Pequeñas historias que acarician el alma

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Patty tiene 55 años. Vive en una casa rodante, en el sur de Italia. Su pareja, Tairo, es un artista de circo y ella lo ayuda a realizar algunos números con cuchillos o alguna que otra acrobacia. Es gritona y su pelo es de color naranja. Al lado de su casa vive Walter, un chico de 14 años que pasa mucho tiempo solo, lejos de sus padres.

Un día, mientras busca a su perro Hércules perdido en una plaza, encuentra a “la pivellina”. Ese es el comienzo de  uno de los mejores films del año.

En la misma plaza, Asia o la pivellina, se balancea desorientada en una hamaca mientras mira el piso. Tiene 2 años y está sola, vestida toda de rosa (zapatillas, pantalón y campera). Patty encuentra a Asia y después de pasar varias horas con ella, esperando por alguien que se hiciera responsable de la nena, decide llevarla a su casa.

El recurso de los chicos en el cine no es para nada nuevo, pero sigue siendo efectivo por la pureza, sencillez y espontaneidad que expresan. Algunos personajes memorables: el pícaro Antoine Doinel en Los 400 golpes, el apasionado Toto, de Cinema Paradiso, los juguetones hijos de  Sylvia Llewelyn Davies, en Descubriendo el país de nunca jamás o el tímido y sensible Pépinot, en Los Coristas.

Asia, a diferencia de otros pequeños actores, no actúa. Reacciona ante los estímulos de los personajes que la rodean, como si no hubiera cámaras alrededor. Esa característica es fascinante y hace que por momentos el film, que es pura ficción, parezca un documental. El espectador sentirá empatía por las reacciones de la nena y reirá ante sus caprichos, llorará ante sus emociones y se levantará levemente de la butaca por temor a que la pobre pivellina caiga al piso mientras juega y corre alrededor de la casa rodante.

El film tiene un también un mensaje político-social evidente. El barrio en el que vive Patty es precario y los paisajes son feos; aunque nadie pasa hambre y no llegan a tener necesidades básicas.

Patty es pobre y perseguida. Su forma de vivir, en una casa rodante, usando la electricidad y el agua de la calle, no está bien vista. En un momento, la policía acude a su casa para verificar si tiene todos los papeles en regla, registra su propiedad y el terreno donde vive. Pero ella no duda en cuidar a Asia, pese a todos los trastornos que eso implica. Se niega a presentarla a la policía, por miedo a que la traten mal.

La historia del film es sencilla: una mujer encuentra a una nena abandonada y la lleva a su entorno para cuidarla. La presencia de los verdaderos padres será una incógnita hasta el final. Pero dentro de esa historia, aparecen pequeñas secuencias que representan la vida misma y que son lo mejor del film.

En un banco de una plaza, Walter se pelea con su novia adolescente. Mientras ella le recrimina que pasan poco tiempo juntos, él repite, sin parar: “Te dejo, te dejo, te dejo”.  Luego de un rato de discusión, Walter se para y se va: “Te dejo, te dejo”, le repite por última vez.

Tairo debe irse a las afueras de la ciudad, porque fue contratado por un circo. Decide enseñarle a manejar a Patty, por si en algún momento pasa algo con Asia. “A la izquierda, a la izquierda, frená, frená, acelerá”, le grita a Patty desde el asiento del acompañante. “Ya entendí, voy, voy, voy. ¡Pará!”, le replica. Hasta que finalmente domina el auto. Enojo, fastidio e intolerancia, pero también amor y compatibilidad.

Por último, Walter y Patty se tiran a un pelotero en un parque de diversiones, mientras Asia los mira, sin entender qué es lo que hacen esas dos personas mayores, sin ganas de sumarse. Se sumergen en las pelotas de colores y ríen. Patty vuelve, aunque sea por un momento, a su infancia dura y lejana. Walter intenta despedirse de una etapa de la mejor manera posible.

Aunque los directores Tizza Covi y Rainer Frimmel filman con la cámara en mano y utilizan algunos planos cortos, La Pivellina sigue los pasos del neorrealismo italiano clásico, de Vittorio De Sica, Luchino Visconti  o Roberto Rossellini.

Sencilla y sin demasiadas complejidades, La Pivellina golpea directo en el corazón. Plantea un mundo en el que no se necesita todo para vivir feliz. Cuando un simple gesto es una caricia al alma. Cuando una sonrisa de la Pivellina alegra el día de todos.

(*) El film fue visto por casi 20 mil personas en la Argentina y esta será la sexta semana en cartel, en los cines Arteplex. En la foto, Patty y Asia, en la plaza donde se encontraron.



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