Treme: el jazz que sana las heridas (y la verdad de que el tiempo no cura todo)

treme burial

Antoine Batiste perdió su trombón el 25 de agosto del 2005. Tuvo que dejarlo en su casa, porque en el auto con el que huiría de la ciudad con su familia no había más lugar. Cuando regresó, ya no quedaba nada.

Seis meses después, vuelve a tocar el trombón -nuevo- a unos veinte metros de su casa. Es de noche y sus únicos oyentes son su mujer, que lo mira con el piyama puesto y desde la puerta que está abierta, y Koichi Toyama, un japonés fanático del jazz que viajó desde su país a Nueva Orleans para colaborar con los músicos de la ciudad que perdieron todo debido al huracán Katrina. La música representa un homenaje. Es el agradecimiento de Antoine por haberle comprado su amado instrumento (en realidad, el músico y el instrumento son uno solo). Koichi se emociona y disfruta del momento en el que uno de los músicos más prestigiosos de la ciudad le dedica un pequeño tema a él, mientras el taxi lo espera para irse a su lujoso hotel. Es el uso perfecto de la música como forma de comunicación directa. Para Antoine, es más fácil tocar su trombón que expresar en palabras el agradecimiento al japonés que le devolvió un pedazo de su cuerpo.

Tras la inolvidable The Wire, David Simon, con el guión de Eric Overmeyer, se viste otra vez de profeta del siglo XXI para crear Treme (cuatro temporadas, en 2010 y 2011, 2012 y 2013, con un final reducido de cinco capítulos), la historia de los ciudadanos de Nueva Orleans tras el huracán Katrina, una de las catástrofes naturales más grandes de la historia, que dejó como saldo la destrucción casi total de la ciudad y 1836 personas muertas.

La ciudad está devastada, también la gente. Muchos escaparon y aún no quieren o no pueden volver. Los que están, luchan contra un sistema colapsado, que permanece como si se hubiera levantado de una tremenda resaca de la que no se puede acordar nada del descontrol de la noche anterior. No hay luz, transportes públicos, escuelas ni hospitales. La reconstrucción es para algunos tan dolorosa como fue la destrucción. La policía, más alerta que nunca, se muestra represiva, violenta y corrupta. La inseguridad, en una ciudad tan desorganizada, es escalofriante. Como hizo en The Wire, Simon relata la historia a partir de varios personajes (la recomendación es no encariñarse demasiado con ellos porque el desalmado de Simon los puede quitar del camino en cualquier momento). Dos de las caraterizaciones más importantes pertenecen a actores que participaron en The Wire. Una es la de Antoine Batiste (Wendell Pierce, que hacía del entrañable Bunk Moreland, compañero de borracheras de Jimmy McNulty) y la otra es de Albert Lambreaux (Clarke Peters, que interpretaba al meticuloso investigador Lester Freamon), uno de los jefes indios más respetados, animador excluyente de cualquier carnaval.

Hay que tener cuidado antes de ver la serie, porque es muy probable que uno se enamore de Nueva Orleans, vaya a visitarla y no pretenda volver nunca más (como le pasa en la historia al holandés Sonny). Esta ciudad del sur de Estados Unidos destila cultura. Nada parece más divertido que ir a un Mardi Gras, el famoso carnaval previo al miércoles de ceniza, donde las bandas salen a desfilar a las calles (parades). Todos esperan por las mejores compañías, Zulu y Rex, y luego se aglomeran detrás de los músicos y forman la legendaria second line.

Davis Mc Alary (Steve Zahn), como muchos otros personajes, siente una verdadera unión con la ciudad. Vive para fumar marihuana, escuchar y producir música. Escribe algunas canciones en las paredes de su casa y difunde la cultura de Nueva Orleans a quien se atreva a escucharlo. Ama la ciudad en todos los detalles. Y la defiende. Critica a los políticos que no parecen querer activar la rueda de la reconstrucción (tras la tormenta, los barrios pobres fueron cerrados y no volvieron a abrir, mientras la gente que vivía ahí quedó desperdigada en otras ciudades de Estados Unidos). Crea la canción, Shame shame, contra el que en aquel momento era el presidente, George W. Bush. “Viniste a ver qué pasaba y saliste en la tele, pero en realidad no hiciste nada por nosotros. Vergüenza debería darte”, dice.

La música acompaña el camino de los personajes (se escuchan entre cinco y ocho canciones por capítulo y se ven varias actuaciones en vivo. Es una de las grandes virtudes y ganchos de la serie). La violinista Annie (Lucia Micarelli, música real que se dedicó por un tiempo a actuar, de manera brillante) y su amigo Harley representan el amor por ser artistas. Por ser felices con tocar su instrumento. Por disfrutar el recital de un colega en algún bar, mientras toman una cerveza. Por componer o entender las letras de otros. Por dejar una huella (bien vale la pena escuchar el tema After Mardi Gras).

Las tradiciones son importantes, y se respetan. Las bandas acompañan en los funerales y despiden con su música a los seres queridos. Los músicos se encargan de pasar su conocimiento y pasión a sus hijos. De a poco, y a medida que pasan los capítulos, se percibe el crecimiento y la recuperación de la ciudad y con ello, los negocios inmobiliarios y los turbios manejos de la política y el sistema legal. Pero la vida de los personajes ya no será la misma. Y aunque las cosas para algunos vayan poniéndose un poco mejor, los recuerdos quedarán marcados a fuego. Los ruidos y olores que dejó la tormenta. Los familiares y amigos que no regresaron a la ciudad, o los que murieron. Los cambios en la vida cotidiana de la gente. El miedo paralizante. Las heridas que sanan, pero con una cicatriz que permanece para siempre. Sólo queda el jazz, esa música tan querida que hace olvidar por momentos a la dura realidad.




There are 12 comments

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  1. Anonymous

    Que grande que es la música y todo el arte, que hasta en simultáneo con la dura realidad me sigue sugiriendo belleza y pasión…

    • Lucas Bertellotti

      Gracias por el comentario. Así es, la música en esta serie es una especie de escapatoria a una ola que les pasa por arriba. El relato de Antoine Batiste tocando el trombón al japonés me pareció de lo más emocionante que he visto. Saludos!

  2. Gonzalo Arias

    La musica y el baile dejan ver lo mas puro, lo sencillo, lo real. Me emociona y a la vez me da una sensacion de impotencia por no saber mas y mas. Por no estar cerca de esos artistas, poder verlos, sentirlos y aprender.
    Gracias por la nota y los links Lucas

    • Lucas Bertellotti

      Gracias por el comentario, Gonzalo. Coincido con tu descripción. En Treme, la música y la vida son una. Es espectacular. De lo mejor que vi en el año. Cuando quieras preparamos un viaje a Nueva Orleans. Saludos,

  3. Sofia Martínez

    Uno de los elementos que más podemos apreciar de esta serie es sin duda la música de esta serie es maravillosa. Sin temor diré que es una de las mejores series que David Simon y HBO han hecho de eso no tengo la menor duda. Desde la primera hasta Treme última temporada la música será por mucho el fuerte de esta serie. Uno de los elementos que más se disfruta cuando ves esta historia. A mí me encantó.


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