Curb Your Enthusiasm: el lado Larry de la vida

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Larry David es talentoso, egoísta, maniático, cobarde, curioso, culto, caprichoso, egocéntrico, obsesivo, obstinado. Larry David es un estilo de vida.

¿Una serie puede cambiar las formas de moverse ante la vida? ¿Qué tanta influencia llega a tener un show de TV? ¿Es posible que un protagonista transmita tanto como para llevar parte de su esencia a la realidad?

Sí, claro. La ficción puede romper barreras y trasladarse a la realidad en algunas formas.

No hay ninguna posibilidad de ver las ocho temporadas de Curb Your Enthusiasm sin sentir que en la vida se necesita ser un poco más como él. No porque sea un personaje del todo noble ni ejemplar. Tampoco por ser especialmente generoso ni comprensivo.

Después de incorporarlo, luego de verlo en casi 100 capítulos, no sólo se lo entiende: se lo lleva un poco en la piel. Es el hombre que en algún momento se quiere ser.

El lado Larry David de la vida se trata de lo siguiente: si una persona habla mientras se proyecta una película en el cine, hay que decirle que se calle. Si esa persona pretende discutir o pelear, se va hasta el final. Larry David no conoce el color gris ni lo tibio. Si una persona estaciona en un lugar reservado para discapacitados, se le advierte que está en una posición incorrecta. Si alguien pretende hacerse el vivo en una cola, se le recrimina. No hay sospechas ni pensamientos que queden guardados en la conciencia, incluso si eso significa vivir peleado con el mundo.

Larry David, guionista que vive en Los Ángeles, juntado con una mujer más joven y linda que él, conectado con influencias importantes, es un hombre sin filtros. Tiene más de 60 años, es el creador de una de las series más populares de la historia (Seinfeld) y no necesita ponerse barreras sociales o bloquearse ante situaciones que no le gustan.

Curb Your Enthusiasm, la extraordinaria serie de HBO que tendrá una novena temporada en el 2017, es la evolución de las comedias, el paso más allá. Seinfeld puede servir como ejemplo: sí, Kramer y George Costanza son simpáticos y divertidos, pero mucho más livianos que Larry, su propio creador (el protagonista es el guionista de Seinfeld en la vida real). En Curb, hay muchos gags algo bobos (las miradas de él para saber si alguien está mintiendo, la musiquita repetitiva y las constantes secuencias en las que todo le sale mal), pero también una constante discusión de los temas importantes: el racismo, la religión, la homofobia, el antisemitismo, la muerte, la mirada frívola a las clases sociales altas. Habla de todo y se ríe de todo. No hay barreras.

El formato es perfecto. Capítulos que no duran más de 30 minutos. Es una sitcom, pero muchos capítulos vienen con una atadura temática de varios episodios anteriores. Aunque arrastra algunas estructuras fijas, la serie se basa en la improvisación. Larry David le tira algunos lineamientos a los actores y, a partir de ahí, es todo magia. Está claro que depende de cada espectador pero, a diferencia de Seinfeld o Friends, que despierta ligeras sonrisas, Curb genera lágrimas de diversión, desata un huracán de emociones, sólo comparable con otra obra maestra de las comedias, The Office.

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Los personajes que giran alrededor de Larry, que después del exitazo de Seinfeld sólo se dedica a jugar al golf, comer en restaurantes con amigos y preocuparse por proyectos no muy absorventes, son el complemento perfecto. Jeff, su gordo representante, es el compañero ideal que no se pregunta demasiado, sólo lo sigue (¡los gritos y la risa de Jeff son todo, todo!). Sussy, la mujer de su mejor amigo y representante, es la voz -insoportable- de la recriminación. La pareja de Larry, Cheryl, es el balance perfecto para un hombre indomable.

El personaje de Larry piensa sin rodeos y actúa como si los que estuvieran alrededor no fueran falsos o estuvieran interpretando todo el tiempo una conducta que no es real a su esencia. Es tan directo y honesto consigo mismo que muchas veces queda mal parado: parece un racista o un maltratador. En el fondo, es un tipo al que la sociedad todavía no está preparada a tolerar.

El lado Larry David es una forma que pocos entienden, una fórmula hecha para no complacer a nadie a cambio de sentirse un poco mejor con uno mismo.




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