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Demasiado lejos

demasiado lejos

“Es cansador. Cortejar a la propia mujer lleva diez veces más esfuerzo que conquistar a una muchacha ignorante”

Richard está cansado. Hay días en los que se llega a su casa y sólo quiere meterse en la cama. A veces, pretende tener sexo con su mujer, Joan. Pero ya casi no intenta. Ella no tiene ganas. A él también se le escapó el deseo. El fuego físico lo busca en otros lados (con su secretaria, quizás, con la mujer de algún vecino, probablemente). No hay grandes gestos en la historia de los Maple. No existen los espacios para héroes ni princesas. Pasaron más momentos ingratos que buenos. Pero se quisieron. Richard y Joan saben que el amor queda en segundo plano cuando las distancias entre los dos, por más que estén uno al lado del otro, son demasiado lejanas.

“Pocas experiencias tienen el placer tan ilícito como subir las escaleras detrás del trasero de una mujer”

John Updike está entre los grandes. Hay en su escritura una elegancia sobrenatural pero su gran virtud quizás pasa por otro lado: cada una de las historias mínimas que cuenta tienen una resonancia enorme con el verdadero significado de la vida. En Demasiado lejos, relata la relación de los Maple, una pareja probablemente universal, aunque con ciertos toques de distinción. Atraviesa los comienzos, cuando todo parece más o menos prometedor y feliz, irrumpe con el aburrimiento del día a día y termina con una separación dolorosa pero sincera. Contar el final tiene sentido: esta historia no se trata de saber qué es lo que va a pasar sino de disfrutar lo que está pasando.

“Quería que fuera feliz y la certeza de que lejos de ella no sabría si era feliz o no constituía la puerta última e inesperada que le obstruía la salida cuando ya todas las otras estaban abiertas”

En 17 cuentos publicados de manera dispersa en diferentes revistas (los Maple aparecieron en 1956 en Nueva York, luego estuvieron ausentes por siete años y reaparecieron como dadores de sangre en Boston para luego sí tener continuidad en diferentes revistas, especialmente en la New Yorker), Updike cuenta con maestría y sobriedad el amor, la excitación, el sexo, el aburrimiento, el desamor, la bronca, el distanciamiento y el acercamiento. Con un bisturí filoso y reluciente, abre el cuerpo de una pareja y comienza a describir cada una de sus partes. Es demasiado sutil y talentoso. Irrumpe en la intimidad de los Maple y la destruye. No cuesta nada encariñarse de los personajes, especialmente de Richard. Se siente como parte de la realidad, como si fuera un vecino, un tío o un amigo. Por momentos, como si fuera uno mismo.

“¡Deja de hacerme creer que soy más interesante de lo que soy! ¡No soy más que una ama de casa vencida que sólo quiere jugar al tenis con otras amas de casa vencidas!”

Quisiera haber hecho una descripción mejor, pero hojeo el libro y llego al prólogo, escrito por Updike. Y no queda otra que respetar sus palabras: “Si bien los cuentos sobre los Maple describen la decadencia y derrumbe final de su matrimonio, también dan colorido a una historia en muchos sentidos feliz, de niños que crecían y de mil momentos cotidianos compartidos.

“El silencio de ella lo asustó. Otra vez se convirtió en el niño que suplica a su madre que le hable, que lo salve de ahogarse en las profundas corrientes de sus estados de ánimo, de sus secretos”

Tiene un ingenio despiadado. Desacomoda. Updike, que murió en 2009 y dejó una obra de 22 novelas y más de una docena de colecciones de relatos cortos, cambia las reglas de las palabras y les da sentido. Como en ¡Corre, Conejo! y su saga de Harry Armstrong, mira a parte de la sociedad estadounidense desde arriba y la escribe con objetiva pena. La clase media está demasiado embarrada en las preocupaciones, en la lucha de la supervivencia y la pelea contra el aburrimiento. Casi siempre pierde. El whisky después del trabajo ya no alcanza, las infidelidades se hacen tan rutinarias como la vida en pareja y el trabajo no es más que una carrera desesperada que nunca termina.

“¿Por qué seguir con esto? Lo odio. Me siento pegado, sin poder moverme. Vengo aquí a visitar a los chicos, No me hagas sentirme culpable”.

Rodrigo Fresán, un hombre nacido para escribir sobre literatura, referencia constantemente sobre una especie de organigrama en la escritura de Estados Unidos. Habla de un trío fundante: Melville, Hawthorne y Twain (incuestionable). Un segundo triple Big Bang: Hemingway, Faulkner y Fitzgerald (los más grandes). Y, luego, una categoría algo diluida: escritores made in USA. En la cumbre ubica a Philip Roth (¿se hizo justicia?). Un puesto más abajo, a Updike junto a Cormac Mc Carthy. En la cuarta posición, Tom Wolfe, John Irving e Isaac Bashevis Singer. A Salinger y Cheever los describe como una especie de fantasmas que deambulan entre el resto de los escritores. Habría que ser un poco más justos con Updike. No merece estar abajo de nadie. ¿Y si se le inventa una categoría? Sí: maestro de la literatura artesanal.




There are 4 comments

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  1. alicia

    me encanto el blog sobre john Updike,trataré de leer “demasiado lejos”.Buenisimo ,muy docente
    la comparación de los escritores estadounidenses

    • Lucas Bertellotti

      Muchas gracias por el comentario, Alicia. Sin dudas, Updike está entre los grandes de la literatura estadounidense. ¡Saludos!


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