Billy Wilder: el arrogante director de películas

wilder-lemmon

“No tengo tiempo para considerarme un inmortal del arte. Hago películas sólo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo”

Billy Wilder fue uno de los grandes directores de la historia de Hollywood gracias a Hitler. Nació en Austria pero de joven se mudó a Berlín. Allí fue periodista deportivo y de policiales. Le gustaba escribir crónicas, historias. Una de las que más le gustó fue un artículo sobre gigolos. Para entender de qué se trataba la cosa, decidió ser gigoló un par de semanas. Así era. Dedicado, obsesivo, detallista. Tras la llegada de Hitler al poder, fue inteligente como para entender que un judío como él no tenía mucho para hacer en esa Alemania y partió a París. Poco tiempo después, en 1934, llegó a Hollywood con un actor amigo, el gran Peter Lorre.

En Estados Unidos estuvo sin trabajo y pasó hambre algunos meses. Él no se preocupó demasiado: su gran objetivo era aprender el inglés a la perfección. Escuchó la radio, salió con mujeres con el primordial objetivo (no el único) de hablar todo el tiempo y estudió. Fue guionista. No le tomó mucho tiempo para demostrar que era distinto.

“Me gustaba irritar a todos. Yo quería estar en el medio de los capitalistas y los comunistas y que ambos desearan dispararme”, dijo Wilder cuando ya era viejo y su obra representaba una de las más prolíficas de Hollywood. Era un desfachatado, se ilusionaba siempre con hacer cosas distintas. También un valiente, no tenía miedo a pegar duro con sus mensajes. Cuando se lo pudo permitir económicamente, escapó de los estudios y se convirtió en un director-empresa. Pocas veces le fue mal.

Sólo Alfred Hitchcock y algún otro director más tuvo tanta versatilidad: hizo películas dramáticas, de suspenso y comedias. “Sólo me faltaron los western”, dijo. Entendía a los actores. Supo exprimirlos y hacerlos lucir como pocos. “Billy fue un gigante. Arrogante también, porque sabía que era bueno”, dijo Kirk Douglas. Él pareció estar siempre un paso adelante de todos. Mantuvo una filmografía, larga y variada, de un nivel altísimo. Es prácticamente imposible sentirse defraudado con una obra suya. “Sólo quiero ser conocido como un cínico, nada más. Yo no hago cine, hago películas”, dijo. Siempre le escapó a la idea de cine arte y fue muy duro con otros directores (Bergman, Godard, Antonioni) que, según él, no priorizaron el sentido básico a la hora de hacer una película: entretener. Douglas tenía razón. Era bastante arrogante. Único, también.

-Perdición (1944). Film noir puro. Un crimen, una enorme frontera entre buenos y malos difícil de reconocer y un antihéroe extraordinario como Walter Neff, un empleado de una empresa de seguros que se cansa de su rutina diaria y decide, por primera vez, estafar a su visionario jefe. Una mujer traicionera y un final trágico. Una mirada ilusionadamente pesimista de la sociedad estadounidense, como casi siempre en Wilder. El film nace de un libro de James Cain y tuvo como guionistas al propio Wilder y a Raymond Chandler, uno de los grandes escritores de novelas policiales (la relación entre director y autor no fue para nada buena. Los egos chocaron demasiado).

-El fin de semana perdido (1945). Crónica de un borracho, relato de una adicción. Intensa y cruel, aunque con un final al estilo de Wilder. Extraordinaria actuación de Ray Milland, un adicto que sólo puede pensar en tomar alcohol, mientras se frustra por una novela que nunca llega por falta de inspiración. Una verdadera historia de amor incondicional. Entrañable.

lostweekendos

-Sunset Boulevard (1950). Una obra maestra que comienza con uno de los mejores principios de la historia del cine: el final. Una carcajada a los clichés de Hollywood. De hecho, es una de las primeras veces que Hollywood se mira a sí mismo. La historia relata el estado de una estrella que hace tiempo dejó de brillar y vive recluida en su casa. Su relación amorosa con un guionista sediento de éxito. Billy Wilder le da un verdadero cachetazo a las chicas bonitas, las sonrisas y los finales felices a los que estaba acostumbrado la industria.

