Togetherness: la crisis de los 40

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Llegó al punto en el que no está dispuesto a tolerarlo todo. Siente que llegó a la cima de la falta de pasión. Sólo tiene dos posibilidades: por un lado, instalar una carpa y recostarse en el pico, ceder y dar por perdida la batalla. Por el otro, retroceder, volver, saltar. Moverse para intentar cambiar las cosas. Tiene mucho para perder y poco para ganar. Pero, en su trabajo como sonidista de un estudio de cine en Los Ángeles, ya no tiene ninguna vergüenza en darle la espalda a todos. Lo que no tolera, no lo enfrenta. Se va. Y el resto no le importa. Brett tiene 40 años y siente que el mundo lo aplastó.

Dramedy. Combinación entre drama y comedia. Equilibrio entre profundidad y risas. Es lo que define a Togetherness, serie creada por los hermanos Duplass (Mark y Jay), estrenada en 2015 y con una segunda temporada asegurada para el 2016. A HBO le gusta balancear el contenido: atrás de series más bien pesadas, profundas y densas, como Six Feet Under, The Wire, Los Soprano o True Detective, genera productos algo más relajados y distendidos, con un toque cool. Lo cierto es que, hasta ahora, más allá de la calidad de los shows, casi nunca tienen asegurado un éxito comercial. La excelente How to make it in America fue cancelada después de dos temporadas. Looking no pasó de la primera. Hasta ahora, Girls fue la única que logró mantenerse (claro, The Office es la número uno de este género). HBO da la sensación de ser una especie de apostador con muchas fichas encima. Y le gusta dividirlas en diferentes calles y números de la ruleta. Quizás por eso sea tan bueno. No tiene miedo de arriesgar.

Brett está casado con Michelle (Melanie Lynskey, sólida), una ama de casa que, al igual que su marido, parece algo desganada, vencida por la rutina y el aburrimiento. La llegada a la casa de su hermana Tina (Amanda Peet encarna a un personaje algo estereotipado e irascible) y Alex, el mejor amigo de Brett, cambiarán las cosas para la pareja. Porque, aunque ellos parezcan más libres, sin preocupaciones ni responsabilidades, están igual de mal que ellos. La barrera de los 40, que entrega el ticket de sueños incumplidos, los desesperó.

Las frustraciones son, antes que nada, sexuales. Michelle ya no quiere acostarse con su marido. El aburrimiento se tornó en asco. El exceso de ternura le jugó en contra a Brett. Las secuencias en las que la pareja pretende revertir la situación están muy bien logradas, principalmente por la interpretación de ella. En este sentido, la serie tiene mucha verosimilitud. Acá no hay cuerpos perfectos ni orgasmos eternos. Sobran la grasa y los huesos marcados. Los personajes son reales. La serie es real.

Togetherness, de ocho capítulos de media hora cada uno, es ligeramente risueña mientras explora la lucha de los personajes por escapar de lo que parece una vida ligada a la derrota. La serie tiene muchos altibajos. Momentos de gran diversión (el cuarto capítulo, “Kick the can”, es el que mantiene el nivel del principio al final) y lagunas. Secuencias en las que se percibe la tristeza de los personajes y situaciones que parecen de más o mal logradas.

Hay una secuencia clave en el primer capítulo de la serie: Brett y Michelle llevan a sus dos hijos a la playa. Los acompañan Tina y Alex. El día parece agradable, cálido y para recordar. Hasta que ella le pide a él que lleve al mar a la hija mayor. Pero él se niega. No quiere mojarse, prefiere estar tranquilo. Entonces, Alex toma el rol de tío y se zambulle al mar con la nena. El corazón de la mamá queda triturado. Togetherness (en español, unión) es un nombre que juega a lo irónico. Ya casi no queda nada de unión en esta pareja. ¿Es posible dar vuelta la historia?




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