El hobbit, la desolación de Smaug: el prestigio intacto y las faltas

hobbit

(#) No tenía sentido escribir sin spoilers sobre esta película 

Cuesta pensar que Peter Jackson hubiera decidido filmar en tres películas a El hobbit, un libro de 300 páginas, sin antes haber hecho El Señor de los Anillos en una trilogía. Los indicios quedan claros. Hay una forma de contar las cosas que se repite. Un tono que se vuelve a percibir. Se sintió cómodo con los ritmos. Se aferró al mismo estilo para este nuevo desafío de darle vida a la Tierra Media.

Las primeras partes (La comunidad del Anillo y Un viaje inesperado) son las menos oscuras. Se permiten mostrar las cosas que los personajes quieren tanto y por las que lucharán en el futuro. Hay lugar para los fuegos artificiales de Gandalf, la sensible descripción de La Comarca, la escritura del libro de Bilbo y la música encantadora. En La desolación de Smaug, como también pasó con Las Dos Torres, el relato abandona los aspectos frívolos y se enfoca en la permanente tensión. Abre el juego a un futuro sombrío que parece perdido. En El Retorno del Rey, la atención fue por el lado de la épica, la emoción y la mística. Hacia ese lugar apuntará seguramente Historia de una ida y una vuelta.

Como en la primera parte de esta trilogía, el vínculo que se establece con El Señor de los Anillos se mantiene como uno de los puntos más fuertes. La intención de darle mayor trascendencia a la simple e infantil historia de El hobbit funciona a la perfección. El encuentro del inicio de Gandalf con Thorin en El poney pisador es ideal. Le da sustento a la travesía en la que se encuentran los enanos. A diferencia de lo que escribió Tolkien, deja la sensación de que el sacrificio de matar a Smaug y recuperar Erebor no es sólo por el oro si no por fines mucho más importantes (en la charla en Bree hay referencias a cierta maldad que no puede expandirse además del orgullo del Rey de la Montaña por recuperar el sitio que le corresponde).

Para Bilbo ya no es lo mismo ponerse el anillo. Comienza a sentirlo pesado. Percibe la presencia de algo malo. Le tiene miedo. Las secuencias de Gandalf en Dol Guldur son extraordinarias. El mal se declara y él pretende ponerle punto final antes de que sea tarde. Son los momentos en los que Sauron comienza a tomar fuerza. Ninguna de estas situaciones están escritas en el libro pero el cuidado y la claridad con las que están hechas son incuestionables (Gandalf abandona el viaje con los enanos antes de que se internen en el bosque; en El hobbit sólo se aclara en el final que partió para asistir a un concilio de magos).

En La desolación de Smaug, el ritmo es mucho más vertiginoso y tenso que en Un viaje inesperado. El entretenimiento está asegurado. El suspenso se percibe durante las 2 horas y 40 minutos de película y  casi no hay vacíos dentro del relato. La música de Howard Shore acompaña aunque no se luce como en otras oportunidades (una pena que hayan eliminado el tema Far over the misty mountains en las escenas de acción; funcionó muy bien en la primera parte). Los efectos especiales son fantásticos. WETA volvió a demostrar que está un paso adelante del resto. Richard Taylor, su principal cabeza, sabe cómo hacer lucir a esta historia.

Es posible que la forma en que se mostró a Smaug haya superado hasta a la propia imaginación de los lectores. Todo lo que se muestra de él es perfecto e imponente: su tamaño, su voz (interpretada con brillantez por Benedict Cumberbatch), sus movimientos. Es, sin dudas, uno de los puntos más altos de la película.

Lo que faltó

Es indudable que a las dos primeras películas carecieron de épica. Es algo que está obviamente emparentado con el tono del libro y mucho más no se puede hacer, pero, de todas maneras, Peter Jackson no logra emocionar. Al relato le cuesta ir un paso más allá de la aventura y deja con sabor a poco.

El personaje de Bilbo queda injustamente minimizado. Entre las páginas 100 y 200 del libro, es el momento en el que el hobbit se luce y gana la reputación entre los enanos (primero, los salva de las arañas y después los ayuda a escapar de los elfos). Es cuando, a partir de la utilización del anillo, lo empiezan a respetar y querer. Pero esta situación se resolvió de manera anticipada en la primera parte y, entonces, el personaje principal queda algo deslucido. Bilbo participa de las situaciones más importantes pero no se termina de entender del todo qué es lo que siente y pasa por su cabeza.

THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG

Peter Jackson sabe cómo filmar este tipo de películas. Le encantan los grandes planos generales, la música épica en off y la prolijidad para mostrar cada una de las escenas de acción. Pero hay una secuencia que genera mucho ruido: el escape de los enanos de los elfos del bosque en barriles. Ahí hay una extraña utilización de una cámara subjetiva que se mete en el agua, salpica la lente y pretende dar vértigo pero no hace más que ensuciar y confundir. Por momentos, todo parece convertirse en una especie de documental de baja calidad sobre la pesca o el rafting.

¿Qué aporta Legolas? No mucho. Su participación no es determinante y por momentos parece de más. En las secuencias de acción en las que participa ya no sorprende. ¿Valió la pena crear un personaje como Tauriel? Lo importante de los elfos en esta película es que no pretenden comprometerse con el resto de la Tierra Media. Pero da la sensación de que con las palabras del rey hubiera quedado claro. Tener en cartelera a Orlando Bloom y a una heroína pareció un impulso marketinero que no le hizo del todo bien a la historia.

Grandeza intacta

Es una realidad que Jackson (junto a su equipo de guionistas, Fran Walsh y Philippa Boyens) sabe cuidar la historia y conserva con respeto lo escrito por Tolkien hace 85 años. A diferencia de lo que ocurrió con El Señor de los Anillos, resulta algo más sencillo apuntar algunas cosas que no cierran del todo, pero probablemente mucho tenga que ver con las limitaciones del relato original (El hobbit y El señor son dos obras incomparables en cuanto a ambición y tamaño). Pero, desde la primera secuencia hasta la última de La desolación, el espectador sentirá, una vez más, que la Tierra Media vuelve a cobrar vida. Pase lo que pase, el tesoro está en buenas manos. Sólo queda mirar desde otra perspectiva, poner las cosas en contexto. El prestigio está intacto.




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  1. martin lotero

    quería exponer razones por las cuales todavía el cine vale la pena, para graficarlo mis recomendaciones de películas que vì en èste último tiempo: Antes de la medianoche de Linklater, For Ellen, En trance de Danny Boyle, Like someone in love de Kiarostami, Marie Kroyer de Bille August, Therese Desqueyroux de Claude Miller, Closed Curtain de Panahi, En otro país de Hong Soo, La cacerìa de Vinterberg, En la mansión de Ozon, Las ventajas de ser Invisilbes, algunas películas griegas que me partieron la cabeza como Canino, Attenberg o Alps, la canadiense Lawrence Anyway de Xavier Dolan, Cosmòpolis de Cronenberg, Liberal Arts de Josh Radnor, Las cinco obstrucciones de Lars von Trier, a Late Quartet, El gran Gatsby (remake con Di Caprio), la lista es interminable y en otra oportunidad pondrè otras que me parecieron tambieuy buenas. Un gran saludo Lucas, y felicitaciones por el blog.


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