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    La última desfachatez de los hermanos Coen: balada de un talentoso sin estrella

    insidellewyndavis

     -¿Alguna vez pensás en el futuro?

    -¿Te referís a autos voladores y hoteles en la luna? ¿O te referís a mudarte a las afueras de la ciudad y tener hijos?
    -¿Eso es algo malo?
    -Si eso es lo que significa la música para vos, un medio para llegar a ese lugar, entonces sí, es un poco ambicioso, cuadrado y algo triste.

    Parece conocerlo todo sobre el oficio. Tiene una voz sensible y algo rasposa. Toca la guitarra con sabiduría. Sus letras resultan maduras y profundas. Pero, después de escucharlo durante una canción, un importante productor de Chicago le dice: “No veo mucha plata acá. Estás bien, no estás verde. Mirá, estoy poniendo a trabajar un trío, dos tipos y una cantante. No serás primera escena, pero si podés rebajar eso y alejarte del sol, quizás puedas ver cómo tu voz funciona con las otras dos”. Con esa sentencia, a Llewyn Davis se le termina de romper el corazón. Es un talentoso que no tiene estrella. Le falta algo para que otros lo vean como un distinto. Es uno bueno, pero del montón.

    Joel y Ethan Coen son los más grandes desfachatados del cine estadounidense contemporáneo. No tienen miedo de presentar a un personaje perdedor, sin atractivos físicos ni intelectuales. Maltratan a su antihéroe como si fuera su peor enemigo. Esa sinceridad para filmar los hace distintos. Esa manera de ser diferentes los eleva como autores de obras maestras como su última película, Inside Llewyn Davis.

    En 1961, Greenwich Village está lejos de ser un barrio de moda de Nueva York. Ahí viven músicos, pintores, y algún que otro escritor que todavía no llegó a publicar nada. Todo tipo de artistas que todavía no alcanzan la fama, marginales. Hay edificios con escaleras interminables y pasillos demasiado angostos. Gente pobre que se las rebusca con alguna que otra actuación o venta de una obra. Llewyn Davis (Oscar Isaac, sólida actuación) es uno de ellos. No tiene un lugar para vivir. Duerme de sofá en sofá en diferentes casas de amigos. En el ambiente se percibe una especie de revolución cultural. Se sienten las ganas de cambiar. Dejar atrás lo tradicional. Abrazar lo nuevo. Esquivar la mezquindad de la sociedad. Desatar la furia. Él quiere subirse a ese tren de locos soñadores que cantan sus verdades a bares con no más de 20 o 30 personas que pasan el rato mientras toman una cerveza o fuman marihuana.

    Queda claro que cada vez resulta más difícil justificar a los Oscar (12 años de esclavitud es quizás la peor ganadora de la historia de los premios), pero el hecho de que esta película no haya ingresado entre las nominadas resulta un absurdo. El film tiene una calidad superior a prácticamente todo lo que hoy puede ofrecer Hollywood. No hacen faltas grandes situaciones ni un drama barato para hacer algo bueno.

    Una dirección simple y nada pretenciosa (decidieron mostrar la película con un ratio de 1.85:1, por lo que la imagen no ocupa todo lo ancho de la pantalla del cine) les alcanza para atraer y darle ritmo a un relato que no tiene momentos intensos. Como en Loco corazón, Once o The Broken Circle Breakdown, la película es la combinación perfecta entre la música y el cine. Hay una sensibilidad extra cuando se cuenta la historia de personajes que aman cantar o tocar un instrumento. La historia se cuenta bajo un contexto de tristeza y melancolía.

    Inside Llewyn Davis hace un retrato perfecto de un perdedor innato que ni siquiera tiene fuerzas para remar contra la corriente. Ya no quiere bracear. Sólo pretende dejarse llevar. Ceder. Llewyn termina su presentación y se dirige hacia afuera del bar mientras un joven Bob Dylan sube al escenario con una guitarra y una armónica. Suena Farewell. Él sólo llega a mirar de reojo por unos segundos la actuación. Y se va para empezar a existir. Simplemente existir.

    Hacía tiempo que los Coen merecían un lugar en Crónicas de calle. Acá, una breve selección con algunas de sus mejores películas. A esta altura, son completamente indiscutidos.

    Arizona baby (1987). Una comedia simpática y entretenida, pero una película mucho menor comparada a lo que iba a venir después. Probablemente haya funcionado como una especie de escalón. Historia conocida y repetida, de un ex convicto (Nicolas Cage, cuando era un actor que prometía algo mejor del desastre posterior) que pretende escapar de su pasado pero cada decisión lo sumerge más en el mundo de lo prohibido. Diez minutos alcanzan para entender el tono moral y rítmico de la historia. Los hermanos Coen se preocupan por hacer divertir. Y no lo hacen para nada mal.

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    Miller´s Crossing (1990). Fina y cruel brutalidad. Alcohol, mujeres, golpes, armas y rotura de códigos en épocas de la ley seca. Cine negro, según los Coen. La película, de gangsters que hasta este film se habían mostrado como brutos e ignorantes, tiene diálogos fascinantes e inteligentes, aunque por momentos cae y se vuelve un poco irregular. La actuación de Gabriel Byrne es superlativa. Y, claro, se produce el debut de John Turturro en la filmografía de los hermanos.

