Francois Truffaut, el amante

tru-lea

“Hacer una película es mejorar la vida, arreglarla a nuestro modo”

Cuando no tenía plata, se metía por alguna de las ventanas de los baños. También se las ingeniaba para entrar por la salida de emergencia. Su abuela había muerto cuando tenía ocho años y sus padres no le prestaban demasiada atención. Escapaba de la escuela y vagaba por las calles de París. Francois Truffaut casi siempre terminaba en el mismo lugar: el cine.

Devorador de películas. Discutidor y polemista estrella en los clubes de cine. Furibundo y despiadado crítico en Cahiers Du Cinema. Director revolucionario. Sabio. Difusor de conocimiento. Alumno. Pero, sobre todas las cosas, amante. Pocas personas deben haber querido al cine tanto como este director francés, uno de los precursores de la Nouvelle vague (nueva ola). Se percibe en cada uno de sus textos. Se siente en sus declaraciones. Se entiende en sus películas.

Su universidad era la calle y sus grandes maestros, Alfred Hitchcock (a quien lo entrevistó para luego publicar un libro, “El cine según Hitchcock”) y Jean Renoir (confesó que vio Las reglas del juego y La carroza de oro por lo menos 15 veces. “Renoir es infalible. Nunca se equivocó”, dijo). Su primer encuentro con la ley fue cuando robó una máquina de escribir para solventar un cineclub que se proponía crear. De alguna manera, el cine lo salvó. Su vida estaba destinada a la marginalidad. Él también salvó al cine.

Directo. Sincero. Frontal. Abrazado a la vida cultural, social y política. Bañado en la vida misma. La forma de filmar de Truffaut, junto a la de Alain Resnais, Eric Rohmer, Jean Pierre Melville y Jean Luc Godard, trajo un aire renovador a un cine que empezaba a ser demasiado esquemático. Las reglas del juego, esa película que tanto admiró, se cambiaron para siempre.

Antes de hacer una breve reseña de parte de su filmografía, un extraordinario video del festival de Cannes de 1968. Truffaut y Godard interrumpieron la proyección de una película como forma de huelga. Junto a Roman Polanski, Resnais y varios más decidieron boicotear el evento en señal de solidaridad con los estudiantes y obreros detenidos durante el Mayo francés. Poco después de lograr el objetivo, Godard quiso continuar con las intervenciones en los festivales (pretendió boicotear el de Avignon) pero Truffaut se negó. Le contestó que ya no le interesaba ponerse del lado de los hijos de la burguesía (los estudiantes radicalizados) contra los hijos del proletariado (la policía). La relación se rompió y comenzó una de las rivalidades más famosas del cine. Con los años, se bastardearon a través de cartas.

“Todo lo que se halla en los dominios de las emociones reclama lo absoluto. Un niño quiere a su madre toda la vida, los amantes quieren amarse para siempre, todo en nosotros reclama lo permanente, a pesar de que la vida nos enseña lo provisional. Me pregunto si en la vida hay algo más decisivo que el momento en el que empezamos a pensar que nuestros hijos son más importantes que nuestros padres”

-Les mistons (Los mocosos, 1957). Encantador corto de 18 minutos. Los mocosos es un paso anterior a la gran obra maestra de Truffaut. Le sirve para comenzar a entablar una relación para dirigir a los chicos, para entenderlos y guiarlos. Estaba impresionado por Alemania año cero, de Roberto Rosellini (una de las grandes joyas del neorrealismo italiano). “Le sobró talento para mostrar a los chicos en el cine”, dijo Truffaut. Pícara, desfachatada y divertida, la historia sigue a un grupo de chicos franceses obsesionados por una joven que no les presta demasiada atención.

Truffaut-Les-Mistons-1956

-Les cuatre cents coups (Los 400 golpes, 1959). Antoine Doinel, uno de los grandes personajes de la historia del cine. Jean Pierre Leaud, quien lo interpreta, Francois Truffaut y Antoine Doinel son, de alguna manera, una persona. Actor, director y personaje, incomprendidos por la sociedad, faltos de cariño familiar, amigos del cine y la creatividad, hombres o chicos de calle, queribles. Los 400 golpes son los que recibe Antoine a lo largo del film, a causa de sus padres disfuncionales, un colegio que no lo contiene y una sociedad, poco tiempo después de la guerra, que no le presta atención. Todo lo que ocurre en el film es real, según contó Truffaut. Las cosas le pasaron a él mismo, a Leaud o a alguno de sus amigos. Enamoran las calles sucias y desorganizadas de París. Atraen las corridas de Antoine por la ciudad y las picardías de sus amigos. Cualquiera que la vea comprobará que tiene un poco de Antoine. Y podrá sentirse un poco más vivo. Ganadora del Oscar a mejor film de habla no inglesa.

doinel

-Tirez sur le pianiste (Tirar sobre el pianista, 1960). Inolvidable. Charlie Kohler (Charles Aznavour, brillante) toca el piano en un bar bastante poco pretencioso. Lena, la mesera, está enamorada de él. Él no parece prestarle mucha atención. La historia toma un giro policial cuando se descubre que la identidad del pianista no es la que todos pensaban. Extraordinariamente bien filmada y con una banda de sonido especialmente sensible y eficaz. Brillante.

tirez sur le pianiste 1

-Antoine et Colette (Antoine y Colette, 1962). Una historia de amor. La segunda parte de la que terminó siendo una de las mejores sagas del cine: la de las aventuras de Antoine Doinel (a propósito, hay un pack de The Criterion Collection que simplemente es fantástico, una verdadera reliquia). Antoine es un adolescente enamorado. Su problema es que a él lo quieren más los padres de Colette que la chica misma. Un corto atractivo, filmado con sutileza y prometedor: el personaje de Antoine comienza a mostrar algunas características de su personalidad adolescente luego de una infancia conflictiva.