-El gran carnaval (1951). Wilder no tenía demasiados problemas en denunciar ni exponer realidades que muchos pueden ignorar por falta de información o ingenuidad. En El gran carnaval, parece mandar un mensaje muy específico: “Estimados espectadores, quisiera anunciarles que el periodismo miente. Miente como vos y yo. Miente como todos”. Junto a Un rostro en la multitud, de Elia Kazan, fueron dos verdaderas joyas que exhibieron todo lo que los medios son capaces de hacer. Tremenda actuación de Kirk Douglas, que interpreta el papel de Chuck Tatum, un periodista mentiroso.

-Sabrina (1954). Una película light, simpática, agradable de ver. Difícil no enamorarse de Sabrina (interpretada por la inigualable Audrey Hepburn), la soñadora “sirvienta” que viaja a París y vuelve para encontrar al amor de su vida. Un Humprhey Bogart veterano que rompe un poco con el estereotipo de muchos de sus personajes (en la filmación, Bogart y Wilder tuvieron poco feeling. El director, que hasta declaró que el actor había tenido problemas con la interpretación, había pedido a Cary Grant para ese papel).

-Testigo de cargo (1957). Junto a Doce hombres en pugna, de Sidney Lumet, debe ser uno de los grandes símbolos en lo que tiene que ver con los jurados, abogados y el intento de resolución de un crimen. Basada en una novela de Agatha Christie, Wilder logra transferir su magia a la pantalla grande. Una historia que pone en tela de juicio (valga la redundancia) al sistema judicial. Un abogado zorro y con enorme experiencia defiende a un acusado que parece estar un paso adelante de todos. ¿O no? Un film atractivo pero que no parece haber resistido el tiempo de la mejor manera. Es evidente que para la época pudo haber sido revolucionario pero, a esta altura y con tantas historias similares, el efecto no es el mismo.

still-of-tyrone-power-and-charles-laughton-in-martorul-acuzarii

-Con faldas y a lo loco (1959). Estimados comediantes o directores que intentan hacer reír: Billy Wilder da una lección gratis en esta película. Una historia sencilla pero fresca, bien contada y efectiva. Cuenta con actuaciones de verdaderas leyendas que son difíciles de olvidar: Jack Lemmon (ay, Sugar, qué entrañable personaje) y Marilyn Monroe (no luce bella ni elegante pero sí caliente en cada uno de sus movimientos). Cuenta el director que tuvieron que repetir una escena en la que sólo tenía que decir “¿Dónde está el bourbon?” más de 40 veces. “Monroe tenía problemas con Monroe”, dijo Wilder.

-El apartamento (1960). La gran obra junto a Sunset Boulevard. Ambiciosa y crítica pero simple a la vez. Entrañable. Jack Lemmon interpreta al esclavizado y siempre obediente oficinista C.C. Baxter, un personaje difícil de olvidar. Billy Wilder filma práctico, directo y contundente. Su estética es agradable y llena de detalles extraordinarios. Un argumento moderno, ácido y desafiante para la época, lejos de las ataduras. Perfecta mezcla entre la comedia, sutil, y el drama (¿habrá aprendido algo de la comedia italiana de Mario Monicelli, por ejemplo?). El hombre gris que, de una vez por todas, se cansa de los pisotones de sus superiores y deja de sentirse solo en una isla de un millón de personas. Una película repleta de buenos momentos.

-Primera plana (1974). Una de las duplas más divertidas se junta para entregar otra comedia a la que no le faltan mensajes ni sentimientos. Jack Lemmon y Walter Mattahu son pura química. Otra vez, Wilder se mete con el tema del periodismo (la película es una adaptación a una obra de teatro y ya tenía una versión de cine, de 1931). Al concepto de que se trata de una herramienta de comunicación mentirosa le agrega algunos otros detalles divertidos (cómo los periodistas se roban, esconden y comparten información unos a otros, por ejemplo). Una frase del editor Walter Burns (Matthau) quedó entre las grandes: “Nuestro nombre (The Chicago Examiner, diario en el que trabajaban) tiene que estar en el primer párrafo. ¡El primer párrafo! ¿A quién se le va a ocurrir leer el segundo?”.




There are 4 comments

Add yours
  1. plared

    Principalmente conocido por sus comedias de acción desenfrenada y ritmo sin pausa. Aunque para mi su mejor película esta dentro del noir de siempre. Perdición. SAludos


Post a new comment