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Boardwalk Empire: la corrupción como esencia del hombre

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“Todos tenemos que decidir por nosotros mismos con cuánto pecado podemos vivir”, Nucky Thompson

Unos dólares mensuales para su amante de Nueva York. Una mansión para su mujer, Margaret Schroeder, en Atlantic City. Un buen cargo para su hermano, Elia. Una gran cantidad de puestos de trabajo para Chalky White y la comunidad negra. Las reglas son claras. Nucky Thompson es el único que tiene el mazo de cartas. A veces, reparte. Otras, suspende la partida. Cada tanto deja que los invitados ganen una y otra vez. Todas sus decisiones las basa en el mismo criterio. Para que la corona del rey se mantenga estable, todos deben estar contentos.

Boardwalk Empire, la última gran obra maestra de HBO, es un relato triste y cruel que diagnostica, con una sincera y variada cantidad de historias, que la corrupción es parte de la esencia del hombre. En esta serie no se pretende hacer liviano lo pesado ni limpio lo sucio. Cuando las necesidades son grandes y los problemas graves, la dignidad desaparece.

Atlantic City. 1920. Ley Volstead. En Estados Unidos no está permitido comprar, vender ni tomar alcohol. Enoch Thompson, o Nucky, es el hombre de la ciudad. Tiene un puesto en el Gobierno, pero su poder no reside en la esfera política. Su reinado es el de la calle. Primera teoría de Boardwalk Empire: los políticos que salen en las radios o diarios son los que ponen las caras. Atrás de ellos, ocultos y sin ganas de cambiar el mundo, hay un grupo de gente preparada para hacer todos los negocios que sean posibles (cualquier coincidencia con la Argentina es pura casualidad).

Alrededor de Nucky, uno de los principales contrabandistas del país, giran varios personajes extraordinarios. El que quedará para siempre en la memoria es James Darmody, Jimmy. Un joven brillante y apuesto que abandonó la universidad y a su novia embarazada para pelear en la Primera Guerra Mundial. Volvió con una pierna rota, pero su gran herida está en la cabeza: no puede olvidar. James es el hijo que Nucky nunca pudo tener. Así lo trata. Le da todo para que esté a su lado. Pero no. Tiene delirios de grandeza. Pretende ser un mafioso, algo que no lleva en la sangre. Su destino será uno de los más crueles e impactantes que se haya visto. Dos líneas aparte para Chalky White, el líder de la comunidad negra y socio de Nucky. Se trata de Michael Kenneth Williams, el actor que interpretó a Omar Little en The Wire. Simplemente genial.

HBO es el Barcelona de las series. Six Feet Under, Los Soprano, The Wire, Treme. Y ahora Boardwalk Empire, una serie que empezó en 2010 y en el 2014 terminó después de una perfecta quinta temporada. ¿Qué es lo que une a estos productos? El sueño y la fantasía de hacer una obra maestra. Su gran virtud es que nacen con la intención puntual y obsesiva de generar algo distinto. Todo se basa en la idea de llegar a la perfección. La inversión, por supuesto, es fundamental. Para el primer capítulo, por ejemplo, se gastaron 20 millones de dólares. “Lo que está sucediendo en los últimos 9 o 10 años, particularmente en HBO, es lo que queríamos a mitad de los años sesenta con las películas hechas en principio para la televisión”, dijo Martin Scorsese, director del primer episodio y productor ejecutivo de la serie.

Boardwalk Empire no es una serie adictiva ni para devorar. No pretende dar la sensación de una montaña rusa, sino más bien de un paseo estable y pronunciado (aunque a la historia no le falta emoción ni golpes de efecto). Enamora con su estilo, un guión fuera de serie (escrito por Terrence Winter, el mismo de Los Soprano) y una estética que hipnotiza. Steve Buscemi, un actor querido y apreciado por una buena cantidad de papeles secundarios, se consagra. Sus gestos, su manera de caminar, su tono de voz, su forma de peinarse. Todo lo hace bien. Nucky Thompson es un personaje de esos que dejan huella, como Tony Soprano, Walter White o Don Draper.

La historia atraviesa un momento de desilusión y falta de esperanza. Muchos de los hombres que fueron a la guerra no volvieron. Los que regresaron todavía no lograron superarlo. Sobra la gente desocupada y sin ambiciones. Se percibe la tensión social entre negros, prácticamente marginados, y blancos (con presencia del Ku Kux Clan incluida). Se muestra la adquisición del derecho a votar de las mujeres, además de tocar muchos temas tabú para la época como la anticoncepción, el sexo, etc. La falta de sueño e ilusión se combate en bares clandestinos y burdeles. La ley Volstead, por otro lado, no hizo más que darle un poder imparable a grupos tenebrosos (en esta situación se produce un inquietante choque generacional entre los viejos, que ya estaban en el negocio, y los jóvenes que pretenden más lugar).

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Boardwalk Empire ofrece una nueva mirada de la mafia. El paradigma más importante que plantea es que el líder, el rey, puede ser tan inestable como cualquiera. Nucky Thompson lo sabe. Y tiene miedo (en este sentido puede haber alguna similitud con Tony Soprano). El desarrollo del personaje más importante como alguien que sufre, tiene pesadillas, vicios y traumas (especialmente con su pasado) es simplemente brillante. Pero lo más extraordinario es que es como si fuera una especie de iceberg. Nunca se lo termina de conocer del todo. “Si realmente existiera Dios, ¿me hubiera dado esta cara?”, dice Nucky, en una frase que luce más que fiel a parte de su forma de pensar. Su personaje está basado en Enoch “Nucky” Johnson, un influyente político de la ciudad que reinó desde 1911 hasta 1941. Hay varias otras referencias a personajes que existieron: la presencia de Al Capone como ascendente gangster en Chicago es la más resonante.

Pero la sentencia más cruel de la historia es que el motor que permite que la vida funcione de una manera más o menos ordenada es la corrupción. Margaret Schroeder, la mujer de Nucky, olvida que su marido manda a matar gente de forma tan natural como tomar un vaso de whisky. No discute nada porque vive en una enorme mansión y no debe preocuparse por la plata. Nelson Van Alden, un supuesto impoluto agente policial, descubre que, en realidad, por la vía limpia no puede atrapar a los malos. Y se corrompe. A Nucky Thompson no le interesa discutir sobre la moralidad de la situación. Entiende que el juego ya está hecho de esa manera y no hace falta cambiarlo. Él es el hombre que reparte las cartas. Casi siempre gana. Pero cada tanto cede. Como para que todos queden contentos. Y que Boardwalk Empire (algo así como el imperio marítimo) no deje de funcionar nunca.




There are 7 comments

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  1. Dulce

    Muy buen artículo, muy completo y creo que la corrupción en esta serie es parte esencial, es muy buena y los personajes como Eli o Nucky se sienten reales y a la vez oscuros, dan como que lástima y a la ves los odias, la fotografía es genial además, es muy buena.


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