Planificación, obsesión y fracasos: las mejores lecturas del 2013

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“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Miguel de Cervantes.

Mientras avanzo en la lectura, la biblioteca luce cada vez más gorda. Cuando termino a Philip Roth, aparecen dos libros de Pynchon. Si leo a Bukowski, irrumpe Kerouac. Unos cuentos de Updike provocan la llegada de la saga completa de Harry Armstrong, el famoso conejo. Una crónica de Talese le abre el juego a Mailer y su libro The Fight, sobre la histórica pelea entre Muhammad Ali y George Foreman en Zaire, en 1975. Siempre pienso lo mismo: la carrera de la lectura está perdida. Es como entrar a un laberinto sin salida. Un libro leído abre el juego a miles que todavía quedan por descubrir. Se salda una cuenta y se abren muchas otras. Por eso es tan importante el método. Sentir que, pese a que el camino es inacabable, el viaje se puede disfrutar. En el 2013, mi planificación tuvo momentos fallidos.

Me dediqué a leer la colección que Página 12 y Anagrama sacaron el año pasado. Son 25 libros. Algunos son excelentes, otros muy buenos y la mayoría regulares. La obsesión por terminar con la saga me alejó de otros autores. Me impuso contenidos que no necesitaba en ese momento. El ritmo fue siempre el mismo, la espontaneidad quedó perdida. Aunque de la colección leí algunos textos brillantes, el saldo es negativo porque con muchos autores perdí el tiempo. En el laberinto de la lectura la única regla válida que debería existir es la de no perder el tiempo.

No se trata sólo de agarrar un libro y leer. Antes, hay una metodología, una forma de organizar la lectura. “Este libro debo terminarlo en una semana”. “A este le pongo un plazo de un mes”. “El fin de semana lo liquido”. La obsesión por terminar la colección (de la que todavía me quedan dos títulos) me perjudicó. Aunque nunca dejé de comprar libros, sí me estanqué. Por un tiempo, leí lo que me impuso un diario.

Aunque todavía queda poco menos de un mes, el saldo final llegaría a 31 libros en el año. La cifra me resulta pobre comparada con otros tiempos (de 55 o 60 títulos anuales). Y acá aparece otro problema: puede parecer que el periodismo esté ligado a los libros pero los directores de medios sólo pretenden que sus profesionales pasen la mayor cantidad de tiempo en la redacción. Se trabaja mucho y se cultiva poco para una profesión que debería estar atada al crecimiento intelectual constante. Lo que mandan hoy son, entre otras cosas, las redes sociales en detrimento de la calle y el tiempo para ser mas cultos.

Con esta extensa y algo negativa presentación, estas son mis mejores lecturas del 2013:

hemingwayCuentos completos, Ernest Hemingway. ¿Es posible que Hemingway sea mejor cuentista que novelista? Sí. En esta extraordinaria y fina edición denominada Finca Vigía, en honor a su coqueta casa de La Habana, la magia del escritor estadounidense queda impregnada en cada página, en cada oración. La sutileza para establecer ambientes y sensaciones sin decir todo está intacta, pero la longitud del relato hace que el resultado sea mucho más efectivo (A Banal Story tiene 634 palabras, The Revolutionist no llega a las 500).

En Hills Like White Elephants, la intriga tiene que ver con un diálogo entre dos personajes que hablan sobre una operación médica. Todo indica que hay una mujer embarazada y que el hombre la presiona para que el bebé no nazca. “Aborto” es una palabra que no figura en la historia. A Hemingway no le hace falta (¿cuánto de egocentrismo hay en esta decisión?) Hay demasiados cuentos imborrables: Fifty grand, The Killers, The old man at the bridge y muchos más. Un libro que no debe estancarse demasiado tiempo en la biblioteca, como para que permanezca siempre en la mesita de luz.

john-updike-demasiado-lejos-ed-emece_MLA-F-3718331370_012013Demasiado lejos, John Updike. Este autor está en el panteón de los grandes. Hay en su escritura una elegancia sobrenatural pero su gran virtud quizás pasa por otro lado: cada una de las historias mínimas que cuenta tienen una resonancia enorme con el verdadero significado de la vida. En Demasiado lejos, relata la relación de los Maple, una pareja probablemente universal, aunque con ciertos toques de distinción. Atraviesa los comienzos, cuando todo parece más o menos prometedor y feliz, irrumpe con el aburrimiento del día a día y termina con una separación dolorosa pero sincera. Contar el final tiene sentido: esta historia no se trata de saber qué es lo que va a pasar sino de disfrutar lo que está pasando.

