Cuba, la isla del fuimos y del seremos (parte IV)

154

“La vida es siempre un acto infinito de desequilibrio. Esto lo sabe bien todo el que comprende, todo el que vive cabalmente: la vida es siempre un relincho en la frontera. Riesgoso de veras; pero así como ya hemos aprendido, sabemos, sí, que valentía y sabiduría siempre andan juntas. Y que, en todo acto de vivir hay una melodía coreográfica, un movimiento libre, un ritmo interior”.

Ernesto Canteli, Cuba.

Darío tiene 48 años y es licenciado en educación física. Vive en Trinidad, un pintoresco pueblo que vive principalmente del turismo. “¡Basta! Ya es la hora de que se vayan”, dice, con bronca. Pocas personas manifiestan su descontento con el régimen con tanta furia como él. Estuvo un par de años en Venezuela, enviado por el gobierno cubano para dar clases en un colegio. “Lo que quisiera es irme del país para poder enviar dinero aquí. ¿Qué tiene de malo eso? Al fin y al cabo, el dinero termina en Cuba y no en otro lado”, dice. Cuando llegó a Cuba tras dos años en Venezuela, le sacaron el pasaporte en el aeropuerto.

La gente parece combatir el hartazgo con ganas de vivir. Las ganas de vivir se transmiten por generaciones, por una forma de ser que disfruta lo que tiene como puede. Para muchos, alcanza con una botella de ron, amigos y familia para sentirse felices. Pero otros no se conforman. Los valores primarios de la Revolución, sanos y nobles (trabajo, educación y deporte), quedaron estancados. El país parece haberse detenido en 1960 sin ánimos de avanzar.

“Por lo menos somos cultos. Hasta las prostitutas son cultas”, dice Alberto mientras ríe y mira al piso, como si aceptara que su sentencia es una exageración. Es un librero de unos 60 años de Santiago de Cuba, la segunda ciudad más importante del país. En voz baja y mirando hacia afuera del local, dice, divertido y con tono irónico: “Yo aquí tengo un pichoncito de capitalismo. Este es mi negocio. Compro y vendo libros. Lo que gano me lo quedo todo yo. Al Estado solo le pago impuestos”. Cuando tenía 25 años fue a Mozambique a dar clases de historia, como parte de la ayuda internacional que brindaba (y aún brinda) el país. No se arrepiente. Ama a su país. Odia a su país. Su generación, de más de 50 años, creyó en la Revolución e hizo verdaderos sacrificios para ayudar a llevar adelante lo que creían (o creen) que era una causa justa y digna. Hay una frase que no puede olvidar y que todavía resuena en su cabeza cada tanto. Es de Raúl Castro, que a mediados de los 70 dijo: “De África no traeremos más que los cuerpos de nuestros muertos”.  Dice que se siente orgulloso de haber formado parte de esa lucha y no se arrepiente. Pero está angustiado. Lo que él había soñado para su país cuando decidió ir a Mozambique todavía no se cumplió. A esta altura, perdió las esperanzas.

Alberto recuerda cuando Los Beatles estaban censurados. “John, Paul, Ringo y George cantaban el idioma del enemigo”, dice, siempre en voz baja, sin ganas de que nadie más lo escuche. Señala uno de los tantos pósters que cuelgan de las paredes de su librería. Es una foto de los comienzos de la banda de Liverpool, cuando todavía lucían el pelo prolijo y se vestían iguales. “Cuando tenía que ir a una fiesta o a la casa de un amigo, agarraba el long play de Los Beatles y lo ponía en la caja de Silvio Rodríguez. Así, nadie me preguntaba nada”, dice. Lo recuerda con una mezcla de alegría y cierta indignación. Rememora sus tiempos de juventud. Piensa en la necedad de un país sin libertad. Es el país del fuimos. Sufre por las cosas que tuvo que vivir y por la incertidumbre de lo que pasará en el futuro. No está seguro de qué mundo le tocará vivir a sus nietos. No sabe cómo será el país del seremos.

