Neorrealismo italiano: historias que valen la pena contar

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En su primer día de trabajo, a Antonio Ricci le robaron la bicicleta mientras pegaba un afiche de Rita Hayworth. Después de varios meses desocupado, poco después de la Segunda Guerra Mundial, había conseguido un puesto como para pegar carteles en las cales de Roma. Su mujer, María, había vendido las únicas sábanas que le quedaban para conseguir la misma bicicleta que hace un tiempo habían tenido que empeñar. Tras el robo, nada será igual para Antonio. Esta secuencia, de Ladrones de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, puede ser quizás la más representativa del neorrealismo italiano, un movimiento que mostró la realidad misma, sin esconder nada.

Cuando Charles Chaplin decidió -con maestría- burlar y mostrar con humor a Hitler, en El gran dictador (1940), o Michael Curtiz propuso deslizar una historia de amor en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en Casablanca (1942), los directores italianos prefirieron ir al grano. Para ellos no hacía falta suavizar las cosas. Lo importante para ellos era lo que le pasaba a la gente de Italia, sufrida y golpeada por las guerras. El resultado fue una serie de grandes obras maestras de la historia del cine.

Vittorio De Sica es uno de los grandes directores de esta época. Umberto Domenico Ferrari, o Umberto D (1952), es uno de esos personajes que siempre quedarán en el recuerdo. Uno quisiera que Umberto D fuera nuestro abuelo, porque es viejo y nadie puede cuidar de él. Porque no tiene trabajo y sufre. Porque le da vergüenza pedir limosna. Porque es bueno. O Pasquale, personaje de El lustrabotas (1946), que gana dinero con los soldados estadounidenses y sueña con comprarse un caballo. O los Ladrones de bicicletas (1948), Antonio y Bruno, capaces de pelearse con un centenar de personas que viven en los barrios bajos de Roma. Todos ellos son, en realidad, personajes reales. Con nombres cambiados o leves variaciones, estas historias eran las que se vivían en las calles.

Roberto Rossellini es el otro gran nombre de este movimiento. Con su Trilogía de la guerra (una vez más, The Criterion Collection ofrece un DVD  alucinante) sacudió los cimientos del cine. Fueron tres películas con diferentes historias, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. El primero, Roma, ciudad abierta (1945), está considerada como el primer film del neorrealismo. Posa la mirada en el grupo de personas que fueron parte de la resistencia que luchó contra los nazis y estuvo en contra de su propio gobierno, el de Benito Mussolini. Al estrenarse tan cerca de los hechos reales (recién había terminado la guerra), este film conmocionó al mundo y fue prohibido (hasta en la Argentina de Perón fue censurado). Paisá (1946) muestra la llegada y permanencia de los soldados estadounidenses en Italia. La relación de los chicos italianos con los soldados es brillante, magistral. Los chicos corren a los estadounidenses y les venden cualquier tipo de productos. A veces, cuando los yankees se distraen, por borracheras o cansancio, les roban algún que otro elemento. Alemania, año cero (1948), cierra la trilogía desde la mirada de Edmund, un chico alemán que sufre las consecuencias de un país devastado. El director logra contar historias desde distintos ángulos  pero que llevan en común el ingenio para sobrevivir a adversidades grandes.

Las mujeres no son como las que mostró la nouvelle vague, movimiento francés de los 50´, coquetas y preparadas para deslumbrar con su ropa, maquillaje y cortes de pelo. Aquí,  no están exentas del maltrato general que se vive. Son mujeres que duermen en cuartos compartidos con sus familias, obligadas a afrontar situaciones poco deseadas. Como Gelsomina (cualquiera que haya visto actuar a Giulietta Masina no puede dejar de pensar que es la gran actriz italiana), el gran personaje de La strada (1954), de Federico Fellini, que debe abandonar a su pobre familia para irse de gira con Zampanó, un descarado que sólo piensa en ganar todo el dinero que pueda con sus mediocres trucos de circo. Ni siquiera Nadia (Annie Girardot) puede olvidarse de los problemas. Se preocupa por su belleza tanto como por conquistar a alguno de los Parondi, para vivir de su dinero, en Rocco y sus hermanos (1960), de Luchino Visconti.

