El gran hotel Budapest: el encantador cine artificial de Wes Anderson

elgranhotelbudapest

“Quiero tratar de no repetirme. Pero al parecer lo hago continuamente en mis películas. No es algo que me esfuerce por hacer. Yo sólo quiero hacer películas que sean personales pero interesantes para una audiencia. Siento que recibo críticas por colocar el estilo encima de la sustancia, y por los detalles que se atraviesan en el camino de los personajes. Pero cada decisión que tomo es la manera de sacar adelante a esos personajes”.

En varios momentos de la película dan ganas de detener el cuadro. Como pasa con la gran mayoría de las películas de Wes Anderson, la sensación que deja es la de la intención de frenar para disfrutar un poco más de las imágenes y saborear la calidad de los detalles. En El gran hotel Budapest, esa percepción se siente mucho más intensa que en otras películas del mismo director. Es lo diferente de su cine. Hace que todo se vea encantadoramente distinto.

Aunque sería un grave error calificar a Wes Anderson sólo por la exquisita manera de filmar, queda claro que es uno de sus sellos. Pero atrás de esas estudiadas y perfectas maquetas o cajas de cristal que suele mostrar hay mucho más. Aunque quizás El gran hotel no sea el ejemplo perfecto, es evidente que este director trasciende barreras y, a su manera, impone pensamientos y temas complicados. Nada de liviandad, aunque a veces el absurdo engañe un poco: el suicidio, el incesto, el amor, el deseo sexual, las adicciones y la depresión son algunas de las cuestiones que se establecen en las ocho películas del director.

Con El gran hotel Budapest no abandona la permanente sensación de melancolía, aunque pone el foco en otras cuestiones. Es una película que se basa en la particular historia de amistad entre M.Gustave, conserje del famoso y exquisito hotel comunista, y Mr. Moustafa, su fiel “Lobby boy” al que le puso como apodo “Zero (0 educación, 0 familia, 0 idiomas)”. El contexto de esa relación se cuenta a partir de un verdadero relato de aventura.

Gustave se ve incriminado en un caso en el que no tiene nada que ver. Su amigo, Zero, buscará ayudarlo mientras se enamora perdidamente de Agatha, una chica con un tatuaje del mapa de México en la cara que también trabaja en el hotel, en la pastelería. El ritmo del relato es acelerado y constante, aunque tanto vértigo genera una especie de saturación que le quita fuerza a la película. El relato tiene algunos altibajos y producen que el seguimiento sea algo denso y repetitivo. Hay, por supuesto, personajes locos que aparecen por un par de minutos y le ceden la pantalla a otros. Están prácticamente todos los actores referentes de la filmografía de Anderson, desde Bill Murray al gran Jason Schwartzman (excelente ilustración homenaje). Momentos mágicos que duran un suspiro.

Queda claro que El gran hotel no es la mejor película de Anderson. La razón es simple: lo encantador de las formas sigue vigente, pero falta la emoción, algo que consigue en varias otras películas. Parece lógico establecer que por el cine que propone, tan artificial (no hay lugar para la improvisación, todo está finamente calculado) y estudiado, no pueda romper con algunas barreras de la sensibilidad. Pero eso no siempre puede ser una desventaja. Este director tiene absolutamente todo a favor: es el marginal de Hollywood. Rompe con lo establecido y lo hace mejor que nadie. Juega y se anima.

Tiene 44 años y varias obras imprescindibles, aunque todo parece indicar que la gran obra maestra todavía no llegó (para conocerlo un poco más, su selección de los 10 mejores títulos de The Criterion Collection). Él lo hizo posible. Se convirtió en un director de culto, de esos que hacen que su nombre anteceda al título de la película: “¿Che, vamos a ver la nueva de Wes Anderson?