En una plaza de La Habana cercana al famoso malecón, un grupo de jóvenes de entre 15 y 25 años juega al fútbol. Tienen camisetas de Messi y Cristiano Ronaldo que compraron en el mercado clandestino a unos 10 CUC (8 euros). Hace no más de diez años, a nadie se le ocurría jugar a otra cosa que no fuera la pelota, como le dicen al beisbol. Usan aros, tatuajes, escuchan regaetton y se interesan por saber quién será el próximo rival del Real Madrid o el Barcelona en la Liga de España o la Champions League. Miran las zapatillas deportivas de los turistas como el mejor tesoro que podrían tener. A la noche, cuando salen, les gusta vestirse bien y sentir que están a la moda. Algunos son profesionales y otros estudiantes. Muchos son desocupados, viven de lo que les da el Estado o de alguna changa. Le venden habanos falsos o ron a los turistas. No suelen hablar de política ni de Fidel Castro. Es como si vivieran en una burbuja. “¿Cómo se vive en su país? ¿Qué piensan en su país de Cuba? ¿Cuánto se gana en promedio en su país?”, son típicas preguntas de los jóvenes a los turistas, sean del país que sean. Quieren compararse, saber qué otras posibilidades existen. Salir. Pinchar la burbuja y avanzar. Su mundo, a veces, es demasiado chico. Parecen estar a mitad de camino entre el país del fuimos y del seremos. Son protagonistas de una especie de transición. No son iguales a las generaciones mayores ni parecen listos para dar el salto. Se mantienen en el trampolín, expectantes, mientras miran hacia abajo, analizan la profundidad del agua a la que podrían tirarse, calculan la velocidad con la que podrían caer, le preguntan a los que están abajo si es seguro. Por ahora, permanecen en el trampolín, con pocas certezas de lo que harán.

En el libro Diálogo de Civilizaciones se transcribe una conferencia completa de Fidel Castro en La Habana, en el 2007, en una reunión entre varios países que tenía como objetivo discutir algunas cuestiones del presente y futuro del mundo. Son 90 páginas en las que Fidel habla de Cuba, la educación, la energía, el futuro del hombre, el dólar, la moneda nacional, el petróleo, las ayudas internacionales y muchas otras cosas más. Es un teórico brillante. Cada explicación lo acompaña y relaciona con un período de la historia: los mayas, los aztecas, Napoleón, la Revolución estadounidense, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, etc. Al final, Castro comenta que está dispuesto a responder preguntas de los asistentes. Tras cuatro o cinco consultas previsibles, habla un delegado ruso: “Señor Fidel Castro, yo tengo dos cuestiones que preguntarle. La primera es: ¿qué piensa sobre la ocupación de Estados Unidos en Irak? Y la segunda, ya que usted habló varias veces en la conferencia de errores cometidos, si pudiera decir en qué falló desde que está al frente del país”. Rápidamente, Fidel dice: “Mi gran error fue venir aquí a contestar sus preguntas”. Según la transcripción del libro, todos rieron. Inmediatamente, Castro respondió la primera pregunta con otro extenso discurso lleno de referencias históricas, argumentos sólidos contra la guerra de Irak y una lucidez única. Tras unas diez o quince páginas de contestación, termina: “Ha sido un gran gusto para mí participar de este verdadero diálogo de civilizaciones. Gracias”. La pregunta sobre las cosas que había hecho mal nunca la contestó. Ni al delegado ruso ni a nadie que estaba en la conferencia se les ocurrió decir algo. Todos aplaudieron.




There are 5 comments

Add yours
  1. Germán Álvarez Mendiola

    Estimado Lucas:

    Lei con gran disfrute tus crónicas sobre Cuba. Llegué a ellas porque estaba buscando referencias de Ernesto Canteli, un amigo entrañable que conocí hace cerca de 35 años. Me dio mucha alegría ver textos suyo como epígrafes de los tuyos.

    En 2004 tuve la suerte de volver a encontrar lo, tras una expedición a Guanabacoa en un taxi rojo, creo que era un Lada, destinado a los no-turistas. En fin, no estaba en la vieja dirección que yo tenía desde 1978 pero me dieron sus referencias y pude llegar a su casa. Ahi me indicaron que debía buscarlo en El Morro, donde trabajaba (o trabaja, no lo sé) con chicos en un proyecto de teatro experimetal de barrio. Tampoco lo encontré. Al día siguiente, muy temprano, se apareció en el hotel donde me hospedaba y retomamos la amistad más o menos en el punto donde se había quedado 25 años atrás.

    Ahora necesito volver a contactar a Erenesto pero los teléfonos que en 2004 me dio ya no operan o no lo conocen y el correo electrónico que tenía nomás no funciona. Me pregunto si podrías darme alguna referencia actualizada pues en breve mi hijo viajará a La Habana y, además de que lo conozca, quiero enviarle algunos pequeños presentes que le serán de gran utilidad.

    Espero contar con tu apoyo y, de antemano, muchas gracias.

    Germán Álvarez Mendiola

    • Lucas Bertellotti

      Germán: Muchas gracias por el comentario, lo valoro. Ernesto es una gran persona, estuvo conmigo durante todo el viaje en La Habana, fue una compañía inestimable. Por correo le mando la información que tengo al respecto. Saludos.


Post a new comment