Periodismo de alto vuelo

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Tenía once años y vivía en Nueva Jersey. No le gustaba ir al colegio. Odiaba matemática, lengua e historia. Le disgustaba rendir pruebas y prefería no ver a la maestra. Sólo disfrutaba de una cosa: observar. Quería saber sobre su profesora y sus compañeros. Pero también sobre la tiza, el pizarrón y el borrador. Miraba por la ventana y veía historias por todos lados. A los 16 años, su papá, que era sastre, le hizo un traje al director del diario semanal de su pueblo, Ocean City. Y le dijo: “Mi hijo es muy curioso”. El editor le contestó: “Bueno, que me muestre lo que escribe”. Entonces, se puso a hacer crónicas sobre sus compañeros. A los pocos días, logró que su nombre apareciera en el periódico. No le importaba si sus calificaciones eran malas, Gay Talese sólo quería publicar en el diario del pueblo.

Hay periodistas que nacen y mueren periodistas, como Gay Talese. Hay otros que sólo se dedicaron al periodismo para subsistir. Su arte era el de la literatura y la ficción. Pero ese paso dejó una huella. Hemingway soñaba con ser escritor pero mientras tanto dejó algunas crónicas maravillosas. Capote pensaba en la gran novela americana cuando inventó el género de no ficción. Otros pensaron que el periodismo podía ser una vía de militancia. Rodolfo Walsh denunció a la Revolución Libertadora con valentía y calidad. Operación masacre es la obra maestra del periodismo argentino. Otros, como Gunter Walrraff, decidieron convertirse en protagonistas de la historia que querían contar. Diferentes estilos y características, un hilo en común: el periodismo de alto vuelo.

En el día del periodista, Crónicas de calle repasa los mejores libros del género.

tapa almohada 6a ed_ARG copyEl libro de la almohada, Sei Shonagon. Historia de una dama imperial japonesa del año 1000 que se convirtió en periodista. Respetada, inteligente y cultivada, Shonagon retrata desde adentro al mundo imperial, un círculo al que podían acceder pocos. La presentación puede resultar poco atractiva, pero nada de eso. Su forma de escribir se llama “Zuhitsu”. Significa “como va el pincel” y está asociado a las palabras “sois” (apuntes sueltos) y “nikki” (diario personal). Las anécdotas que describe son divertidas y pintan una realidad asombrosa. Por momentos, reflexiona sobre las realidades de su vida y genera ensayos muy lúcidos. Otras, se obsesiona por describir una especie de catálogos de nombres de plantas, pájaros o flores. Escribe listas de cosas que le dan vergüenzas o situaciones tranquilizadoras. Un libro imprescindible con una edición preciosa de Adriana Hidalgo.

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Las verdes colinas de África, Ernest Hemingway. Él quería ser escritor. Pero, como al principio no le alcanzaba para vivir, se descargó con alguna que otra crónica. La mejor, no hay dudas, es este libro. Con la fluidez que lo caracteriza, el estadounidense retrata algunos días de caza en África. Su forma de escribir transmite sensaciones únicas. Su prosa, sencilla, de frases cortas y diálogos inmejorables, genera emoción y ganas de no abandonar la lectura. Es demasiado fácil sentir la respiración del león al que está a punto de dispararle o los posibles gestos del hombre de alguna tribu africana que lo acompaña. La tensión y excitación de la actividad queda perfectamente retratada. El safari de Hem, entre coqueteos con su mujer, celos con sus compañeros de caza y competencia por demostrar quién es el mejor de todos, es verdaderamente apasionante. De este libro también hay otra hermosa edición. Esta vez, de Luis de Caralt.

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Aguafuertes porteñas, Roberto Arlt. De pie. El primer distinto del periodismo argentino. El hombre con una cabeza diferente y adelantada a los de su generación y a muchos más que iban a venir. El que se obstinó en retratar la calle y sólo pasó por la redacción para cobrar el cheque de fin de mes. Arlt era un periodista de sangre. Sabía, entendía, percibía y creía que a las historias hay que ir a buscarlas. Hay una anécdota de él imposible de olvidar. Dicen que un día llamó a su amigo Córdova Iturburu y le contó: “Estoy acá con unos ladrones tomando un café. Tenés que venir, dicen cosas sensacionales”. Arlt escribe sobre Buenos Aires para hablar sobre el existencialismo. Como Dostoievski, su gran referente, cree en lo vacío de la vida. Es el antihéroe más grande de la literatura argentina.

 

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A sangre fría, Truman Capote. Probablemente la obra más sólida y convincente de la historia del periodismo. Si pudiera robarle el talento de escritura a alguno de los autores que están en esta lista, sería a él. Esta novela de no ficción, género que inventó Capote, lo tiene todo. Reconstrucción, entrevistas, investigación. Un crimen atrapante contado desde todos los focos. El primer libro que un estudiante de periodismo debería leer. Después de eso, lo más posible es que no quiera dedicarse a otra cosa. Es imposible olvidar a la inocente familia Clutter como a los criminales mejor retratados de la historia, Dick Hickcock y Perry Smith (Capote visitó los varias veces en la cárcel). El escritor se mantiene ausente en el relato pero está ahí, como un fantasma. Revolotea en Holcomb, el famoso pueblo de Texas donde se produce el crimen, como un fantasma que lo sabe todo.