 

mishimaNieve de primavera, Yukio Mishima. Este enorme escritor japonés cuenta la eterna lucha de su país entre lo moderno y las viejas tradiciones a partir de una intensa historia de amor con tintes dramáticos y difíciles de resistir. Mishima exhibe sabiduría y, por momentos, cierto dogmatismo. Se percibe con facilidad qué es lo bueno y lo malo para el autor. Tiene un ojo sensible  que utiliza para describir con fineza cada una de las estaciones del año y el mundillo de la nobleza japonesa. Primera parte de la tetralogía El mar de la fertilidad. Visceral, aguerrido, apasionante.

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Hijo de Satanás, Charles Bukowski: Magistral. Bukowski se repite, pero con grandeza. Al igual que en La máquina de follar, la escritura en este libro es la de un autor desfachatado, un incomprendido, un loco sin ningún tipo de filtro. Pero a esas pintorescas características le agrega una madurez y solidez realmente abrumadoras en cada uno de los relatos. Bukowski ya no es el borracho que hace reír por su prosa entretenida y fluida. Es mucho más (por momento se acerca a la literatura de Carver, aunque con mucha mayor efectividad). Cada uno de sus cuentos es una máquina de transportación, en la que al lector le resultará demasiado sencillo sentirse dentro de la escena. El legado y la sensación de cada una de las historias es triste y cruda: la vida, en general, es vacía y sin sentido para los personajes de Bukowski. La venganza de los malditos, Cómprame cacahuates y caramelos, Un día, No hay canciones de amor…en fin, la mayoría de los relatos son verdaderamente significativos.

obras-completas-y-otros-cuentosObras completas (y otros cuentos), Augusto Monterroso: Una verdadera sorpresa. Un libro chico, divertido e irónico. Monterroso, de Guatemala, es un escritor totalmente alejado de cualquier paradigma. “Cuando despertó, todavía el dinosaurio estaba allí”. Siete palabras. Es toda la extensión del cuento El dinosaurio. Es como si se burlara de todo lo establecido en la literatura. El efecto es positivo porque después sale con algunos relatos particularmente extraordinarios y encantadores, como Diógenes también, Leopoldo (sus trabajos) El concierto. Una verdadera joya.

 

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El grito silencioso, Kensaburo Oé: Una de las novelas más densas y con raíces profundas del escritor japonés. La presa, otra gran joya imperdible de su bibliografía. La historia de un chico que se convierte en hombre en plena guerra resultaba dura pero también encantadora. En El grito silencioso intenta ser mucho más ambicioso. Relata el camino de dos hermanos con un pasado demasiado denso, que intentan reconstruir una vida que parece arruinada. Una novela atrapante, que afecta por lo sanguinaria y cruel y no intenta ser para nada liviana. El libro es complejo. Arrastra parte de la cultura e historia japonesa (hace especial hincapié en el reinado Man’nen, que sólo duró un año, de 1860 a 1861). Oé mantiene el nivel de libros como Dínos como sobrevivir a nuestra locura y Una cuestión personal, siempre bajo un manto de constante angustia, tristeza y tintes autobiográficos.

fantePregúntale al polvo, John Fante: Arturo Bandini es, sin dudas, uno de los personajes más entrañables y divertidos de la literatura. John Fante es una verdadera y agradable sorpresa (fue un escritor sin ningún tipo de reconocimiento mientras estuvo vivo; Bukowski fue uno de sus admiradores y quien hizo fuerza para que sus libros no quedaron en el olvido. Su prólogo de esta edición es imprescindible). Así como a veces la figura del escritor como personaje es un poco trillada, en este caso, todo suena revitalizador y enérgico. Arturo Bandini es un tipo divertido. Su estructura mental, sus locuras internas, su enamoramiento, su cuartito en una pensión. Una novela encantadoramente insignificante.
plataforma-m-houellebecqPlataforma, Michel Houellebecq. No debe haber muchos otros autores que sepan combinar con tanta maestría el pensamiento filosófico-sociológico con el relato de ficción. Mientras se relata la historia de idas y vueltas de una pareja adulta de unos 40 años que vive en París pero acostumbra a viajar por el mundo (especialmente a Tailandia, cuna del turismo sexual) regala brillantes pinceladas sobre las formas de vivir: la sexualidad, el consumismo, la infelicidad. Es ambicioso y no le tiene miedo nada. Sin dudas, el libro que atravesé con mayor velocidad. Una verdadera lectura voraz gracias a la fluidez en la prosa de este francés.

 

Menciones especiales: Baila, baila, baila (Haruki Murakami), La caída de los ídolos (Philip Roth), Amsterdam (Ian Mc Ewan), Short Cuts (Raymond Carver), El mar (John Banville), Leviatán (Paul Auster), Pálida luz de las colinas (Kazuo Ishiguro).

 




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