The Knick: bienvenidos a la carnicería

The Knick – New HBO show

Corta sin ningún tipo de suavidad. Toca con brusquedad, revuelve. Revolotea como si se tratara de algún tipo de trago en el que hay que mezclar varios ingredientes. No tiene guantes, barbijo ni cofia. Está salpicado con sangre en prácticamente todo el cuerpo. Opera y habla ante una multitud asombrada. La sala de cirugías es una especie de teatro, donde el doctor Thackery asume todos los roles: es el dueño, escritor y actor de la obra. El final sólo depende de él.

Nueva York. Principios del siglo XX. El hospital Knickerbocker está en Harlem, la parte pobre de la ciudad, repleta de inmigrantes, pobreza y corrupción. Las enfermedades y epidemias son imparables ante un sistema colapsado que le da la espalda a la gente.

Sólo HBO podía destruir la concepción que hasta ahora la televisión había mostrado de los hospitales. En The Knick, serie que tuvo su primera temporada de diez capítulos en 2014 y ya tiene asegurada una segunda parte en 2015, se rompe con la sonrisa de George Clooney y su espléndido rostro mientras soportaba una guardia de dos días consecutivos. Se deja de lado la pastosa relación entre médicos y pacientes. El relato apunta hacia aspectos mucho más fáciles de reconocer en la vida.

Los médicos no la pasan bien en los hospitales. Lloran cuando se muere alguno de sus pacientes por la impotencia de no poder salvarlos. Prácticamente no se relacionan con el exterior. Obsesivos, obstinados y egocéntricos, tampoco son personas demasiado agradables. The Knick no sólo está muy bien realizada y entretenida, gracias al toque casi siempre sensible de Steven Soderbergh, es honesta y profunda.

La historia se centra en la vida de los personajes del hospital. Ese punto de vista hace atractivo al relato. Con esa idea, la serie atraviesa todos los estratos de la sociedad neoyorquina de 1900. El dueño, excesivamente rico. El gerente, corrupto e ineficaz. El médico, apasionado y mal retribuido. Las enfermeras, enamoradizas y eficientes. El chofer de la ambulancia, brusco y violento. El guión se toma el tiempo de contar un foco apasionante: el trato de la ciudad, relacionada históricamente como una de las más evolucionadas intelectualmente, a los negros. El doctor Algernon Edwards es probable el profesional más talentoso y preparado del hospital. Pero su color de piel lo obliga a vivir en dos mundos a la vez: uno, el de la pobreza y el instinto animal más alto. El otro, el intelectual, exclusivo y discriminatorio. Su existencia, en una sociedad podrida como la que muestra The Knick, es inaguantable.

Lo extraordinario de que actores como Kevin Spacey (House of Cards) o Steve Buscemi (de pie: Boardwalk Empire) se hayan metido de lleno en series es que se trata del elogio más grande que podía recibir el contenido para la televisión. Los peces gordos ya no sólo juegan en la liga del cine. Clive Owen es otro peso pesado que se sumó a la lista. Su papel del doctor Thackery, un cocainómano tan obsesivo, pedante y desagradable como bondadoso y solidario, es consagratorio. Es fundamental y está muy bien logrado el perfil de un médico cirujano. Son hombres que le salvan la vida a otros hombres. ¿Cómo es la actitud de alguien que trabaja de eso? Casi siempre como la de Thackery.

La serie está lejos de ser perfecta. El relato no tiene pozos y avanza con bastante firmeza, pero no ofrece más que eso: una ruta que ofrece prácticamente siempre el mismo paisaje. El panorama del primer capítulo es más o menos similar al del décimo, cuando se termina la primera temporada.

Pese a que en algunos momentos se percibe que la historia se estanca, la serie es entretenida. Está bien contada, se nota pensada y cuidada (la ambientación de Nueva York es fabulosa). Aunque al principio algunos planos de las operaciones de Thackery pueden sonar un poco impresionantes y agresivos, con el tiempo es fácil acostumbrarse. La intención de ser tan crudos es importante porque demuestra la obsesión de los médicos por conocer, descubrir y superarse en una época en la que todo era un misterio para la medicina. Simplemente hay que elevar un poco el nivel de tolerancia y no prestarle demasiada atención a la sangre y los órganos que van para un lado y otro. Se necesita un tiempo para entender que la cirugía no siempre fue ciencia. Bienvenidos a la carnicería.




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  1. Romualdo

    Coincido, habrá que ver cómo se sigue desarrollando. Sin dudas es entretenida y muy llevadera y aunque revoloteen órganos y sangre creo que no está hecho con mal gusto, demuestra que es la carnicería, como decís vos, lo que antecede a la cirugía. Me gusta el personaje de Algernon Edwards: sabe que hace “cosas de blancos” y, de alguna manera, esto lo lleva a buscar pelea en bares o cosas por el estilo, cosas que instintivamente las siente “de negro”, tiene cierta necesidad de estar en paz con su raza, de no sentir que la traiciona porque no la puede atender en el hospital legalmente.
    En esta temporada la serie no tiene momentos cumbres, mantiene un mismo matiz, pero marcha como un Citroen viejo en tercera, seguro, muy seguro.

    Saludos!

    P.D: No tendría problemas en invitarle un choripán a la hija de Bono.

    • Lucas Bertellotti

      Gracias por el comentario, estimado. Buena observación y descripción sobre Algernon, me gustó. No estoy seguro que el argumento tenga material para nuevas temporadas. Sinceramente, lo dejaría ahí, aunque ya sabemos que no va a pasar: en algún momento de este año, sale la segunda parte.
      ¡Saludos!


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