Oscar 2017: la categoría que no falla

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La postulación es un poco repetitiva, pero vale igual: los Oscar son un evento que, a veces, tiene mucho más de comercial y marketinero que de cinematográfico. Pero, dentro de esa pose inmensa de nombres, títulos y propuestas, hay que saber dónde buscar. La categoría a mejor film de habla no inglesa es, junto a la de documentales y film de animación, imprescindible.

Este año, hay dos películas muy fuertes, un par de títulos de buena calidad y alguna que otra decepción.

Acá, un repaso por las cinco nominadas.

The Salesman, Asghar Farhadi (Irán). Acá está la película que se debería quedar con el premio. Sí, el mundo habla de Toni Erdmann, un noble relato de la relación entre un padre y una hija y la burguesía europea, pero este film es aún más imprescindible.  Farhadi, que ya hizo una joya como A Separation y una lúcida historia como El pasado, logra su mejor obra con un cuento ético-moral que pone los pelos de punta.

Este director iraní, que no asistirá a la ceremonia debido a las prohibiciones surrealistas del querido Donald J. Trump, tiene la especial virtud de contar dos historias en una: por un lado, el dilema ético en el que se encuentran Emaud y Rana, una pareja que sufre un episodio violento en su casa y no tiene mucha idea de hacia dónde ir. Por el otro, describe su mundo -Irán- con un pulso extraordinario. Sin exagerar ni apuntar a los golpes bajos, logra una pintura muy honesta de un lugar con formas imponentes. La ciudad se reconstruye sin parar y hasta pone en peligro de derrumbe a otros edificios. Crecimiento sin control. ¿Por qué la pareja decide no acudir a la policía después de soportar ese duro caso de acoso y violencia? ¿Por qué el silencio? ¿Por qué un empleado de la escuela en la que trabaja Emad interrumpe una clase sólo para devolverle libros que no pueden ser usados por los alumnos?
El desenlace es duro, acompañado por una intensidad conseguida por muy pocos directores de la actualidad.

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Toni Erdmann, Maren Ade (Alemania). El tono que usa la directora para contar la relación entre un padre semi retirado como profesor de música en un colegio y su hija, una empresaria llena de ambición que se codea con los gerentes más importantes del mundo, es simplemente extraordinario.

Hay algo en la cara de Winfried (Peter Simonischek), el papá de Ines, que no termina de entenderse pero tiene un impacto bastante profundo. Sus gestos, sus formas, su dentadura postiza, sus ojos metidos hacia adentro, su pelo blanco y fino. Cuando visita a su hija a Bucarest, percibe que hizo todo mal como papá: ella es un verdadero monstruo. Entonces, se dedica a cambiarle la esencia, en volverla la nena que alguna vez fue. Para eso, es capaz de todo. Las formas para volver a conectarse son violentas, estúpidas, divertidas, agotadoras, irracionales. Pero un papá, de alguna manera, siempre sabe cómo.

Extrañanamente perturbadora y valiente: la película pone el ojo sobre una clase europea poderosa y completamente vacía. Ines, fuerte y dura, muchas veces tiene que bancarse un trato injusto y discriminador sólo por ser mujer. En esa superficie en la que tuvo que sobrevivir, se volvió una especie de robot. Inteligente y dura, la gran favorita.

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Un hombre llamado Ove, Hannes Holm (Suecia).  A Ove, un viejo que vive aislado, triste y de malhumor, no le queda más nada en la vida. Sin su mujer, echado de su trabajo, quedó relegado a un papel en el que sólo se permite quejarse por los ruidos de los vecinos o por cómo estacionan los autos en su barrio ultra ordenado. Pero, de a poco, casi sin querer, una familia que se muda a la casa de al lado le empieza a abrir el corazón. Entonces, Ove se permite repasar su historia. Y qué linda que es. Es una película chica pero suave, prolija y estéticamente agradable. Un tierno relato sobre las segundas oportunidades.

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Land of Mine, Martin Zandvliet (dinamarquesa-alemana). El costado de la Segunda Guerra Mundial desde un punto de vista bastante poco tratado: los adolescentes. No son hombres, no son nenes, pero tienen que enfrentarse ante lo peor de la condición humana de todas maneras.

Con la guerra terminada, su trabajo es desactivar minas en una playa gigante y, aunque no tienen enemigos ni balas alrededor, el infierno se desata con la misma intensidad. La película transmite bien la crudeza y no es condescendiente.

De todas maneras, es como si la historia tuviera algunos capítulos faltantes. No se termina de armar el relato más allá de la descripción de las tareas que tienen que hacer todos los días. Hay algunos momentos de calidad, como cuando juegan un partido de fútbol ahí nomás de las minas, pero no muchas de las imágenes resultan verdaderamente frescas. Se siente como si buena parte de las secuencias ya se hubieran visto en otros films del mismo género.

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Tanna, Martin Butler y Bentley Dean (Australia).  Es Romeo y Julieta pero en una tribu perdida de aborígenes en alguna isla del Pacífico. Wawa y Dain se aman y están dispuestos a ir en contra de una larga tradición para defender su unión, aún si eso implica poner en riesgo a otros.

La película empieza bien y se termina desplomando. Al principio, se transmite frescura, se regalan imágenes bastante originales del día a día de la tribu. Después, la historia se va volviendo repetitiva. Al final, termina aburriendo.

Basada en una historia real y con actores no profesionales (los mismos integrantes de la tribu), el relato de amor se termina contando desde algún costado místico -al estilo Malick, pero sin el toque de magia- que no funciona para nada. Se entiende que el volcán cercano a la tribu es una especie de motor para los que viven ahí y no está mal presentarlo casi como un personaje más. Pero el exceso de planos a la naturaleza no termina de cerrar (está claro: la dirección ni la fotografía enamoran).

Las formas de vida y la tradición de la tribu se presentan de manera brusca y con muchos atajos (en un momento de la historia, el jefe habla de haber “sobrevivido a los colonizadores y cristianos” como si se tratara de un breve manual de historia del primario impuesto a la fuerza).

Salvo algunas corridas de Selin, una encantadora nena que sólo transmite frescura y alegría, no hay otros momentos de pasión. Era una idea para enamorar, terminó siendo una imposición forzada, como si el alrededor, el maquillaje, fuera más importante que la verdadera esencia.

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