The Girlfriend Experience: una prostituta sin corazón

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Ni trece capítulos alcanzan para terminar de descifrar qué pasa por la cabeza de Christine. Sólo hay dos certezas: le gusta el sexo y la plata.

Es joven y demasiado linda. Inteligente, estudia abogacía y parece tener futuro. Pero se ve entre cientos de alumnos como ella, se refleja en pasantes que necesitan pagar descaradamente el derecho de piso para escalar. Y se pregunta: ¿quién necesita esto?

Con su cuerpo, su personalidad, ella puede ganar más que cualquier gerente de cualquiera de las grandes firmas de Chicago. Y no termina de quedar en claro si ella es consciente, pero su poder es limitado. Ahí empieza el desmoronamiento.

The Girlfriend Experience cuenta, en trece capítulos de media hora, la historia de una joven que encuentra en el sexo, el peligro y la adrenalina el escape perfecto. Creada por Lodger Kerrigan y Amy Seimetz, y basada en una película de Steven Soderbergh, el relato tiene tantos momentos altos como aburridos y repetitivos.

Ella (Riley Keough, ¡la nieta de Elvis Presley!) es tan linda que no termina de cerrar. Simplemente demasiado perfecta. Pero, en el círculo en el que se mueve, esa belleza tiene un valor fácil de capitalizar. Vive sola en una de las grandes ciudades de Estados Unidos. Trabaja en un estudio en el que, por ahora, sólo se dedica a hacer cosas monótonas. Su jefe se lo aclara el primer día: “copiar y pegar, copiar y pegar”. Pero, a la noche, cuando la rutina cambia de vestido, es la que dispone de todas las cartas. En hoteles de lujo, en restaurantes con platos sofisticados, en bares hechos para pocas personas, hay hombres dispuestos a pagar por una compañera como ella.

Christine gana mucha plata y tiene mucho sexo. Con viejos, gordos, jóvenes exitosos y facheros. Pero es como una máquina que sólo cumple una tarea. Tiene un libreto estudiado y casi nunca se sale del guión. A ellos les habla como si fueran importantes, como si fueran lo único. Pero ella sólo dice lo mismo una y otra vez, como un cassette. El problema es que este conflicto se repite una y otra vez. El personaje se estanca en esa dinámica.

El problema de Christine es que los mundos no se pueden chocar nunca. Por un lado, es codiciada y pretendida por hombres poderosos. Por el otro, en su trabajo del mundo real, es una chica que tiene que aprender demasiado, ni derecho a emitir una opinión. No tiene familia en la ciudad, mucho menos amigas. Es ella contra todos.

En todos los capítulos (la serie tiene asegurada una segunda temporada) hay sexo. Ella aparece desnuda en varias secuencias bastante jugadas. Pero el sexo de The Girlfriend Experience es tan frío como ella. Es irreal, es soft. La cámara no expone nunca la desnudez. La mirada esconde las miserias de las partes blandas, las arrugas o los lunares. La dirección no le presta mucha atención a los ruidos de cuando los cuerpos se chocan. No hay suciedad, no hay olores, no hay transpiración. Hay perfección metódica de ella ante clientes que reaccionan de diferentes maneras (el impotente, el agresivo, el loco, el correcto).

¡Qué lección podrían haber tomado de Girls!

Cuando los mundos, la noche y el día, empiezan a chocarse, Christine no tiene ninguna duda. La prostituta sin corazón sabe lo que tiene que hacer para nunca dejar de dominar.




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