo hay un director diferente???

    • Lucas Bertellotti

      Muchas gracias por los comentarios. Nacho, coincido con tu visión de la serie con respecto a la credibilidad y a las virtudes del guión. El tema del cambio de directores en cada capítulo es una costumbre para casi todas las series estadounidenses. Al ser el guión lo más importante, los directores pueden ir variando. Con esto, logran darle la oportunidad a directores jóvenes o el reconocimiento a los más experimentados (en Los Sopranos, varios capítulos fueron dirigidos por el gran Steve Buscemi). Juan José Campanella, por ejemplo, tuvo con este sistema la oportunidad de dirigir capítulos de las series Doctor House y La ley y el orden.

  2. maria

    Una nueva forma de ver alos hombres me encanta esta serie porque tiene muy buenos toques de realismo que encierra el mundo de los hombres y como era de esperarse se trasmite por un canal HBO Programacion que tiene un excelente contenido para todos los gustos que bien vale la pena ver.

    • Lucas Bertellotti

      María: Coincido con respecto a tu visión sobre HBO. Esos tipos realmente no le tienen miedo a nada, arriesgan todo con lo que creen que vale la pena. El resultado está a la vista. Gracias por el comentario, saludos.


Post a new comment