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    Barton Fink (1991). Una película extraordinariamente loca. En esta historia, todo está en los tiempos y los detalles. ¡Ay, los silencios! ¡Uy, esos ruidos! El relato se hace lento y tedioso. Y resulta fascinante. Barton Fink (Turturro, en la gloria) está en una sucia habitación de hotel mientras no puede inspirarse para escribir. Pero resulta que lo que le pasa suena como si fuera parte de algún extraño sueño. Repleto de guiños a la industria del cine y burlas a diferentes clichés. Con sólo pensar en el film parece sentirse el calor de California en verano, donde Barton se pregunta una y otra vez si no está en un lugar parecido al infierno. Ganó la Palma de Oro en Cannes merecidamente.

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    Fargo (1996). ¿La película más perfecta de la filmografía de los hermanos? En Fargo está todo: el ritmo ideal, la dirección inigualable, los diálogos precisos, las actuaciones sólidas. No hay puntos que no sean fascinantes en esta historia, de criminales perdedores y policías de pueblo excesivamente comunes. Por este film los Coen comenzaron a convertirse en directores de culto. Y con justicia. No debe haber muchos relatos más sólidos que este. Quizás sea en este film donde la música elegida comienza a lucirse como nunca antes. El responsable es Carter Burwell, creador de todas las bandas sonoras y pilar clave en esta historia.

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    El gran Lebowski (1998). Una de las partes que los Coen más disfrutan mostrar: el costado bizarro. Personajes completamente marginales y fuera de lo establecido como “normal”. A Lebowski le gusta tomar whiskey y jugar al bowling. ¿Y qué? En esta película están todos esos actores extraordinarios que le dan (o dieron) vida al cine de Estados Unidos: Philip Seymour Hoffman, John Goodman, Steve Buscemi y Turturro, claro. Un dream team para una película tan loca como extraordinaria. De esta historia se generó una religión. De culto de verdad.

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    O Brother! (2000). La lección más grande de cómo reírse de lo absurdo. Repaso del sur de Estados Unidos, racista, discriminador, conservador y atrasado, en un viaje fascinante de tres convictos que escapan de la cárcel para salvar sus vidas y conseguir una supuesta fortuna perdida en algún lugar. Pero, ¿dónde van a estar más seguros? ¿Adentro o afuera? La música es fascinante (qué tema inolvidable, por favor). Quizás sea el único papel de George Clooney más o menos digno. La Gran Depresión. El ku klux clan. El blues. El folk. Los negros. Los blancos. La política. Un viaje que remite a La Odisea de Homero en una road movie para coleccionar.

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    El hombre que nunca estuvo allí (2001). La introducción de esta película, cuando el peluquero interpretado por Billy Bob Thornton habla en off mientras se ve el funcionamiento de su lugar de trabajo, debería ser enseñada en todas las escuelas de cine del mundo. El blanco y negro hace diferente todo. La película mantiene el ritmo y cuenta una historia repleta de suspenso y detalles interesantes. Después de esos primeros cuatro minutos no queda nada para decir.

    el hombre que nunca estuvo

    No es país para viejos (2007). La cacería mejor filmada de la historia, quizás. Un villano inolvidable, completamente desquiciado y atractivo por donde se lo mire. Javier Bardem hace magia en el personaje de un loco que usa una especie de compresor como arma letal. Algunas secuencias de esta película quedarán en las páginas sagradas, como la del perro y Llewelyn Moss (Josh Brolin), el héroe que pretende quedarse con una pequeña valija repleta de plata. Para muchos, la gran consagración de los Coen. El film se quedó con el Oscar y ellos ganaron el premio a mejores directores. Cine puro.

    nocountryforoldmen

    Un tipo serio (2009). No hay que dejarse llevar por la sensación general pública que tuvo esta película: es una gran joya. Larry es un judío del sur de Estados Unidos. Familia tipo: mujer infiel, hijo que fuma marihuana para alejarse de todo y niña adolescente con preocupaciones bastante bobas. Él es un tipo serio, moral, preocupado por lo que está bien y lo que está mal. Pero el mundo de Larry comienza a desmoronarse. Y las paredes éticas se destruyen por completo. La película tiene un inicio extraordinario y un final apabullante. En el medio, una mezcla de crónicas de un tipo común, con delirios de religión y sueños a lo Fellini versión surrealista.

    aseriousman

    True Grit (2010). Una película que recibió críticas negativas. Pero, ¿alguien vio un western de este nivel en los últimos quince o veinte años? Probablemente no. Open Range, de Kevin Costner, quizás. Pero no mucho más. Por eso, esta remake (aunque los Coen hayan negado que sea eso) levanta el género y lo hace revivir por un tiempo. El film no está en la misma altura de los grandes títulos de esta pareja pero, de todas maneras, es una apuesta convincente con el sello garantizado de los hermanos: saben lo que quieren contar y cómo. Narrativa pura.