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Música para camaleones, Truman Capote. Dos joyas dentro de un libro único. Por un lado, el retrato sobre Marilyn Monroe. El escritor se divierte, transmite sabiduría y derrocha ironía. Empequeñece a la actriz más famosa del mundo con sus caprichos, falta de equilibrio y aires de diva. Por otro lado, tiene un relato que tiene alguna semejanza con A sangre fría. “Ataúdes tallados a mano” es un escalofriante relato sobre un crimen. Una joyita.

 

 

 

Rretratosetratos, Truman Capote. ¿Es el perfil que escribe sobre Marlon Brando el mejor de la historia? Es muy posible. El duque en sus dominios es todo. Capote saca a relucir magia cuando pinta al que por aquel entonces era el actor más popular. Brando está completamente loco. En un exótico hotel de Kioto, el escritor retrata una estrella como un terco, egocéntrico y poco atractivo hombre. Una verdadera genialidad. La clave del estadounidense, queda claro, es que el personaje que va a retratar no se sienta en ningún momento en una entrevista. Capote solía hablar mientras compartía una copa, fumaba y se sentaba de manera relajada. Se dijo que, después de leer el relato, Brando se enfureció y lo quiso buscar para golpearlo. El genio del escritor estaba sobre todas las cosas. Es probable que viviera en el mundo de la farándula sólo para contar sus historias. Capote no quiere más que escribir.

walshOperación Masacre, Rodolfo Walsh. Un mazazo en la cabeza. Este sería el segundo libro que le daría a un estudiante. Parece que ahora está de moda copiar alguna de sus frases en las redes sociales y referenciarlo como una posible bandera del periodismo. Es un lugar que tiene bien ganado. Dan ganas de llorar después de leer Operación Masacre. Por la historia. Por la valentía del periodista en investigar un caso así. Walsh retrata a una sociedad con miedo, escribe historia. Muchos alegan que fue la primera obra de no ficción de la historia; sí, es una apreciación correcta desde el punto de vista cronológico pero, en realidad, la influencia de esta historia no puede ser comparada con la de A sangre fría, un libro que tuvo repercusión mundial. Operación Masacre es la gran obra maestra del periodismo argentino, pero no trascendió tantas barreras como la obra de Capote. El violento oficio de escribir es otro extraordinario libro de Walsh. Su recopilación de crónicas está un paso más arriba que sus otros dos intentos de novela de no ficción, ¿Quién mató a Rosendo? y Caso Satanowski.

panzeriDirigentes, decencia y wines, Dante Panzeri. El Dante no puede quedar afuera de ninguna lista de periodismo. Su filosofía debería ser copiada en la actualidad: el oficio necesita más opinión y anticipación, debe hacer valer su supuesto conocimiento y lucirlo. La tibieza le hace mal a la profesión. La objetividad es un valor que en esta historia no corre. En esta edición hay notas de alto vuelo. Fútbol, dinámica de lo impensado es su gran libro pero esta publicación es mucho más completa y da una idea más general de lo que significa Panzeri.

 

 

 

wallraffCabeza de turco, Gunter Wallraff. Otro que cambió la historia. Walrraff creó una nueva forma de hacer periodismo. Se convirtió en parte de sus relatos. Se hizo pasar por un obrero para poder contar mejor cómo es tratada esa clase. Se disfrazó de trabajador de Mc Donald´s para contar la manera en la que funciona la cadena de hamburguesas. Un libro fascinante que no luce por la escritura pero sí por lo arriesgado y diferente al resto. En los relatos, el alemán es en todo momento narrador y protagonista. Combina diálogos con vivencias, aunque nunca sale del personaje. Él es siempre Ali Sinirlioğlu, un simple y desdichado inmigrante turco.

 

 

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Retratos y encuentros, Gay Talese. El proceso con Talese es muy fácil. Hay que leer “Sinatra está resfriado”. Después, ponerse de pie y aplaudir. El estilo ficcionalizado de la crónica le da un valor extra a su escritura. Como Norman Mailer o Tom Wolfe, viejos fundadores del Nuevo Periodismo, el estadounidense no se queda en la mera descripción, va un paso más. Le interesa el análisis. Juega ante lo que ve. Lo compara, lo contextualiza, lo amasa. Está claro que, para eso, hay que ser distinto. Cuando Talese deje de trabajar, el periodismo perderá al último grande.

 

 

armado los otros:lICITRA.qxdLos otros, Josefina Licitra. El estilo de Licitra es lo que probablemente más atraiga. Tiene la simpleza perfecta. Cada párrafo de este libro, que cuenta un conflicto entre dos barrios de Lanús y que sintetiza parte de lo que se vive en el conurbano bonaerense, es contundente, como si no sobrara ninguna palabra. Posiblemente, la gran virtud de esta periodista argentina esté en la observación. Tiene una mirada lúcida que distingue a la perfección qué es lo que vale la pena contar.

 

 

 

goldenboysGolden Boys, Hernán Iglesias Illa. Un periodista argentino que vivió en Estados Unidos elabora un cuadro perfecto sobre los jóvenes-hombres que están inmersos en el mundo de Wall Street. Si Licitra era diferente por su prosa, Iglesias Illa se diferencia por su mirada más completa. Como lo hacían Norman Mailer o Talese, busca un poco más que la mera crónica. Da un paso al costado y analiza e interpreta con mucha delicadeza. Un libro muy fluido. Atrapante.

 

 




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