colette

-Jules et Jim (Jules y Jim, 1962). Una mujer impulsiva, hermosa y libre. Dos hombres escritores. Un austríaco, Jules, y un francés, Jim. El paso del tiempo y las heridas que quedan, también las que sanan. Repleta de pequeños momentos brillantes. La guerra que se cruza en el medio. Una historia de amor no del todo convencional con un final inesperado y trágico. Una pregunta que queda flotando: ¿la amistad es más fuerte que el amor romántico?

jules-et-jim

-Baisers volés (Besos robados, 1968). Antoine Doinel creció. El comienzo de la historia lo presenta como un soldado a punto de dejar el ejército. Parece enamorado de una chica que conocía de antes. Consigue trabajo. Primero, como vigilante nocturno. Después, como detective privado. Se perciben los tiempos que corren para la fecha de la película, en pleno Mayo francés. Antoine es un alma libre, que se deja llevar y rompe con algunas estructuras. No le interesa demasiado construir una carrera o mostrarse serio y establecido. Un pequeño desencanto: ya no es el pícaro adolescente que hacía reír y llorar a la vez. Ese tiempo pasó. Ahora es el turno de un adulto confundido, por momentos un poco bobo.

Antoine_Doinel

-La sirène du Mississipi (La sirena del Mississipi, 1969). Una de las más flojas de la filmografía de Truffaut. Le falta un poco de chispa, no establece casi ningún tipo de cercanía con el espectador. La historia es el relato de una obsesión de un hombre (Jean Paul Belmondo, viril y recio) ante una mujer (Catherine Deneuve, hermosa, de una belleza extremadamente atractiva) que, pese a sus traiciones y mentiras, la hipnotiza. Algo densa. Tiene algunos diálogos brillantes por los que vale la pena, pero no mucho más.

belmondo

-Domicile conjugal (Domicilio conyugal, 1970). Antoine tiene 26, trabaja como vendedor de flores, está casado y su mujer, embarazada. Es infiel en un extraño encuentro con una japonesa que no luce muy atractiva. Se pelea. Se junta otra vez. El gran problema de Antoine es que los golpes que recibió de chico dejaron secuelas, como a los boxeadores. No puede adaptarse a un trabajo ni a una vida rutinaria. Aún no parece haber podido enderezar el camino que estuvo tan torcido durante su infancia.

domicile-conjugal-1970-07-g

-La nuit américaine (La noche americana, 1973). Homenaje de Truffaut al cine. Por momentos, parece bastante parecido a 8 y 1/2, de Fellini, aunque con un toque más simple y mucho menos surrealista. Es una especie de crónica que describe cómo se hace una película. Bien podría funcionar como legado. Así se trabaja con los actores, de esta manera se piensa una escena, esta es la forma de solucionar tal problema. Es un regalo (por momentos algo aburrido y monótono, por cierto). Del gran amante a su gran amor. El film ganó el Oscar a mejor película de habla no inglesa.

Day for Night (La Nuit americaine)

-L’amour en fuite” (El amor en fuga, 1979). Antoine está viejo y separado. Se reencuentra con Colette, su viejo amor de la adolescencia, pero entiende que las cosas ya no son iguales. Extraordinario fin de la saga. Desencantador, también. Repleto de flashbacks que llenan la historia de buenos recuerdos. El espectador podrá hacer un análisis final de Antoine, reconocer todas sus virtudes y falencias. Cuando a Truffaut le preguntaron por la posibilidad de extender  la historia, contestó: “Eso no va a pasar. Hay algo de este personaje que se rehusa a crecer”. Nostalgia pura.

amour-en-fuite-1979-09-g

-Le dernier métro (El último metro, 1980). La vida cotidiana durante la ocupación de los Nazis en Francia. Una crónica sobre cómo era la vida en esos días. El foco de la historia se pone en uno de los teatros más prestigiosos. Marion Steiner (Catherine Denueve), casada con Lucas Steiner (Heinz Bennet), mantiene el lugar como puede mientras prepara una nueva obra de la que depende que sea exitosa para subsistir. Su marido, judío, debe permanecer en el subsuelo del teatro (Underground, de Kusturica, parece haber utilizado algunas cositas de acá). Sensible. Real. Con algunas buenas actuaciones, aunque por momentos el foco parece difuso y es ahí cuando la historia pierde fuerza.

lastmetro

Ganas de más

Murió demasiado joven, por un tumor cerebral. Aunque era evidente que sus últimos filmes no fueron los más lúcidos, quedará el remordimiento por no contar con más. Todavía le quedaba cuerda. Mucha. Su manera de funcionar, de vivir, era detrás de una cámara. En París, sus restos descansan en el cementerio de Montmartre. Es un lugar frío y bastante descuidado. Muchas de las tumbas están arrasadas por el musgo que avanzó y conquistó el mármol. Muchos muertos quedaron en el olvido. Pero no él. Su lugar está intacto y brilla. Siempre tiene alguna flor encima, como tributo. Puede leerse su nombre y sus fechas de nacimiento y muerte. Dicen que todos los que pasan por ahí siempre dicen lo mismo: “¡Qué lástima, era tan joven!”. Tenía 52 años. Quedaron ganas de más.

tumbatruffaut

“Nuestra mejor película será, quizás, aquella en la que logremos expresar al mismo tiempo, voluntariamente o no, nuestras ideas sobre la vida y sobre el cine”




There is 1 comment

Add yours

Post a new comment