Cine inacabable: las mejores películas que vi en 2012

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Como en la literatura, el cine tiene el gran poder seductor de ser inacabable. El amante de las películas nunca se va a conformar porque siempre existirá una enorme cantidad de filmes pendientes. En el intento de ver la mayor cantidad posible, fue fundamental mi participación como columnista semanal en los programas de radio Estudio Pino, de Estudio Playa, y Dejala fluir, de Simphony. En cada una de mis salidas intenté relacionar algún estreno con un género o movimiento determinado.

La presión ayuda a ser mejor en este tipo de cosas. Es saludable, creo, plantearse metas para recorrer los espacios vacíos. Así lo hice yo durante todo el año. Mi obligación fue hablar sólo sobre películas que haya visto. Fueron un poco más de 100 los filmes que pude ver en 2012 (muchos menos de los que quisiera), casi siempre atados a un tema determinado que luego presentaría. Esta es la selección de las mejores.

-Nanuk, el esquimal (1922), Robert Flaherty. Aunque el documental pierde algo de fuerza por no ser del todo espontáneo (el director confesó que muchas de las secuencias fueron preparadas) la historia de Nanuk y su familia tiene una vitalidad extraordinaria. Se trata de un personaje entrañable y demasiado fácil de tomarle cariño. Entretiene, a partir de un ritmo muy bien llevado. Imágenes espectaculares de una vida demasiado lejana que por un rato se hace cotidiana. Un post sobre documentales: el atractivo de la subjetividad. 

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-El acorazado Potemkin (1925), Sergei Eisenstein. Una película que vale por todos sus atributos: su valor en la historia del cine, contexto histórico-social, manera de filmar, etc. Pero, más allá de todas estas cuestiones, hay una secuencia que resulta imposible borrar. Es desgarradora e impacta: los huelguistas que bajan las escaleras mientras son masacrados.

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-Cantando bajo la lluvia (1952), Stanley Donen, Gene Kelly. ¡Qué fácil enamorarse de las canciones, los bailes y las historias de este gran musical! Tiene una frescura única que hoy, con otro tipo de tecnologías y recursos  casi no se ve. El secreto, parece, está en el talento y el carisma: Gene Kelly, Donald O´Connor y Debbie Reynolds son verdaderos maestros del baile que hacen que por primera vez (por lo menos para mí) el zapateo, la sonrisa constante y la ropa algo ridícula no resulten detalles bobos.

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-El apartamento (1960), Billy Wilder. El gran maestro tiene un post dedicado. ¿Existirá algún otro director que mantenga la calidad en cada una de sus películas? Este muchacho puso la vara demasiado alta.

-Camaradas, Mario Monicelli (1963). Una historia de lucha social contada de manera brillante. Unos trabajadores de fábrica dormidos y explotados que cambian de actitud con la llegada de un profesor (Marcello Mastroianni) que los induce a pensar las cosas de otra manera. Cruda. En este relato (¡qué extraordinario es el cine italiano en este aspecto!) no ganan los buenos. Gana la realidad.

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-Crónica de un niño solo, Leonardo Favio (1965).  La mejor película del director argentino. Una cruda historia de un pibe más de los tantos que la pasan mal en un contexto social complejo y con poca gente para ayudar. La secuencia final, similar a la de Antoine Doinel en Los 400 golpes, cuando Piolín mira a la cámara, es contundente y bien lograda. Sacude al espectador. Un nocaut perfectamente logrado.

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-El planeta de los simios (1968), Franklin Schaffner. El gran símbolo de la ciencia ficción. Una película demasiado revolucionaria para su época, no sólo por el argumento sino también por el gran cuidado en el detalle y la manera de filmar (prestar atención a los primeros diez minutos). Por su trascendencia, luego tuvo todo tipo de continuaciones y precuelas (aparentemente, esta es la mejor de todas las otras versiones). Una parodia al hombre muy bien sostenida con un final histórico e inigualable.

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-Butch Cassidy y Sundance Kid (1969), George Roy Hill. Dos de los más grandes antihéroes de la historia del cine. Genial historia que se aleja de los parámetros hollywodenses. Entretenimiento asegurado (y con enorme calidad). El golpe, un film con el mismo director y dupla de esta película, es otro film para no perderse.

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-Amarcord (1973), Federico Fellini. Otro director que este año tuvo un humilde homenaje en Crónicas de calle. Un gran mentiroso contador historias.

-El resplandor (1980), Stanley Kubrick. Una clase de cómo contar una historia con la mezcla perfecta entre dramatismo (con excelente contexto de la historia de los personajes), suspenso (música que aparece en el momento justo, cámara que se mantiene en un plano, etc) y terror (la actuación de Jack Nicholson es fundamental en este aspecto). Un clásico que tiene más que bien ganado su prestigio.

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-Porco Rosso (1992), Hayao Miyazaki. No podía faltar el gran maestro japonés del cine de animación.

-Underground (1995), Emir Kusturica. Así como Bertolucci se planteaba contar la historia de Italia en el siglo XX con Novecento, el serbio se propone el mismo ambicioso objetivo con la Yugoslavia comunista. Le sobran condimentos a esta película para considerarla una obra maestra. Un guión perfecto que recorre los duros años de la guerra y expone, una vez más, al hombre y algunas de sus condiciones esenciales: corrupción, miedo y ambición.

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-La ciénaga (2001), Lucrecia Martel. La directora argentina da una clase de cómo filmar lindo pero espeso al mismo tiempo. El espectador podría sentir el calor de Salta aunque viera el film en pleno invierno. Las sensaciones son todo en esta película: desde los tragos de alcohol de Mecha (Graciela Borges) hasta las miradas de los adolescentes que están en la casa (y la tensión sexual permanente, por supuesto). Y los silencios. Los silencios son todo en esta película.Cienaga

-Once (2006), John Carney. La historia de amor que no fue. La música que ocupa los vacíos. Espacios en blanco que quedan de una vida que no es de fantasía. La guitarra como compañera fiel que nunca abandona. La calidez en la voz del protagonista (Glen Hansard) es abrumadora. Un final feliz de un relato de amor que no termina en el altar. Una sorpresa. Verdadera joya del cine contemporáneo.

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Menciones especiales: El hombre de la cámara (1929), Dziga Vertov; Noche y niebla (1955), Alain Resnais; North by northwest (1959), Alfred Hitchcock; Tiempo de revancha (1981), Adolfo Aristarain; La historia oficial (1985), Luis Puenzo; Dead man (1995), Jim Jarmusch;  Doce monos (1995), Terry Gilliam; Secretos y mentiras (1996), Ken Loach.




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