The Lies of the Victors: guía para aprender a no contar una historia

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Fabian Groys es el redactor estrella de una revista sensacionalista de Berlín. Le gusta contar historias, ir un poco más allá de lo que un periodista contemporáneo suele llegar. Quizás sea la explicación por la que trabaja en un medio que produce contenido en papel, una especie de reducto romántico -y mentiroso, también- en el que todavía hay lugar para ejercer la noble profesión. Aunque en un principio parece orientado a un tipo de nota que podría desenmascarar a un ministerio del gobierno alemán, otra historia se cruza en el camino. Llegar al final de esa situación será tan difícil como problemático.

The Lies of the Victors (Las mentiras de los vencedores), de Christoph Hochhäusler, es una película que remite a la construcción de la noticia del periodismo. Fue imposible durante la proyección del film no pensar en Todos los hombres del presidente, una joya que contó, a partir del caso Watergate, el trabajo periodístico como ningún otro. Pero muy poco de eso pasa en esta obra que tuvo su lugar en el Bafici 2015.

Hasta los 25 o 30 minutos no se sabe del todo bien qué es lo que se quiere contar. Es demasiado tiempo para regalar. A la película le falta una edición más lúcida. A Fabian lo obligan a tener una asistente -por supuesto, joven y linda- que se meterá de lleno en los trabajos de él y se mostrará como lúcida y competente. La historia que estaba destinada a salir se cruza por otra, un caso que mezcla los casos post traumáticos de los soldados de Afganistán con el destrato del gobierno, la falta de ayuda y la intención de abandonarlos.

Para publicar la historia, Fabian y Nadja, la asistente, entrevistarán a un par de fuentes, investigarán por Internet, consultarán el archivo de la revista y harán un par de llamadas. No mucho más. El trabajo de él es en realidad vago e inconsistente. Por supuesto, en el medio habrá un romance entre ellos dos, además de un intento fallido de darle color al protagonista: es un apostador perdido que suele dejar en concesión a su Porsche cada vez que se va a jugar a los dados en un centro clandestino. Ah, Fabian también es diabético (un detalle que no aporta absolutamente nada a la historia). Además, se mostrará cómo los servicios de inteligencia o el propio ministerio que se vería perjudicado (esto no termina de ser del todo claro) intenta perjudicar al periodista, lo persigue y espía. Bienvenido, lugar común. La película parece una guía para aprender a no contar una historia. Están todos los vicios a la vista.

Más allá de los recursos poco originales, The Lies of the Victors tiene el terrible vicio de ser aburrida, probablemente por la falta de claridad en el guión y la pretensión en la dirección. Sobre el final, Fabian se golpeará la cabeza contra la pared. El mejor momento del film es cuando el jefe de él, un viejo zorro de los medios, le hace saber su declaración de principios: es una página en blanco. Descubrirá, a una edad demasiado grande, que el periodismo dejó de funcionar como un sistema de denuncia. Y que hay poderes mucho más fuertes que los de un simple redactor que pretende contar la verdad.




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