Vinyl: el mundo se equivocó otra vez

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Está perdido y lo sabe. No puede aguantar el día a día, imposible soportarlo. Y lo reconoce. Necesita un par de líneas de cocaína para combatir un poco sus demonios. Aspirar, sentir un golpe desde adentro hacia afuera y sonarse el cuello como si hubiera estado en una cama los últimos 23 años. Con su mujer, hermosa, inteligente y furiosa, sólo se pelea. Sus hijos no lo reconocen. Ya casi no puede tener sexo con otras, no se le para. El único momento en el que Richie Finestra se siente más o menos bien es cuando, al fin, escucha a una banda que tiene un sonido diferente al resto. Recién ahí percibe que todo puede salir un poco mejor.

No hay que prestarle atención a la ola de tendencias. No importa si tiene razón o está equivocada, la ola no hace más que reproducir las mismas opiniones, una y otra vez. La ola es dañina, muy difícil de parar. Una vez que arranca, no queda más que protegerse y buscar quedar más o menos ileso. Quedan muy pocos valientes que se enfrenten a la ola. Chocarla y decirle: ¿quién sos para decidir por mí?

Hace no demasiado, hubo una ola de desprestigio a Vinyl, la última gran apuesta de HBO. Críticas poco amigables, espectadores nada convencidos y, al final, una cadena que decidió postergar la serie. No es la primera vez que pasa (Luck es otra obra maestra a la que le cortaron las alas). A veces, se necesita tiempo para saber apreciar un poco mejor las cosas. A la distancia, el mundo va a entender que estaba adelante de un gran producto que dejó pasar sólo porque no tuvo fuerza para darle la espalda a la ola. The Wire no la vio nadie y hoy es una de las series símbolo de HBO.

Creada por Rich Cohen, Mick Jagger y Martin Scorsese y escrita por Terrence Winter, Vinyl, de diez capítulos y, por ahora, de una sola temporada, es lo que no se consigue en otros lugares: se siente real, repleta de energía, viva.

Nueva York. 1970. Los Beatles ya son una leyenda. David Bowie empieza a hacer magia. Freddie Mercury circula en las salas de demo. La industria discográfica cabalga hacia lo desconocido y -como ahora- no tiene mucha idea de qué debe hacer. En American Record trabaja Richie Finestra, obsesionado con hacer algo distinto en un ambiente que se acostumbró a hacer álbumes de Navidad para ganar unos dólares y pasar la Nochebuena con un buen champagne bajo el brazo.

A su alrededor hay un grupo de empleados aburguesados que ya no pueden ver lo distinto. Pero la fuerza de Richie (Bobby Cannavale, de gran papel, había hecho de villano en Boardwalk Empire), los termina por empujar a todos. Hay un toque de Scorsese, que dirige el primer capítulo, en cada paso: en la historia aparecen Buenos muchachos, una pizca de Mean Streets y hasta un poco de El lobo de Wolf Street.

Sí, hay sexo, drogas y rock and roll, pero en una medida justa y coherente. La serie tiene una estética brillante y personajes de esos que dejan su sello. Los jóvenes de casas bien que sueñan con triunfar en la industria de los malos. El artista que perdió la voz por un conflicto con la mafia. El socio que sólo piensa en el bar mitzvah de su hija. La mujer que necesita volver a su pasado libre y, cada tanto, abandona la vida de mamá para desnudarse y ser parte del retrato de algún artista.

Richie es Don Draper, pero mucho más salvaje, animal. Atractivo, poderoso, talentoso. Está perdido, arrastra con un pasado demasiado doloroso, imposible de borrar. Cometió muchos errores. Su forma de combatir con ese mundo es, como el protagonista de Mad Men, alejándose de lo convencional. Hacer siempre lo que está considerado como “mal” para la sociedad.

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Son diez capítulos de pasión, ritmo, música y vitalidad. Salvo algunos ahorros bruscos del guión (especialmente del capítulo 9 al 10, cuando se resuelven algunos conflictos a las apuradas) Vinyl es una serie de alta calidad. Y la música: el soundtrack debe ser uno de los más poderosos y ambiciosos de la historia del cine y la televisión.

Angustia, depresión, furia, bronca. Vinyl se lleva todo puesto, es una fuerza indomable, como su protagonista.

Pese a todo esto, HBO decidió darla de baja. Ya no se puede dar el lujo de soportar proyectos que no dan plata como alguna vez lo hizo con otras series. El público, obsesionado con The Walking Dead o Games of Thrones, no se volcó. La crítica no se terminó de enamorar. Una decisión que impide la continuación de un gran producto, pero también que advierte sobre el futuro. En el negocio de hoy, ya no queda lugar para un futuro The Wire.

El mundo se equivocó otra vez: por eso ver Vinyl es tan placentero como doloroso.




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