Fargo: cómo darle vida propia a la mejor copia de la historia

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Noah Hawley es un artista de la copia. Lo hizo todo bien. Primero, admiró y aprendió de los maestros. Se inspiró. Después, repitió ideas, planos, escenarios, personajes y hasta música. Mantuvo la esencia y le agregó algún que otro toque personal. Por último, pasó por la gran prueba. Mostró lo que había pensado a sus guías. Después de que lo aprobaron, salió a jugar su partido. Se animó a mucho. Pidió prestado el barquito que Ethan y Joel Coen suelen usar en sus películas y lo refaccionó. Le agregó algunas herramientas y lo preparó para navegar sobre aguas desconocidas. Lo sacó del lago congelado y lo llevó al océano. Al final, le salió casi todo bien.

Fargo, film de los hermanos Coen de 1996, es una película perfecta. Ritmo ideal, dirección inigualable, diálogos certeros, personajes inolvidables en actuaciones históricas. No hay puntos que no sean fascinantes en esta historia de criminales perdedores y policías de pueblo excesivamente comunes. En un relato de sólo 98 minutos se produce magia en la narración.

Fargo, de Noah Hawley del 2014, es una serie casi perfecta. ¿Qué diferencia a una obra de otra? Varias cosas. Pero la principal tiene que ver con el tamaño. La película, como buena parte de la filmografía de los Coen, se mueve en un bote desde el que siempre se puede observar la orilla. El viento puede mover la embarcación para un lado y otro, pero no hay un peligro demasiado grande. La posibilidad de bajarse y nadar está al alcance. En la serie, los riesgos fueron otros. El océano es más cruel. Un barco puede terminar aplastado por olas y climas que no perdonan. Bajar a nadar sería poco menos que un suicidio. Pero Hawley, el capitán, terminó casi sin fisuras un viaje que pudo haber sido una catástrofe. Parece una locura pero es real: escribió un guión para los diez capítulos. Es decir, un libro de nueve horas de televisión.

FX (que se preparen HBO, Netflix y AMC, llegó más competencia a la casa). 10 capítulos de unos 50 minutos y una segunda temporada para 2015. Fargo se ganó el lugar de competir con True Detective como mejor serie del año. La historia está inspirada en la película de los Coen, que fueron productores del proyecto, pero tiene total independencia. Funciona como una especie de secuela, aunque es mucho más. En el film, la acción transcurre en Minnesota, en 1987. En la serie, el escenario es el mismo pero no así el tiempo, que cuenta eventos del 2006. Ambos relatos están unidos bajo una pícara mentira: en el inicio del film y en cada capítulo del programa se advierte que los “hechos ocurridos son reales”. Pero todo indica que no es más que un juego de los hermanos que Hawley continuó. Los dos mienten sin ningún tipo de vergüenza. Se sienten con el derecho de romper las reglas de narración. Crean nuevos paradigmas. El método es inmoral. El resultado, fascinante.

Lester Nygaard (interpretado con grandeza por Martin Freeman, que después de lo que hizo en The Office, Sherlock y, por qué no, en El hobbit, se posiciona como uno de los mejores actores de la actualidad) es la máxima representación del hombre gris. No le vende un seguro de vida a nadie. Su mujer, gorda y sin ningún atractivo, le recrimina todos los días no ser exitoso. Acostumbrado a no revelarse, parece haber tragado tanta bronca que su estómago se convirtió en un río de saliva de frustraciones y amarguras (cualquier similitud con Jerry Lundegaard no es una casualidad). Hasta que un día se cansó.

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Darth Vader. Hannibal Lecter. El Guasón de Heath Ledger. Anton Chigurh, el despreciable asesino de Sin lugar para los débiles. Entre esos grandes villanos de la historia deberá ubicarse al tan despreciable como atractivo Lorne Malvo (Billy Bob Thornton, magistral). Se trata de una eficiente máquina de matar (¿contratado por quién?) con algunos aires de profeta y poeta más bien bizarro. Los caminos de Malvo y Lester se chocan en una sala de guardia del hospital de Bemidji, un diminuto pueblo de Minesotta en el que pasan tan pocas cosas que parece el lugar perfecto para las locuras más grandes. Nunca dejarán de cruzarse.

