Oscar 2014: pozo vacante

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¿Cómo no ver Breaking Bad, si todo el mundo opina sobre las locuras de Walter White en Twitter? ¿A quién se le ocurriría dejar de prestar atención al famoso Frank Underwood, de House of Cards? ¿Es posible no tener el celular del que todos comentan maravillas? ¿Cómo se puede no bajar la nueva aplicación que parece tan innovadora? La temporada de los Oscar bien podría ser una radiografía más o menos fiel de lo que representa el mercado del consumo contemporáneo: se quiere poseer todo aquello de lo que se habla. En este caso, el cine le demuestra al mundo una vieja ley que no suele fallar: casi nunca se necesita calidad para obtener popularidad.

Entonces, ¿para qué ver las películas nominadas? La explicación tiene varias razones: una obligación moral, porque, en este caso, Crónicas de calle es un blog en el que se escribe de cine. Inquietud, para estar al tanto de qué es lo que se hace en las películas estadounidenses que tienen como receptores al público masivo. Y ganas, por supuesto, porque cada tanto aparece alguna que otra joya que merece verdadera atención. Pero lo importante pasa por otro lado. Detrás de la red de tendencias que parecen arrastrar a la gente como verdaderos cardúmenes, hay cosas que valen la pena.

De esta camada de films nominados se debe prestar mucha atención a la categoría de documentales (The Act of Killing y Cutie and the boxer son dos joyitas), film de habla no inglesa (The Hunt fue la mejor película del 2013, The Broken Circle Breakdown es otra obra maestra y La gran belleza puede enamorar a varios) y película de animación (hasta ahora fue imposible ver The Wind Rises, del histórico Miyazaki, pero Frozen y Mi Villano Favorito 2 aseguran entretenimiento sólido).

Vota tanta gente (casi seis mil personas) y sus características son tan dispersas, entre actores, directores, productores, publicistas, editores de sonido, ejecutivos y otros, que no hay una verdadera comunión sobre lo que se debe premiar. Los conceptos son demasiado variados. Por esto, también parece lo mejor mantenerse al margen de cuáles pueden llegar a ser las ganadoras. Es una lotería que no tiene demasiado sentido más que para hacer algún que otro juego a través de Twitter.

De las 9 películas nominadas a mejor film hay muchas más decepciones que verdaderos triunfos. Así como el año pasado era fácil proponer la consigna de “Django o muerte” por la obra maestra de Tarantino, en este 2014 todo resulta mucho más complicado. No hay una favorita que haya brillado. Queda el pozo vacante, a la espera de que la próxima vez salgan todos los números.

Nebraska, Alexander Payne. Todo lo que no terminaba de cerrar en Las confesiones del Sr. Schmidt (2002), Entre copas (2004) y Los descendientes (2011) queda finamente sellado y pulido en esta extraordinaria película, la mejor de las nueve nominadas al Oscar. Por su estilo, está filmada en blanco y negro y tiene un ritmo más bien denso y lento, bien del sur estadounidense, es imposible que se quede con la esatuilla. Tampoco tiene el peso necesario que Hollywood requiere para ser declarada vencedora. Todo en esta historia es sencillo, familiar y cotidiano. Hay una forma de mostrar a los personajes que hace que todo luzca como una lección sutil de la vida misma. Woody Grant es un viejo con serios indicios de locura que pretende retirar un premio de un millón de dólares que, en realidad, no es más que una estafa. Su hijo, David, entra en el mismo delirio con el objetivo de cumplir lo que probablemente sea el último gran deseo de su papá. Nebraska es la ciudad donde se dirigen a cobrar el premio. Precisa y contundente. Entrañable. 9/10.