    True Grit




    There are 5 comments

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    1. martin lotero

      en este camino nuevo que emprendo a partir de ahora como crìtico de cine, me emociono al ver comentarios como el tuyo acerca de esta película, y de que seamos colegas, luego de ver como los principales diarios de Capital bastardearon esta película, sobre todo Porta Fouz con su venenosa y con mala leche comentario, tu crìtica y análisis de la película que comparto plenamente, demuestra tu lucidez, franqueza y gran sensibilidad para apreciar verdaderas joyas como èsta, que bueno, que no estemos solos en esta senda de la inteligencia y la emoción, que sigamos sumando gente que claramente exprese sus opiniones y comentarios y que estos sean verdaderamente genuinos y no productos de oscuros intereses como en el caso de estos grandes medios que si bièn calificaron de buena película hacen una crìtica negativa sin fundamento, y con la sospecha de que fueron llevados a hacer eso no por iniciativa propia, sino por orden editorial-cinematográfica, y despùes se dicen medios independientes, pero bueno, las paradojas de la Argentina, valoro mucho tu opinión, porque la película me gustò mucho, porque considero que los Hermanos Cohen son un baluarte del cine independiente americano, tan lejos de las modas està este genial tándem de directores, y su fuerte apuesta por un cine para pensar, es un riesgo para los tiempos que corren, y concido en lo que decís acerca de 12 años de esclavitud, no puede ganar el Oscar a la Mejor Película, pero Porta Fouz y Diario La Nación, si le pusieron regular a esa película, porque le ponen tantos reparos a Balada de un hombre común, no lo logro entender, en fin, tu crìtica de esta película es un verdadero ejemplo de como se debe hacer el análisis de una película y a mì que soy músico me tocò hasta la mèdula, y sentí una gran emoción y empatìa con el personaje principal, sus avatares para lograr hacerse camino en el mundo discográfico, su honestidad, sus principios, te mando un abrazo!!
      Martìn Lotero.

      • Lucas Bertellotti

        Muchas gracias por el comentario, Martín. Está bueno que dentro del texto hagas saber tus propios argumentos. Por lo de Porta Fouz, no me enoja que no le haya gustado la película y, la verdad, no veo mala intención en su crítica. De todas maneras, hace un rato largo que cuestiono la falta de originalidad y credibilidad del periodismo especializado.
        Un abrazo,

    2. martin lotero

      està bueno que si a alguien no le gusta un director lo haga saber, porque de eso se desprende y deduce en consecuencia lo que se va a decir despùes, hay juicios a priori positivos y negativos, que determinan una crìtica, y siempre hay algo a priori, nunca vamos al cine a ver films como màquinas robotizadas desprovistas de subjetividad, yo estoy de acuerdo en que nadie es infalible de un juicio negativo aunque sea famoso o tenga una trayectoria artística innegable y destacable, muchas veces ese debate surge no solo con directores como los Hermanos Cohen sino también con el famoso Woody Allen, pero si Los secretos de Harry es inferior a Crímenes y pecados, eso no habla de mal de Woody, es como decir que la Sinfonía 2 de Beethoven es inferior a la 9, si todas las sinfonías de Beethoven fueran como la 9, estaríamos en presencia de Dios, y el hombre no es perfecto, tiene aciertos y errores, comparemos a Los secretos de Harry con La familia de mi novia, y va a salir airosa de la comparación pero no usemos dos o màs películas de un mismo director para compararlas entre sì, y detractarlo, es como usar su propia medicina para clavarle un puñal por la espalda, y subirse a la fama de estos artistas conocidos y respetables para como crìtico permitir que te conozcan alguien màs que tus hermanos y tus padres, también uno podría decir de esta gente, Que valientes, se atreven con los Hermanos Cohen o Woody Allen y no les tiembla el pulso, pero si lo hacen por eso, solo es una fachada de rebeldía, falsa y solo de apariencia, si lo hacen sinceramente porque realmente algo no les gustò de alguien respetable y conocido, y quieren expresar sus argumentos en contra, ahí lo respeto, pero como decía Lennon, en una de sus canciones, ya no creo màs en nadie, ni en Buda, ni en Los Beatles, ni en los críticos, solo creo en mì, y eso que soy un crìtico, y verdaderamente ya no creo en las buenas intenciones de nadie, y lo que puede parecer suicida para alguien que recién comienza en la rosca mediática, es mi máxima señal de fortaleza, porque si me callo cometo la peor injusticia de mi vida. abrazo!!!
      Martìn.

        • martin lotero

          no la vì, esa era de Costa Gavras no? muy mal director para hacer ficciones con temas no testimoniales, véase, la para mì deplorable película La corporación, donde se suceden interminables y monótonos asesinatos por parte del protagonista para dejar en el camino a sus supuestos competidores y acceder al puesto en una empresa, me dormí con esa película, la que salvò las…….a este director fue la tremendamente bella Irene Papas y el inefable Anthony Queen. saludos!!!!


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