Las mejores películas que vi en 2013

cine

La complejidad del consumo del cine es tan grande como fascinante. El proceso es adictivo: aparece un director desconocido, una película recomendada o algún tipo de movimiento. Las ganas de tachar la cuenta pendiente se vuelven desbordantes. Y, cuando se tapa el agujero de la ignorancia, no hay más que levantar la cabeza y mirar al costado. Los agujeros se multiplicaron.

Ese tablero imaginario que tiene cada vez más agujeros es el que estimula. El cine se convierte en un desafío constante. Las ganas de sellar espacios no desaparece.

Acá, las mejores películas que vi en el año, en ese juego que no termina nunca.

El salario del miedo, Henri Georges-Clouzot (1953). El dinero como obsesión y perdición. Un pequeño pueblo de algún país pobre de Sudamérica y un grupo de hombres desesperados por sobrevivir. Una empresa que aprovecha y pone en riesgo a los trabajadores para sacar réditos económicos. Cuatro empleados deben trasladar dos camiones repletos de glicerina por un peligroso camino. Capitalismo en su máxima expresión. Personajes entrañables, difíciles de olvidar. Una introducción sencilla y efectiva, una resolución con un nivel de tensión extraordinario.

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El globo rojo, Albert Lamorisse (1956). Una película tan simple, corta y sencilla como abrumadora. Fue la gran obra maestra de este director. Treinta y cuatro minutos le bastaron para dejar una huella profunda en la historia del cine. La Nouvelle vague tomará a este film como uno de los grandes referentes (Les mistons y Los 400 golpes, de Francois Truffaut, tienen muchas similitudes). Lamorisse, que parece bastante influenciado por Charles Chaplin, especialmente por la extraordinaria El chico, impone un estilo efectivo y encantador.

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Midnight Cowboy, John Schlesinger (1969).  El sueño del joven que viaja desde un pequeño pueblo a la gran ciudad es una utopía. En el mundo real, son príncipes sólo los que nacen en el castillo. Cuando la ilusión de triunfar queda en el camino, sólo queda sobrevivir. Es la historia de Joe Buck, que en el camino se encuentra con quien resultará ser su amigo inseparable, Ratso (Dustin Hoffman, genial). Extraordinaria película que retrata una apasionante ciudad de Nueva York, a fines de los 60. Mención aparte a la secuencia de la fiesta con ácidos, luces psicodélicas y delirio. Alucinante.

Midnight CowboyKes, Ken Loach (1969). Una obra que podría resumir con justicia la filmografía de este maestro. Kes es un pájaro al que le gusta volar, sentirse libre. Cada vez que su dueño Billy lo ve en el aire, se siente como si también él tuviera alas. Pero las circunstancias en las que vive este chico no son favorables para volar ni tener grandes sueños. Atrás de los hermosos pueblos y las pintorescas callecitas de algún pueblo británico hay un permanente conflicto social, una familia disfuncional. Ilusiones rotas, sueños desvanecidos.

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Das Boot, Wolfgang Petersen (1981). Una obra maestra del relato. Esta película alemana logra un clima poco común para una historia que se desarrolla en un submarino. Las dos horas y media de duración se escurren con demasiada facilidad. El despliegue, la paciencia para filmar las secuencias, las actuaciones, todo hace que esta sea un film inolvidable, de esos que se instalan en la memoria para siempre. Es fácil sentirse parte de la tripulación, percibir el agobio, entender el cansancio, sufrir la guerra.

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El último emperador, Bernardo Bertolucci (1987). Sensible y fascinante relato de un personaje único e histórico como el último emperador de China, Pu Yi. Aunque hay algunos costados débiles (demasiados altibajos a causa de escenas que bien podrían desaparecer), lo extraordinario de este film tiene que ver con la forma en qué está pensado, producido y desarrollado: ya no se hacen películas de este tipo.

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Glengarry Glen Ross, James Foley (1992). Densa (en el buen sentido) y exasperante relato de un grupo de vendedores de terrenos asfixiados por las presiones. Aunque bastan unos minutos para percibir que se trata de una adaptación teatral, tiene los elementos perfectos para el cine. Un relato preciso, sobrio y elegante. Las actuaciones son brillantes (en el top 5 de Al Pacino, sin dudas).

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VivirYimou Zhang (1994). Este director chino da una clase de cómo contar una historia ambiciosa. Atraviesa más de 25 años con una claridad asombrosa. Esta película lo tiene todo: una historia de amor, una mirada de un país (China, la llegada de Mao, su evolución y crueldades) y una imprescindible apreciación de la vida. Zhang tiene un ojo sensible, único. Una película larga que genera ganas de que no termine nunca. Este sí que es un director valiente y sincero.

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El odio, Mathieu Kassovitz (1995). El elegante idioma es lo único que se aprecia como igual al París que la mayoría de los directores suelen mostrar. El resto es todo diferente, la otra cara de la moneda. París como no se muestra en las películas. La lucha de tres jóvenes desheredados de la sociedad (un judío, un árabe y un negro) por mantenerse a flote. El primer mundo como costado de discriminación de todo tipo y mucha marginalidad. La violencia que se percibe en cada esquina, la cultura que se defiende como nada. Imprescindible película, con una estética muy particular.

la haine reverse dollyCelebración, Thomas Vintenberg (1998). Un cumpleaños en una enorme casa de campo. Una familia que se reúne después de un tiempo largo. Una olla que está a punto de explotar, sólo hay que agregarle algún que otro ingrediente, sin importar cuán trascendente sea. Brutal historia de un director único. Una forma de filmar revolucionaria (Dogma 95) que genera una mirada intensa. Es como si el espectador se sintiera parte de las secuencias. Perturbadora. 

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Sweet and Lowdown, Woody Allen (1999). Emmet Ray, un guitarrista de jazz que sueña y teme conocer a a Django Reinhardt, es un personaje inolvidable. ¿Es esta la mejor actuación de Sean Penn? Es probable. Lo único cierto es que Emmet destila melancolía y genera una empatía arrolladora. El homenaje al jazz es evidente, placentero y agradable. Es un retrato perfecto de la naturaleza de un artista. Lo único que sabe hacer Ray es tocar la guitarra. Nada más. ¿A quién le importa qué es lo que hace cuando no está en el escenario? Imperdible.

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El último Elvis, Armando Bo (2012). La última gran película del cine argentino.Inspiradora y realista a la vez. Simple y profunda. Carlos trabaja en una fábrica y tiene una hija, pero son dos detalles menores que no pueden dispersarlo de su ser: convertirse en el mejor Elvis (o serlo, si es posible). El relato juega constantemente con lo bizarro y lo serio. Y es perfecto. El actor (John McInerny) es brillante. Cada uno de los temas que interpretó resultan momentos de verdadera magia musical y cinematográfica.

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Menciones especiales: L´atalante, Jean Vigo (1934), Las hermanas de Gion, Kenji Mizoguchi (1936), Los niños del paraíso, Marcel Carné (1945), Ucho, Karel Kachyna (1970), Papillon, Franklin Shaffner (1973), Gente corriente, Robert Redford (1980), Ghost dog, el camino del samurai, Jim Jarmusch (1999), El hombre que nunca estuvo allí, Joel Cohen (2001), Felices dieciséis, Ken Loach (2002).




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