La ciudad de los sueños y las oportunidades (parte 2)

Brooklyn

En Harlem y el Bronx el paisaje cambia. No es hostil, pero ya casi no se ven blancos. Sólo latinos y negros. No hay tiendas lujosas, pero sí locales que venden pelucas. De esos, uno o dos por cuadra. Exhiben pelos largos, rojos, negros, con rulos y lacio. Una mujer negra ingresa a uno y se abraza con otra que trabaja ahí. Comienza a mirar algunas pelucas que están colgadas. Se ríen. Parecen amigas. En Harlem, en la Avenida Martín Luther King, hay un cine cerrado. La cartelera tiene las luces rotas y al lado de la boletería hay un hombre  pidiendo dinero. No se ven puertas pero sí una inmensa persiana, pintada con fondo celeste. En la parte superior, aparece dibujada la figura de Nelson Mandela, de cuerpo entero y con los brazos abiertos. Debajo del líder sudafricano, están las caras de Malcolm X, Luther King y Barack Obama, a quien parecen haber adoptado en algún momento como su nuevo representante. Un 95% de negros lo votaron para que fuera presidente de los Estados Unidos, en 2008.

Brooklyn parece el mejor lugar para vivir de todo Nueva York. Hermosas casas, combinadas con un paisaje natural de árboles y mucha tranquilidad. Los parques tienen canchas de básquet al aire libre que se llenan de chicos que sueñan con jugar algún día  para los New York Knicks. Idolatran al último gran héroe de esta ciudad, Patrick Ewing. Mientras espera por ingresar a jugar, otro grupo comienza a gritar y a mover sus manos para arriba y abajo cada vez que alguien vuelca la pelota sobre el aro o realiza una buena jugada. Los vecinos improvisan pequeñas tiendas en la calle. Venden discos, libros, ropa y comida.

Coney Island es la última parada de los subtes D, F, N y Q. Desde el andén ya se puede ver el mar calmo y la playa desierta. Este lugar funciona sólo en el verano, cuando miles de neoyorquinos y extranjeros de clase media baja aprovechan la playa y el famoso parque de diversiones, que ahora tiene sus puertas cerradas. En invierno, parece un pueblo fantasma. Camino a la playa se ve un cartel publicitario gigante con una persona oriental comiendo panchos. Es el multicampeón de uno de los torneos más importantes de Coney Island, de quién deglute más panchos en una cantidad de tiempo determinada. En la costa, los puestos de comida chatarra permanecen cerrados, salvo uno o dos, con algún vagabundo tomando una cerveza. Las calles están llenas de basura y no hay demasiado atractivo turístico. Se siente un ambiente melancólico, de un lugar que tuvo su grandeza en algún momento pero que quedó en el pasado. En Coney Island se filmó la película Mala jugada, de Spike Lee. Es la historia de una estrella de básquet secundario (actuada por Ray Allen, figura de los Boston Celtics) que debe decidir su futuro en alguna universidad. El entorno del jugador (familiares, amigos, novias y futuros representantes) lo presiona para acompañarlo una vez que salga de esa ciudad. Todos quieren irse, muy cerca pero también lejos de las atrayentes luces y los imponentes edificios de Manhattan.

La comunicación es fácil porque, salvo los mismos neoyorquinos, todos hablan mal inglés y todos aprenden a entenderse. “Here in America there are lots of people from the east of Europe. Not from the west, they are rich”, comenta un mozo macedonio que vive seis meses en Nueva York y otros seis en su país. Lo que ahorra con su trabajo le permite generar algunas inversiones en Macedonia.
La ciudad derrocha talento. Viajar en subte y caminar por la estación Times Square, la más grande y llena de combinaciones, es un desfile de artistas. Los músicos rotan y la gente frena su camino para verlos. Bandas de rock y algunos solistas brindan debajo de la tierra uno de los espectáculos más lindos. Desde abajo sueñan con ascender, salir del asfixiante subterráneo y poder tocar en algún teatro o bar prestigioso.


En la calle, los negros cantan en voz alta, para que los escuchen todos. Algunos actúan como si estuvieran arriba de un escenario. Es ahí cuando los sentidos se sensibilizan y se comienza a perseguir esa melodía, ese tono de voz y ese ritmo único. La caminata se extiende. Nadie quiere dejar de escucharlo. Nadie quiere desviarse.

En la Séptima Avenida un taxista indio le da paso a un chino. Un vendedor ambulante  ruso le vende frutas y verduras a una mujer judía. Un oficinista neoyorquino, vestido con traje y anteojos de sol negros, frena en un puesto de diarios para comprar el New York Times. En las afueras de un almacén, un joven latino exhibe tulipanes a la venta, a seis por quince dólares. En el mismo local, es el primer día de una mujer asiática. Un turista va a comprar unas galletitas pero no las tiene. Le pide que anote su nombre para conseguirlas y que vuelva al otro día que las tendría para él. “I am new here. First day”, dice. Como ese, será el primer día de cientos de personas de diferentes destinos y sueños. Un italiano con nariz grande, de ojos claros y sin pelo, saca y mete pizzas del horno. Inclina su cuerpo desde la barra de su local y saluda a una mujer neoyorquina que todos los días saca a pasear a su perro. “Have a good day, lady”, le dice. La ciudad funciona como una gran masa en conjunto, pese a la heterogeneidad. El movimiento no para. La gente pasa, la ciudad sigue.

(*) En la primera foto, un cine cerrado, con las imágenes de Mandela, Martin Luther King, Malcolm X y Obama. En la segunda, un cartel en una tienda, con una gigantografía de Malcolm X y Muhammad Alí, ambas en Harlem. La tercera, un fin de semana en Brooklyn, con una banda musical infantil. En la cuarta, el último campeón del concurso de panchos, en Coney Island. La última, un músico en el subte.



There are 5 comments

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  1. Guiasterion

    Estimado Lucas:

    ¡Felicitaciones por el blog! Combina pasión por escribir con talento para el detalle. Me gustaron las instantáneas de Nueva York. Acabo de leer una novela del irlandés Colum McCann. Se títula “Que el vasto mundo siga girando”. Da la casualidad que se ambienta en el Bronx de los años setenta y en general en una Nueva York absolutamente tercermundista. Quizás le interese para trazar parangones.

    Un abrazo
    G.B.

  2. Lucas Bertellotti

    Le agradezco mucho por el comentario. Me alegro que le haya gustado y voy a tener el libro en cuenta. Disfruto de sus críticas en la bibliotecadeasterion como sufro por no poder comprarme todos los libros a la vez. Un saludo,
    Lucas


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