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Captain Philips, Paul Greengrass. No hay que subestimar a esta historia. Este director, que creó al extraordinario súper héroe moderno, Jason Bourne, sabe construir un relato como pocos. Bien podría darle una lección de ritmos, tiempos, espacios y silencios a buena parte de las otras películas nominadas. Cuenta una historia real, la del ataque de piratas somalíes a una embarcación de transporte estadounidense. El vértigo y la adrenalina no desaparecen en más de dos horas de película. La actuación de Tom Hanks (¡ni siquiera fue nominado!) es estremecedora. 8/10.

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Dallas Buyers Club, Jean Marc Vallée. Una película intensa. Ron Woodroof es una enfermo de sida en un pueblo del sur de Estados Unidos. No sólo está a punto de morir sino que es marginado por sus amigos, educados en un ambiente cerrado y discriminatorio. En ese panorama, decide recurrir a todas las posibilidades que tenga para salvarse. Con el tiempo y tras viajar por buena parte del mundo, descubre algunas fórmulas que no terminan de curar la enfermedad pero sí ayudan a prolongar la vida, además de aportar para sentirse un poco mejor. En ese proceso se percibe algún problema de edición: hay una falla temporal en la que cuesta reconocer cómo el personaje principal, Matthew McConaughey (el nuevo actor de moda que tiene el Oscar asegurado), pasa de ser un enfermo a una especie de dealer. Dallas Buyers es el nombre de un club de enfermos de sida que reciben medicamentos a cambio de una inscripción por 200 dólares. Un film valiente y sensible, aunque algo intermitente. Todo indica que Jared Leto, que interpreta a un travesti depresivo que se asocia con Ron, se llevará el premio a mejor actor de reparto. 7.5/10.

Dallas Buyer Club

El lobo de Wall Street, Martin Scorsese. El viejo maestro perdió la puntería. Como le pasó con Hugo, da la sensación de que el extraordinario Scorsese se queda a mitad de camino. ¿Qué es lo que quiere contar específicamente en este film? Porque una crónica de excesos no alcanza para ser una gran película. Y El lobo de Wall Street no parece ser mucho más que eso. Hay cierto desapego, una especie de mirada fría y calculada para contar la historia de Jordan Belford, un especulador de Wall Street que pasó del ostracismo a la riqueza loca y, por último, al pozo oscuro. Son tres horas de película que excitan. La forma de filmar la droga, el talento para mostrar a las mujeres, el tacto para elegir y combinar la música a la perfección. Todo eso permanece intacto en el cine del querido Martin. Pero, a diferencia de Buenos Muchachos, Toro Salvaje, Casino o Los infiltrados, se percibe un vacío grande provocado por las fallas del guión y la narración. Sobre el final,  el relato de Jordan, actuado por Leonardo Di Caprio con la usual solidez, no deja casi nada. Por último, hay secuencias, como en la que él se droga con pastillas vencidas, que no tienen mucho más sentido más que alargar la duración y hacer todo un poco más denso. 6.5/10.

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Escándalo americano, David Russell. Debe haber pocos directores tan sobrevalorados como este. En los Oscar del año pasado, Silver Lining Playbooks recibió elogios que no mereció. En esta película se vuelven a repetir las críticas al igual que las deficiencias. Dos estafadores se ven obligados a cooperar con un agente de la FBI, que los hace meter en el barro de la mafia y la política. A medida que avanzan en el arte de engañar entran en un pozo del que les será imposible escapar. El film plantea una especie de moraleja que tiene que ver con la hipocresía y la mentira. Pero el relato no tiene un verdadero foco: ¿qué es lo que se pretende decir? Es una película grandilocuente y pretenciosa que, en realidad, no tiene peso. 6/10.

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Philomena, Stephen Frears. El valor de no recurrir a los golpes bajos queda reducido ante lo simplón y aburrido. Ése es el principal problema de esta película, que cuenta la historia de una mujer a la que unas monjas con las que vivía le arrebataron a su hijo y, 50 años más tarde, pretende encontrarlo con la ayuda de un periodista. A la prolijidad le falta emoción. A lo correcto lo destruye lo lineal. Philomena deja sabor a nada. El film se anima a sacar algunos golpes a la Iglesia, pero se queda a mitad de camino. Hay algunos intentos de generar algún tipo de risa mientras el relato está a punto de llegar a su punto más denso que no hacen más que empeorar todo. 6/10.

