Gladiador (parte I)

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El hombro no me responde. Fue hace tres o cuatro combates, ya no recuerdo. Caí al piso y no pude usar los brazos para amortiguar. Aterricé justo de costado. Ahí lo escuché. Como si algo se despedazara. Con Diocles teníamos todos los movimientos estudiados. Pero algo falló. Queríamos dar un buen espectáculo pero no morir. Sabíamos todo lo que debíamos hacer para que nadie sospechara. Yo gané. Él perdió. Recibí algunos aplausos, pero no una gran ovación. Todo salió bien. Salvo mi lesión. Ya no puedo mover el brazo.

Mi papá era un borracho. Solía tomar tanto vino que no recuerdo haberle visto alguna vez los dientes blancos. Le pegaba a mi madre. Se endeudaba constantemente con apuestas y prostitutas. Cuando cumplí diez años, mi hermano, Domiciano, que en ese momento tenía ocho, me hizo prometer que lo sacaría de nuestras vidas. Pero no hizo falta. A los pocos días, apareció muerto a pocas cuadras de casa. Estaba demasiado ebrio y quiso cortejar a la mujer de un soldado, que esa noche había regresado de la guerra. Murió degollado. Nuestra mamá lo lloró un mes entero y nunca volvió a estar con otro hombre. Nunca lo entendimos.

Fui yo el que trabajó para mantener a la familia. Hablé con Gregorio, antiguo empleador de mi padre. Gregorio era un gran empresario. Tenía varios negocios. Era un hombre poderoso. Me dijo que todas las personas necesitaban una oportunidad, incluso el hijo de un tonto borracho. Decidió cederme uno de los carros de fruta y verduras. Yo hacía bien el trabajo. Era rápido, honesto y al poco tiempo ya conocía a las mujeres de casi todas las casas de la zona que me tocaba cubrir. Como solía llevar las canastas hasta donde me pidieran, cada tanto me ganaba alguna propina. Algunos días me acompañaba Domiciano. Yo intentaba enseñarle el oficio, pero prefería que estuviera en casa o que jugara con sus amigos.

Cuando tenía catorce, mi mamá murió por una infección. Se había quemado el pie derecho con la fogata que usábamos para calentar la casa. Tuvo una herida grande. Al principio, dijo que sólo sentía ardor. Con los días, la pierna se le hinchó. El dolor le subió hasta la cabeza. No teníamos dinero para que la ayudara un doctor. Todavía conservo el pañuelo que tenía en la mano cuando murió.

Mi hermano empezó a trabajar conmigo con un carro propio. A Gregorio le dio lástima nuestra situación, siempre nos ayudó. Hasta que un día nos descubrió. Para intentar de ganar algo de plata extra, vendíamos algunas cosas por nuestra cuenta. Nada especial: algo de papa, cebolla y habas que cultivábamos cerca de nuestra casa. Nunca nos enteramos, pero con Domiciano creímos que nos delató una mujer que aparentemente había tenido problemas con nuestro padre.

Quedamos en la calle. Con el tiempo, vendimos todas nuestras cosas. Luego, comenzamos a robar. Sólo algunos alimentos para mantener el estómago ocupado. Dormíamos juntos en un galpón en el que también descansaban animales. En realidad, yo casi no dormía. Me mantenía despierto y miraba a mi hermano. Intentaba protegerlo.

Sólo eran un par de manzanas y un pedazo de cerdo. La estrategia era siempre la misma. Yo generaba algo de distracción en el mercado (casi siempre hacía que se pelearan entre vendedores) y Domiciano tomaba algunos alimentos o productos que podíamos vender.

Esa semana, por un supuesto invitado especial del Emperador Vespaciano, había soldados por todos lados. Las calles estaban vacías. Casi nadie quería salir y exponerse a un problema. Nosotros no teníamos demasiadas opciones más que vagar por ahí y esperar a que pasara el tiempo. Un soldado joven, que lucía más bien debilucho, vio a mi hermano justo en el momento en que metía las manzanas y el pedazo de cerdo en una bolsa. Lo tomó del brazo, lo sacudió y lo tiró al piso. Yo corrí a defenderlo. Le pegué una patada en la parte de atrás de la pierna. Se dio vuelta y sacó la espada. Cuando me vio, la enfundó. Me dio un cachetazo. No hice ningún gesto para no aparentar dolor, aunque sentí un fuerte ardor en el cachete. Tenía sangre en la boca.

Nos metieron en la cárcel de menores. Un hombre, que nunca supimos quién era, intentó interceder por nosotros. Quiso explicar que lo nuestro no era nada grave, pero no le prestaron atención. Estuvimos seis meses. Fue un infierno. El primer día estuve unos minutos sobre una de las paredes laterales de una especie de patio cerrado al que no llegaba casi nada de luz. Domiciano no paraba de hablarme al oído. Decía que nos estaban mirando y que vendrían a lastimarnos. No le respondí. Fue la primera vez que tuve miedo. Es como si presintiera que voy a dejar de existir, como antes de nacer. No sentir nada. Me tomé un tiempo para ubicar al que parecía el más amenazante del grupo que estaba en el patio. Lo tomé de los pelos y le hice chocar la cabeza contra una de las paredes. Quedó inconsciente. Cuando estaba en el piso, manchado por un enorme charco de sangre, lo pateé en las costillas un par de veces. Desde ese día, pelearme se hizo una costumbre tan natural como respirar o mear. A veces lo hacía para defenderme. Otras, para sacarme la violencia de encima. Y mandar un mensaje. El que se metiera conmigo o mi hermano la iba a pasar mal.

Me agarraron de a tres. Uno me sostuvo de atrás, otro me tomó los brazos y el tercero me pegó en las costillas hasta que le salió sangre de los nudillos. Domiciano nunca intercedió. Apoyó la cola en el piso y puso la cabeza entre las piernas, con las manos sobre la nuca. No quiso mirar. Una semana después, uno de los soldados nos hizo formar una larga fila en el patio. Un hombre con el pelo blanco que caminaba con un bastón, vestido con un manto de seda negro y con algunas joyas en el cuello, nos observó con mucha atención. A mí todavía me dolían los golpes y me costaba moverme, pero parado y erguido lucía fuerte. Él caminó para un lado y otro. Sentí que me miraba con especial interés. Fue así. Le dio un par de monedas al soldado y me tomó del brazo. Giré para ver a Domiciano. Serio, levantó la mano derecha como para saludarme y me miró a los ojos. Nunca volví a verlo. Me llevaron a un campamento, en las afueras de la ciudad.




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