Sherlock: la maestría de reinventar un clásico dormido

Sherlock

“Por Dios, pero, ¿qué es lo que tienen en los cerebritos? Debe ser verdaderamente aburrido”. Sherlock

Nunca me sentí demasiado atraído por Sherlock Holmes. De chico leí algunos cuentos, pero fue un acercamiento más bien frío y distante. En el 2010, una serie logró resaltar a un personaje que desde la escritura de Arthur Conan Doyle nunca me había atraído del todo. Creada por Mark Gatiss y Steven Moffat para la BBC, Sherlock es un producto que enaltece el género policial y reinventa un clásico dormido a un público que no es el mismo de hace unos años.

El guión respeta el libro original. Sherlock Holmes conserva sus principales características. Su cabeza funciona diferente a los demás, es un genio incomparable. El personaje y la historia son totalmente racionales. Todos los elementos tienden a alejarse de la pasión y acercarse a lo terrenal. Las cosas pasan por algo y tienen una explicación lógica. Está obsesionado por la resolución de crímenes, su único interés en la vida. Lo acompaña su fiel colaborador, John Watson, con quien vive en la famosa Baker Street. Jim Moriarty es su principal enemigo. Pero, en realidad, lo que lo hace diferente del personaje literario es lo verdaderamente seductor. La utilización de la tecnología como herramienta fundamental. La inclusión de las redes sociales y blogs como parte del juego. La posibilidad de no sólo escuchar sino también ver qué es lo que pasa por la cabeza del famoso detective.

Conformada por seis capítulos que duran una hora en tres temporadas (2010, 2012 y 2014), la serie nivela a la perfección los tiempos: no dura demasiado ni deja ganas de más. Sherlock es entretenimiento sólido. ¿Qué quiere decir? Que uno termina de ver los capítulos y siente que el tiempo invertido valió la pena. Con Lost, Prison Break, Game of Thrones o Homeland, por ejemplo, la sensación de que falta algo revolotea una y otra vez. Pero no pasa lo mismo en este prolijo y cuidado producto británico.

El ritmo es una de las grandes virtudes. No hay tiempo para pensar. Todo fluye de una manera espontánea y natural. Generan ganas de parar la reproducción para detenerse en los detalles. Pero, con el tiempo, se aprende que la mayoría de las cosas, a la larga o la corta, se terminan de explicar. Entonces, el vértigo del relato genera una combinación explosiva de adicción y vértigo.

En cuanto a la cuestión policial, la serie es perfecta. Los crímenes se resuelven (o no) con solidez. Siempre queda una cuota de misterio que da vueltas y abre el juego hacia una nueva historia. El costado que no termina de convencer tiene que ver con el inconsciente de los personajes. A Sherlock (interpretado por Benedict Cumberbatch de manera genial) le falta humanidad. Es necesario que, para que sea más creíble, deba equivocarse. Es preciso que el gran detective cometa un error. La máquina perfecta genera algún tipo de bajón dentro de la historia y, en caso de continuar, provocará una especie de meseta. Por el otro lado, esa falta de sensibilidad que tiene con el resto de las personas resulta exagerada y, la mayoría de las veces, divertida.

Algo parecido pasa con John Watson (Martin Freeman, sólido como en la mayoría de sus papeles). En el primer capítulo se lo presenta como un personaje traumado por la guerra de Afganistán (en la historia de Doyle, Watson regresa inválido después de luchar en la Segunda Guerra Anflo,afgana, entre 1878 y 1880). Pero, cuando lo conoce a Sherlock, es como si sus recuerdos quedaran en el camino para siempre. ¿Por qué no explorar esa faceta un poco más? Es como si hubiera quedado un agujero en su personaje.

La relación entre Sherlock y Watson es perfecta. Se admiran y se quieren, aunque nunca se lo dirán a la cara. Uno, el talentoso, no podría avanzar sin la ayuda del meticuloso, el trabajador. El hecho de que la prensa dentro de la historia crea que pueden ser una pareja gay es un detalle divertido y espectacular.

Todos los elementos son perfectos: la música, la forma en que está filmada, las actuaciones. Se trata de una serie que lleva a lo más alto a la televisión británica, que nunca deja de entregar verdaderas joyas. Sherlock, un clásico que parecía dormido en los estantes de las bibliotecas y librerías, vuelve a tomar vida. Su versión moderna genera ganas de retroceder para conocer un poco más de la historia escrita por Doyle.

(#) La BBC publicó un mini episodio que anticipa la tercera temporada. En la historia, algunos de los personajes comienzan a sospechar que Sherlock está vivo. El único que no parece muy convencido es Watson. Hasta que suena la puerta de su casa.




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