Como las películas con final cantado: la magia del cine se acaba

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Algunas historias son las mismas. Se cuentan con otros ritmos, actores y directores. Cambian los años y los espectadores, pero la esencia, lo que se quiere contar, es igual. Hay un principio que se parece demasiado. Un nudo que luce familiar. Un final que está cantado. “Los costos no dan”, fue el argumento del año pasado. Aquella vez, en agosto, cerró el videoclub Newfilm. “¿Qué consecuencias tendrá esto?”, me preguntaba en ese momento. La respuesta no tardó en llegar. El vacío que se generó nunca se volvió a llenar.  Simplemente, hay películas que no se consiguen. Pero había cosas aún más importantes: perdí el contacto con la gente que atendía, por ejemplo. Cada conversación era una clase, un debate, un aprendizaje. Cada tanto intercedía algún cliente, que se metía en la charla después de escuchar unos minutos lo que decíamos mientras bateaba algunos DVD´s y miraba de reojo nervioso, con ganas de aportar su opinión. Era un centro en el que se formaba una comunidad. Chica y de gustos poco masivos, es verdad, pero comunidad al fin.

“Los costos no dan”, es el argumento que se repite este año. Si la caída del Newfilm era de un caballo solitario y desgastado, la del Arteplex de Belgrano es la de un elefante, un enorme animal en extinción que algunos ni siquiera valoran y hasta lo cazan para colgar sus cabezas en una pared.

El cine Arteplex es un lugar al que le tengo aprecio. Allí tuve la suerte de ver enormes películas: las dos partes de La mejor juventud, La vida de los otros, Copia certificada, El árbol de la vida, Vincere, La pivellina, entre otros. Como en Newfim, había una especie de comunidad. Era un sitio basado en el cine mismo y no en todo lo que gira alrededor. “Somos un cine anti pochoclo”, me dijo hoy el programador de las salas, Alberto Kipnis, un viejo simpático y melancólico con enorme historia y prestigio en el ambiente. La frase me causó gracia. Y después, me hizo pensar: “¿Es preferible vender pochoclo y seguir vivo o no hacerlo y morir de pie?”. Por supuesto, la incorporación de la venta de pochoclos, merchandising y golosinas no hubiera cambiado la historia, pero es un símbolo de la lucha. Es una lucha que evidentemente tuvo errores, aunque a Kipnis le cueste reconocerlo. Es el final de la historia que en los primeros minutos de película (las décadas del 40, 50 y 60) parecía imposible de suponer. Con el transcurrir de la trama (los años 90, la llegada de Internet, la desaparición de grandes cineastas) llegaron los problemas. Y ahora es un final cantado: la lucha está perdida. Y parece dejar la enseñanza de que, en realidad, nadie ni nada puede morir de pie.

Aquí, dejo una conversación con Kipnis que creo que ayuda a entender algo más la situación. Y si no, será una buena oportunidad para aprender.

-¿Cómo tomó el cierre del Arteplex Belgrano?

-Y…lo tengo que tomar muy mal. No es negocio seguir haciendo cultura.

-Imagino que no daban los números para nada…

-El público vino, siempre vino. Pero no podemos compensar los gastos (de más de 100 mil pesos por mes solo para el alquiler de las salas). Los cines de arte en el mundo son subvencionados porque no son negocios en ninguna parte. Acá no tenés el complemento del pochoclo. Estos son cines anti pochoclo…se reduce a un público especial, que es cautivo.

-¿Cómo lo tomó la gente que solía ir? A mí me tocó… esta semana tuve que ver La separación al Showcase.

-Y…mal. Hasta gente llorando vi…preguntando por qué nos íbamos…

-¿Pidió ayuda?

-Sí, al Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y a la Secretaría de la Nación. Les habíamos preanunciado que esto podía ocurrir. Nos reunimos, pero nunca pudimos volver a contactarnos.

-¿Y entonces?

-Qué se yo. Yo fui nombrado Ciudadano ilustre de la ciudad, me dieron un premio Cóndor por mi trayectoria. Y esto…necesitábamos una subvención. Si no es imposible.

-¿Le encuentra una explicación al Bafici? ¿Por qué las funciones se llenan y después esas mismas películas en el circuito de los Arteplex no funcionan tan bien?

-El Bafici es un fenómeno muy especial que convoca gente joven. Yo me basé toda mi vida en gente joven pero ellos ahora no vienen al cine.

-¿Realiza alguna autocrítica?

-¿A qué te referís?

-A algo que piense que hayan hecho mal. La mala calidad de algunas proyecciones…

-Es que muchas películas las trajimos en DVD, porque de lo contrario no iban a llegar nunca. Muchas veces las copias eran malas, pero eso no era mi culpa, yo no podía hacer más que poner a funcionar el DVD. Ahora, por ejemplo, los distribuidores no saben qué hacer con ese material…

-¿Y si hace algo parecido al Malba, que pasa películas antiguas y cada tanto algún estreno?

-No sé… no comparto el criterio del Malba. Yo, por ejemplo, hacía ciclos de Bergman y durante un mes pasaba de la primera hasta la última película de su filmografía. Tenía 23 años…la otra vez, me preguntaron mi edad y les dije 101…qué se yo…así lo siento. Y así, como Bergman, se podía ver la obra de Truffaut, Antonioni. Lo del Malba es un cóctel, da una película de zombis como cualquier cosa. Yo me encargaba de hacer la ficha técnica y muchas otras cosas. Lograba que la estrella fuera el director y no los intérpretes.

-¿Y ahora? ¿Cómo sigue la cosa?

-Queda una ilusión. El cine es tan apasionante que siempre esperamos que salga el sol. Estamos en alto riesgo. En las salas del Centro y de Villa del Parque es lo mismo. Qué sé yo…podríamos probar con otras combinaciones. Tener una librería abajo, por ejemplo. Necesitamos apoyo, obviamente. Pero no sé, son oídos sordos…

(# Una nota sobre la situación, con declaraciones de Kipnis y el Ministro de Cultura de la Ciudad, Hernán Lombardi).

(# Otra mirada sobre el cierre del cine Arteplex, por Joaquín Bilbao).




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