Orange Is the New Black: el primer traspié de Netflix

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Existe una prisión de mujeres en la que las reclusas pueden escapar a la capilla del lugar y tener sexo sin ser molestadas.  Hay también un pequeño cuarto donde se guardan los artículos de limpieza en el que hasta los guardias tienen relaciones con las presas. Son todas personas buenas las que cayeron a esta cárcel. Es demasiado fácil preguntarse cómo es posible que hayan cometido algún delito. Orange Is The New Black es el primer traspié -grande- de Netlflix.

Revolucionó el mercado. Se impuso con un plan bien pensado, original y de calidad. Netflix, la plataforma que ofrece streaming de películas y series por unos diez dólares mensuales, salió a crear contenido. Empezó con la continuación de Arrested Development, una historia en tono de comedia ácida que había terminado en 2006. Siguió con House of Cards. Fue el primer gran batacazo. Aunque recién se pudo ver una temporada, la serie, nominada a los premios Grammy, bien podría entrar en el panteón de las mejores. Pero Orange Is The New Black es un paso atrás.

Piper Chapman se enamoró de una mujer que traslada droga a diferentes países. Viajó por el mundo con ella, vivió todo tipo de aventuras, se divirtió. Un día, se acabó el sueño. Se pelearon. Dejaron de verse. Años más tarde, Piper es acusada de complicidad y sentenciada a un año de cárcel en Litchfield, en las afueras de Nueva York.

Tiene varios problemas la serie. El primero es la protagonista. Piper es una rubia de clase media alta, linda y repleta de clichés. El espectador podrá conocerla a medida que avanzan los capítulos, que siempre muestran algún tipo de flashback. Chapman, como le dicen en la cárcel, no tiene mucho para explotar. Es una treintañera aburrida. Comenta al pasar que está a punto de conseguir que unos jabones suyos sean vendidos en la popular tienda Barneys, pero no tiene demasiados sueños ni proyectos. Recurre con su novio Larry (Jason Biggs, aquel famoso actor de American Pie que nunca pudo escapar de ese personaje) a dietas basadas sólo en vegetales para sentirse bien pero rápidamente las abandona, desesperada por comer un chocolate o una hamburguesa. Se trata de un personaje superfluo con una vida aburrida.

¡Por favor, quiero ir a la cárcel! Es el sentimiento que cada tanto produce Orange Is The New Black. La vida en la prisión, por momentos, luce demasiado atractiva. Salvo en el último capítulo, la serie carece de oscuridad y temor. Un lugar donde las personas viven encerradas no debería ser nunca un sitio para pasarla más o menos bien. Las chicas trabajan unas horas y el resto del día lo pasan en la peluquería, mirando la televisión o tiradas en la cama mientras comen golosinas.

Cada capítulo (la primera temporada consiste de 13 episodios; la serie ya tiene asegurada una segunda parte, en 2014) presenta la historia de una de las presas. El creador de la serie, Jenji Kohan, también autor de Weeds, decide contar el pasado de algunas de ellas, humanizar. Así, se conoce cómo Red, la cocinera y líder de las blancas de la prisión, se mete en el negocio de las drogas con la mafia rusa. Se muestra la lucha de Nicky Nichols contra las adicciones. Se empiezan a conocer algunos sueños y frustraciones. Todos los relatos tienen un hilo en común: los delitos por los que terminaron en la cárcel son una consecuencia de defender su propio bien o por la búsqueda de un interés particular que tiene la idea de no hacer daño. En la cárcel de Orange Is the New Black, todas las chicas son buenas.

Esta forma de mostrar un poco del pasado de cada uno de los personajes tiene altibajos. Por momentos, genera vínculos de pertenencia  y empatía. Otras veces, la intención queda en la nada porque nunca se termina de conocer del todo a ninguna de las mujeres.  El relato no se define y deja sabor a poco.

La serie es una mezcla de drama con comedia. Este es probablemente uno de los principales problemas. Nunca se termina de entender si la historia pretende hacer reír o llorar. Al final, se queda a mitad de camino. No emociona y le cuesta generar momentos divertidos.

Desde su permanente frivolidad y tibieza, Piper lucha contra los nuevos códigos que debe asumir en la cárcel y el sentimiento permanente de que la vida se detuvo. En prisión, ocurren muchas cosas (la pista de atletismo que se cierra, la gallina que aparece en el patio, el destornillador robado, el embarazo de una compañera) pero, en realidad, no pasa nada. Afuera, en la vida real, todo tiene mucha más trascendencia.

La serie busca tocar algunos puntos sociales. Salir en libertad puede ser una alegría pero también una decepción. El sistema no está hecho para las criminales y las dificultades y trampas de la reinserción pueden dar ganas de volver. Los grupos de la cárcel están divididos y representan parte de lo que ocurre en la sociedad estadounidense (negras, blancas, latinas, asiáticas). La prisión delimita parte de la corrupción del Estado, con funcionarios que se roban parte del presupuesto asignado y se abusan de las reclusas. Nada nuevo ni original. El foco se planteó anteriormente en muchas películas y series (The Wire, The Shawshank Redemption o Un profeta, por citar algunos ejemplos).

Orange Is the New Black tiene momentos entretenidos y es fácil de ver. Es probable que, desde la parte comercial, Netflix haya acertado, consiga más suscriptores y se presente como una gran amenaza para HBO, el Barcelona de las series, o AMC (Breaking Bad, Mad Men y The Walking Dead). Pero, después de House of Cards, dejó sabor a poco: fue el primer traspié de un proyecto que todavía ilusiona.

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There are 5 comments

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  1. alex

    Totalmente de acuerdo con el post. Te felicito por haber desgranado todos los problemas de la serie pues para mi son muy claros también. Después de 6 capítulos de la primera temporada, y mucha paciencia ya gastada, me ha parecido una gran decepción. Entre todos los grandes problemas de la serie creo que hay uno que la sentencia totalmente: la indefinición. ¿Qué género estoy viendo? O ¿hacia donde camina la serie? No es ni una comedia, ni tampoco tiene tintes dramáticos. Por otra parte, es difícil sentir empatía o adversión hacia los personajes, que están frágilmente dibujados y demasiado estereotipados. Las vidas de las reclusas tampoco interesan, solamente hay un personaje que merece un capítulo aparte y es el padre del prometido de Champan. Geniales lineas, escasas eso sí, de diálogo. Me cuesta entender el gran éxito que ha tenido la serie ya que sus defectos pesan demasiado y al final consigue lo peor de una serie, que te dé igual si la protagonista muere, llora, se alegra o lo que sea. Es decir, que no me motiva continuar viéndola, pues (otro error más) es absolutamente previsible. De nuevo, felicidades por un excelente post Lucas.

    • Lucas Bertellotti

      Muchas gracias por el comentario, Alex. Me alegra que haya alguien de mi lado con respecto a la serie. Me hubiera gustado seguir con la segunda temporada para respaldar o ir para atrás con respecto al comentario inicial, pero no pude. Me aburrió y no quise seguir. No hay que perder el tiempo teniendo en cuenta que todavía queda mucho por ver.
      ¡Saludos!

  2. Sam

    Excelente post, el cual agradezco, ya que si de por si siento que perdí casi 1 hora de mi tiempo me evitas el seguir haciéndolo.


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