Bottle Rocket, 1996. Un primer paso con algunos altibajos pero con una enorme cuota de personalidad y sello propio. A los 27 años, se plantó en el mundo del cine con varias de las premisas que más le gustaría mostrar en el futuro. También fue el debut de los hermanos Wilson (Luke y Owen, con quien Anderson fue compañero y amigo de la secundaria), que participaron en el guión. Es una historia de ladrones perdedores, de un amor no correspondido, de personajes con personalidades desquiciadas. Por momentos, recurre a un vicio que se repetirá en algunas películas en el futuro: el exceso del sinsentido. Lo mejor de este talentoso director es cuando encuentra la combinación perfecta entre lo absurdo y lo profundo. En este primer intento, lo logra a medias. Divertida y ágil.

bottlerocket

Rushmore, 1998. Todas las inconsistencias que había en Bottle Rocket quedan en el olvido en Rushmore, una película que cierra por todos lados. En este extraodinario film, Anderson le quita algo de importancia a la búsqueda de planos más bien artificiales para darle vida, espacio y tiempo a un personaje inolvidable como Max Fisher (Jason Schwartzman, fabulosa actuación), estudiante secundario de una escuela elitista, Rushmore, en la que no encaja. Tiene dos vidas: la del fingidor que lidera todo tipo de actividades extracurriculares y la del hijo del peluquero. El relato de Rushmore es el camino de Max hacia su propio encuentro. En el medio, una tierna aunque por momentos confusa historia de amor entre una maestra y un papá de chicos consentidos y gritones (Bill Murray, uno de los pilares en el cine andersiano) que van a esa institución (¿hay una declaración de principios en mostrar a los ricos como personas poco interesantes y sin ningún tipo de desafíos?). En esta película aparece una de las grandes virtudes de este director: la evidente sensibilidad para elegir música. Suenan temas como Here comes my Baby y The Wind, de Cat Stevens, I am waiting, de Los Roling Stones, Oh Yoko, de John Lennon, o Mes Reves, de Django Reinhardt. Todo es genial en ese film casi perfecto.

rushmore

Los excéntricos Tenenbaums, 2001. Probablemente el paso de grandeza de Wes Anderson. Lo que insinuó en Bottle Rocket y perfeccionó en Rushmore lo hizo grande en este film. Estiró la cantidad de historias bajo un hilo en común: el permanente remordimiento, la nostalgia inherente y el desgano por una vida que no tomó los rumbos deseados, probablemente por pertenecer a una familia demasiado fuera de lo común. La magia de la música otra vez se distingue como pocas veces (secuencia inolvidable: suena Look at me, de Lennon, mientras Margot y Richie cruzan miradas; acá una selección con las mejores elecciones musicales de la filmografía). Personajes únicos, estética cuidada y personalizada. Melancolía gris.

tennembaum

Vida acuática, 2004.  En esta película, Wes Anderson demuestra que no tiene límites de imaginación. Vida acuática rompe con lo que antes resultaba sorprendente y atractivo, con algunos planos fuera de lo habitual o personajes poco comunes. En esta película, lo ordinario no existe. Todo llama la atención. Desde la casa en el mar de Steve Zissou (Bill Murray, otra vez estrella y figura), donde viven un par de orcas en una enorme pileta, hasta el barco y sus detallados y perfectos compartimentos. El viaje de revancha de la tripulación, en la que va a buscar a un monstruoso animal que mató en el océano a uno de los históricos integrantes del equipo, es una agradable crónica de diversión y locura. Una línea aparte para el personaje de Pelé dos Santos, el brasilero que trasladó las canciones de David Bowie a un enamoradizo estilo bossa nova. Qué genialidad.

vida-acuc3a1tica

Viaje a Darjeeling, 2007. Un año después de la muerte de su padre, tres hermanos viajan a la India en un tren con la intención de generar lazos y cicatrizar viejas heridas. Cuando el arte de filmar queda expuesto como en ningún otro caso. Como la mayoría de la película es en un tren, el ingenio de Anderson se exprime de manera sorprendente a la hora de encontrar ángulos que parecían imposibles de ubicar. El relato tiene el absurdo habitual, pero el condimento de que se sitúe en la India hace todo un poco más raro y divertido. Adrien Brody, Jason Schwartzman y Owen Wilson generan un trío infalible. Queda claro: el exceso de buscar tantos recursos le quita algo de emoción a la historia. Algunos tildaron de menor a la película, pero no parece una apreciación justa. En la filmografía de Anderson no hay films menores.