Molly Solverson. La única policía con nivel de inteligencia y capacidad como para cubrir casos de asesinato y crímenes pesados. Es paciente, inocente y racional. Se trata, no hay dudas, de la versión de Marge Gunderson, la famosa embarazada capaz de romper con la negligencia de la policía con un par de ideas de las que no suelen abundar en algunos cuarteles.

Entre esos tres brillantes personajes transcurre la serie. Un hombre gris. Un asesino diablo. Una policía ángel. La historia tiene el ritmo perfecto. La estética es casi igual a la de los Coen. Hay muchos recursos e ideas para contar el relato (el plano secuencia del capítulo siete de la matanza de Malvo, cuando la cámara muestra la fachada de un edificio de manera ascendente mientras se escuchan gritos y disparos es excepcional). Se mantiene el humor negro. Se establece, además, que la mayoría de los que viven en esas zonas tienen algún problema de velocidad mental que los hace parecer por lo menos bobos. Dicen los que estuvieron en Minesotta que la gente que vive ahí odia la película Fargo.

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La nieve tapa todo. No deja ver. Borra los caminos. Esconde la sangre. Deja huellas. Transmite una sensación de profunda y mentirosa tranquilidad. Cubre autos, casas y cuerpos. El mundo de los Coen se repite casi con exactitud. La idea es la misma: el hombre no tiene límites, es capaz de hacer cualquier cosa. La serie, que según Hawley usó cosas no sólo de Fargo sino también de Sin lugar para los débiles y Un hombre serio (para la temporada 2, que ya está confirmada, piensa en Fargo, Miller’s Crossing y El hombre que nunca estuvo ahí, con la intención de recrear lo que en algún momento nombra de su época de policía Lou, el papá de Molly, como una suerte de masacre en Sioux Falls, en 1979).

El relato tiene un vértigo único y es conciso. No se distrae. Sin espacio para las sensiblerías. Va siempre al frente. No parece tener límites. Quizás en ese punto flaquea un poco, cuando quedan muchas cosas en el aire y sin explicar. Nunca se sabe qué pasó con Stavros Milos, el único vínculo real con la película a partir del maletín de un millón de dólares que en su momento enterró Carl, el personaje de Steve Buscemi, ni con la lluvia de pescados y demasiados elementos más.

¿Qué influencia tuvieron los hermanos Coen en la serie? Prácticamente ninguna. Monitorearon el proyecto a la distancia. En el momento en el que se realizaba estaban más concentrados en la presentación de su última película, la brillante Inside Llewyn Davis. “No sabemos nada de televisión ni la entendemos. No te ayudaríamos en nada para hacer un programa de TV”, le dijeron al creador después de quedar alucinados con el guión.

Entonces, el mérito es todo de Hawley. Revivió a uno de los clásicos más jóvenes de la historia del cine. Amplió un mundo que ya estaba creado. No lo hizo mejor, simplemente lo hizo más grande. Quizás sin quererlo, se convirtió en el autor de una de las copias más espectaculares de la historia. Hasta le dio vida propia. Y va por más.

Fargo, temporada 3 (2017)

NO le presten atención a los que mencionaron que la última temporada era mala. De ninguna manera. Estará algunos pasitos atrás de las primeras dos, pero Fargo se mantiene entre lo mejor de la TV contemporánea.

Todavía cuenta las cosas desde el estilo de los Coen. Todo pasa de verdad, pero tiene un toque de inexplicable e inverosímil que hace dudar. En esta tercera parte, la serie mantiene el nivel de locura, ingenio y acción, siempre en alguna de esas ciudades frías, grandes y con nieve de Estados Unidos.

Es posible que en esta tercera parte hasta se llegue a conocer aún más a los personajes. La serie se toma el tiempo de pintar con bastante delicadeza a sus ‘héroes’.

Los hermanos Stussy, con interpretación doble de Ewan McGregor, son todo. Su pobreza moral, al final del camino, será imposible de esquivar. La relación entre ellos, fascinante.

Hay una idea muy linda de Fargo que tiene que ver con lo que puede y lo que ‘no puede’ pasar. El relato rompe con la idea de que algo es ‘imposible’, de que es demasiada casualidad o suerte. Las cosas, por una razón u otra, pasan. Y hacen que esta tercera temporada sea tan entretenida y de buen nivel como las otras.

Salud, Fargo.




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