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Gravity, Alfonso Cuarón. Una experiencia fascinante para vivir en el cine. Si el espectador no tuvo la oportunidad de verla en pantalla grande y con un sonido especial, entonces ya no tiene mucho sentido. Es un problema cuando se elogia a las películas por su técnica perfecta, sus efectos abrumadores o su impacto visual. En unos años, no va a tener ningún tipo de valor porque la tecnología que hoy sorprende va a quedar vieja (algo parecido pasó con Avatar). La risa de buena parte del público durante la última secuencia de la película debería ser la verdadera sentencia para calificar a esta obra. Si la historia no es sólida, si el guión no convence y produce efectos como las carcajadas en momentos que deberían ser de angustia y tensión, algo anda mal. 5.5/10.

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Her, Spike Jones. Una historia de amor entre un hombre y una máquina. Una moraleja barata que indica que el mundo tiende a individualizarse. Entre computadoras cada vez más inteligentes, la gente parece estar cada vez más sola y aislada. Es lo que le pasa a Theodore (¡ya es hora de que la Academia deje de ignorar a Joaquín Phoenix, el mejor actor de su generación!), un escritor que, tras separarse, no le encuentra mucho sentido a la vida. Su relación con una máquina programada que habla como una persona lo hace volver a sentirse feliz. ¿Es posible sentirse bien con algo que habla, escucha, respira y siente como una persona pero no tiene cuerpo? No queda claro si el film pretende hacerse esa pregunta o simplemente contar un cuento de amor en un contexto de un futuro no muy lejano. La película deja muchas cosas en el aire, cuesta introducirse en el relato. 5/10.

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12 años de esclavitud, Steve McQueen. Sería uno de los papelones más grandes de la historia del cine que esta película gane el Oscar. McQueen se da un baño de grosería y provocación absurda para contar un relato de esclavos que todos ya conocen salvo por los detalles que aquí resultan nuevos aunque no aportan nada bueno: cómo gritaban los negros tras ser golpeados, cómo se les arrancaba la piel mientras eran azotados, cómo se abusaba de ellos en los campos de algodón del sur de Estados Unidos (todo muy parecido a La pasión de Cristo, de Mel Gibson). Debe haber algo torcido y sin resolver en esa sociedad para que un film como este, burdo y de mal gusto, tenga un impacto tan grande. Solomon es un músico negro libre que es secuestrado y vendido como esclavo. Su viaje será sólo de tristezas, lecciones baratas y sadismo innecesario. 3/10.

12añosdeesclavitud




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  1. Edu

    Parece que la peor predicción se cumplió: ganó 12 años. Y el Lobo de Wall Street y Captain Philips merecían algún premio por sobre otras películas, lamentable.

    • Lucas Bertellotti

      Sí, fue horrible que 12 años se haya quedado el premio como mejor película. Como leí en Twitter, es la “Crash” de este año. Políticamente correcto porque hablaba de la esclavitud. En general, fue una premiación muy anticipada y sin sorpresas, salvo la de mejor documental, que parecía asegurado para The Act of Killing y quedó para 20 Feet From Staredom. Muchas gracias por el comentario, saludos.

      • poli alais

        Para mi fue una sorpresa q no haya ganado leonardo di caprio. Igualmente estoy contenta por el ganador, me parece q hizo un gran trabajo. Tambien me divierte un poco que salga de lo predecible!
        Muy buen blog!

        • Lucas Bertellotti

          Muchas gracias por el comentario, Poli. De Matthew McConaughey: lo que hace en True Detective, la última serie de HBO, es mucho más impresionante que lo que hizo en Dallas Buyers Club, aunque tampoco está mal. A Di Caprio ya le llegará el premio, lo merece. ¡Saludos!


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