darjeelinglimited-still

Fantastic Mr. Fox,2009. Aunque hay algunas imágenes sorprendentes, la película -de animación- no termina de convencer. Suena todo demasiado exagerado en esta historia, basada en una novela del británico Roald Dahl, de un zorro pícaro y aventurero capaz de priorizar sus andanzas sobre la seguridad de su propia familia. Quizás sea por una cuestión de ritmos o por la forma en la que se eligió mostrar las animaciones (por momentos, los dibujos enamoran y atrapan y por otros parecen demasiado burdos y exageradamante exagerados), pero hay algo que no termina de convencer. Falta un foco, más allá del interesante retrato del viejo zorro.

mrfox

Moonrise Kingdom, 2012. Una historia de amor entre dos chicos. ¿Existe el amor entre chicos? Es una de las preguntas que parece plantear Anderson, que con esta película vuelve a mostrarse como un director distinto a la hora de filmar pero también sensible para contar algo específico y sin irse de tema. Cada plano luce lindo y perfecto, por lo que cada tanto suena algo artificial pero no por eso menos emotivo. La habitual locura de los personajes del director queda reducida de manera brillante a dos soñadores entrañables como Susy y Sam. A la altura de las grandes.

moonrisekingdomIsla de perros, 2018. Wes Anderson plantea en la maravillosa y fascinante Isla de perros un desafío muy serio: con esta película, le jura al mundo que nunca recaerá en las repeticiones. Promete que siempre será versátil. Asegura que lo suyo es la innovación. Fomenta que solo le interesa la reinvención. Estima que lo de él es la sorpresa. Entiende que solo vale arriesgar.

Esta película de animación se le puede plantar mano a mano a cualquiera de Studio Ghibli, Pixar o Cartoon Saloon, el estudio que en los últimos tiempos se destaca como vanguardista.

Si en Bottle Rocket, la primera película de Wes Anderson, se observaba a un cuidadoso director, la evolución es evidente. Isla de perros está pensada desde la cabeza de un obsesivo, perfeccionista y detallista. De un tipo que pretende hacer una obra maestra. Y la consigue.

Es un viaje fascinante en el que el relato va pegando desde todos los costados.

La historia está muy bien: en Japón, los perros son exiliados a una isla por una supuesta gripe contagiosa. Un dictador que pretende enfocarse en un enemigo (en este caso, el supuesto mejor amigo del hombre), que cuenta con esta especie de campos de concentración y un permanente uso de los canales de comunicación a su disposición. Una resistencia valiente. Un grupo de perros inolvidables. Y un chico que va contra todo.

Técnicamente, una locura. El gran mérito de Wes Anderson es haber arriesgado en la animación (Fantástico Mr. Fox, su otro intento, quedó al menos dos pasos más abajo) como forma de narración. Es lo que tiene este formato: el cielo es el límite. Y para Anderson no hay cielo que valga. Desde el primer segundo al último, cada plano es un regalo, una nueva sorpresa.




There are 2 comments

Add yours
  1. Oscar 2015: lo importante de que gane Boyhood | Crónicas de Calle

    […] El gran hotel Budapest, Wes Anderson. La nominación parece más un reconocimiento al director (en el top 5 de la actualidad) que otra cosa. Porque esta película no está para nada mal, pero no entra en lo mejor de Wes Anderson. Es un film que se basa en la particular historia de amistad entre M.Gustave, conserje del famoso y exquisito hotel comunista, y Mr. Moustafa, su fiel “Lobby boy” al que le puso como apodo “Zero (0 educación, 0 familia, 0 idiomas)”. El contexto de esa relación se cuenta a partir de un verdadero relato de aventura. El ritmo es acelerado y constante, aunque tanto vértigo genera una especie de saturación que le quita fuerza a la película. Hay algunos altibajos que producen que el seguimiento sea algo denso y repetitivo. Hay, también, algunos momentos mágicos que duran sólo un suspiro. Acá, un repaso más amplio por la película. […]


Post a new comment