De la vida de Lamberto Maggiorani se sabe poco. Era un obrero que estaba en huelga y decidió presentarse en el casting de Ladrones de bicicletas. Aunque luego participó en algunos otros filmes, como Mamma Roma, de Pasolini, o Mare matto, de Castellani, será recordado por su papel de Antonio Ricci, hombre desesperado por recuperar su bicicleta. Como él, muchos otros trabajadores (periodistas, obreros, chicos de la calle, etc) jugaron a ser actores, requeridos por los directores, que precisaban de esa sensibilidad y frescura para interpretar sus papeles.

Vale pensar en la teoría de que este movimiento nació simplemente por la falta de presupuesto de los directores para filmar. Ante las carencias, decidieron adaptarse como podían a esa situación. Con sencillez, el neorrealismo retrata al ciudadano común. Aunque después de este movimiento y con el país recuperado vendrían las superproducciones (Novecento (1976), de Bernardo Bertolucci , es el fiel ejemplo), el cine italiano mantendría la base de contar historias sociales, las formas de vivir durante la guerra, la prioridad de mostrar los trabajos, los oficios, las formas de divertirse de la gente y las costumbres. Sus historias son las que valen la pena contar.

En esta lista están los filmes que vimos junto a Joaquín Bilbao, de Nos vamos a Copacabana, y Fernando Massa, de Anecdotario Colectivo. Aunque el texto está centrado en el neorrealismo, en nuestro ciclo nos propusimos ver todo tipo de películas italianas, por eso decidí incluir todas sus calificaciones, aún las que no pertenecen al movimiento citado.

Título en español y director Crónicas de calle
Lucas Bertellotti
Nos vamos a CopacabanaJoaquín Bilbao Anecdotario colectivoFernando Massa

Obsesión (1943)

Luchino Visconti

 

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Roma, ciudad abierta (1945)

Roberto Rossellini

 

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Paisá (1946)

Roberto Rosselini

 

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Alemania, año cero (1947)

Roberto Rosselini

 

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El limpiabotas (1946)

Vittorio De Sica

 

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Ladrones de bicicletas (1948)

Vittorio De Sica

 

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Crónica de un amor (1950)

Michelangelo Antonioni

 

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Francisco, juglar de Dios
(1950)

Roberto Rossellini

 

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Milagro en Milán
(1950)

Vittorio De Sica

 

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Europa ’51
(1952)

Roberto Rosselini

 

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Umberto D (1952)

Vittorio De Sica

 

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Los inútiles (1953)

Federico Fellini

 

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La dama sin camelias (1953)

Michelangelo Antonioni

 

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La strada (1954)

Federico Fellini

 

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La noche blanca (1957)

Luchino Visconti

 

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Las noches de Cabiria (1957)

Federico Fellini

 

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La dolce vita (1960)

Federico Fellini

 

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Roco y sus hermanos (1960)

Luchino Visconti

 

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Mamma Roma (1962)

Pier Paolo Pasolini

 

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Ocho y medio (1963)

Federico Fellini

 

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Blow up (1966)

Michelangelo Antonioni

 

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El conformista (1970)

Bernardo Bertolucci

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Último tango en París (1972)

Bernardo Bertolucci

 

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Novecento (1976)

Bernardo Bertolucci

 

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There are 10 comments

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  1. Anonymous

    Sin dudas, uno de los movimientos más ricos de la historia del cine. Y uno de mis directores preferidos, Rossellini. Felicitaciones por el repaso del ciclo, una selección imprescindible para cinéfilos.

    Joaquín

  2. Carolina

    Me gustó tu relato. Después de haber llegado de Roma, parte de lo que se vio en las películas todavía se ve en las calles, pero mucho se perdió. Con la inmigración ,es bastante difícil encontrar un romano en Roma.


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