Cine y mar en Pantalla Pinamar

Route-Irish-Poster

La séptima edición de Pantalla Pinamar, festival de cine de esta ciudad balnearia, fue un éxito comercial, con más de 30 mil espectadores y artístico, con films de calidad incuestionable. Aquí, un repaso de tres que valen la pena mencionar.

Con más de 70 películas exhibidas en una semana y unas ocho por día, ¿cómo realizar la selección? Con una mezcla de intuición, antecedentes y una pequeña ayuda de Imdb y sus acertados puntajes.

La verdad a cualquier precio (Route Irish) es el último film de Ken Loach, director inglés que desconocía, pero del que tenía muy buenas referencias. “Es muy bueno. Se ocupa de mostrar los mundos bajos de Inglaterra, los suburbios”, me comentaron.

Aunque Route Irish, en este caso, sólo llega a rozar esa idea. Es una historia de suspenso que gira en torno a un soldado que muere en Irak de manera sospechosa. Su novia y su mejor amigo se encargan de desatar cabos desde Liverpool hasta llegar a la verdad. Route Irish es una de las rutas más peligrosas de Bagdad, donde se produce el asesinato en cuestión.

Loach intenta reflejar las consecuencias de la guerra, la forma en que quedan desprotegidos los soldados, el sufrimiento y los recuerdos que ya no permiten recuperar la versión de la persona anterior a la guerra. También los negocios de las empresas contratistas, que llevan soldados profesionales a la guerra, y el guiño de los gobiernos para que esto suceda. El film no es bueno, no termina de definirse entre una historia bélica, un drama o un suspenso. Por momentos aburre, pero me fui contento: había descubierto a un director más que interesante.

Líbano, de Samuel Maoz, es una historia filmada en su totalidad desde un tanque de guerra. Allí, cuatro soldados inexpertos y con miedo deben afrontar una misión que les queda muy grande. El espectador verá el exterior desde el visor del tanque, que apuntará su mirada a pequeños detalles que engrandecen el film y lo hacen mucho más sutil, como las lágrimas de un burro a punto de morir, una mosca volando entre la carne podrida de un combatiente  o un viejo que, sentado y con un turbante blanco, mira con atención el pasar de los soldados y el propio tanque. A lo largo del film se observa que la misión tiene puntos sospechosos que hacen dudar a los soldados que no quieren más que volver a sus casas.

La volubilidad de los afectos (De der Helaasheid Dingen, dirigida por Felix Van Groeningen), que se comercializará en la Argentina este año, sin fecha confirmada, es una de las grandes joyas que el cine europeo regala cada tanto. Gunther Strobbe es un escritor fracasado, infeliz. Rechazado por todas las editoriales, pasa por trabajos que le permiten subsistir pero que no disfruta. Desde su escritorio y con una hoja en blanco decide repasar su infancia, en un pequeño pueblo de Bélgica. Abandonado por su madre, Gunther vivió en la casa de su abuela, con su padre y sus tres tíos. Malcriado y por momentos olvidado, los tiempos de su vida se aceleraron: a los trece años fumaba, se emborrachaba y todas las noches veía a su tío tener sexo con alguna de sus novias, en el cuarto que compartían. Gunther sufre por la brutalidad de sus familiares (excepto de su tierna abuela), que suelen dormir sobre charcos de vómitos o se pelean a golpes con demasiada frecuencia, pero también se divierte con su frescura y sinceridad. Hace de padre, hijo y sobrino a la vez.

Emocionante, el film transcurre entre las locuras divertidas de los hermanos Strobbe, como las carreras de bicicletas desnudos, las competencias por quién toma más alcohol o los cánticos de borracheras, y el rescate de los valores más básicos, como el amor por los familiares, el compañerismo y la unión. Inolvidable, el film se destaca por su sinceridad, su pureza y su falta de miedo por mostrar personajes que por momentos parecen ridículos y caen en lo bizarro.

Anotaciones, curiosidades y detalles

Es doloroso ver un cine cerrado porque dejó de ser redituable. Mucho peor es verlo convertirse en una Iglesia evangelista. Aunque lo preocupante no tiene que ver con lo que queda sino con lo que se va. El cine es, en mayor o menor medida, un lugar mágico. Nos lleva a mundos soñados o a realidades crueles que funcionan como termómetros de diferentes momentos del hombre. Nunca voy a olvidar los ojos tristes de Alberto Kipnis al hablar de sus cines Arteplex y las diferencias con los años de gloria, en las décadas del 60 y 70. Tampoco a mí me gusta ver films como La pivellina o Vincere, excelentes estrenos italianos del año pasado, en salas casi vacías.

La introducción melancólica tiene que ver porque en Pantalla Pinamar, festival de cine europeo-argentino realizado del 5 al 12 de marzo en la hermosa ciudad de los pinos, el mar y la tranquilidad, volví a creer en que es posible pensar al cine como en aquel lugar mágico.

Las luces sólo se prenden cuando terminan de pasarse los créditos. Un detalle correcto: el film es realizado por muchas personas y ellos deben recibir un reconocimiento. La mayoría de la gente huye despavorida de las salas, utilizando la luz de sus teléfonos celulares para no golpearse en la salida. En general, se respeta más el silencio que en otras funciones. Nunca faltan aquellos que olvidaron apagar sus celulares.

Este tipo de festival también abre horizontes. En este caso, el invitado especial fue el cine de India. Se exhibió Aparajito, dirigido por Satyajit Ray, en 1957. Es la segunda parte de la Trilogía de Apu, algo así como el Antoine Donel asiático. También quitó de lado algunos de los prejuicios con respecto al cine argentino. En secciones como El vals del aniversario se proyectaron films como La película del rey, de Carlos Sorín, y Tiempo de revancha, de Adolfo Aristarain, que hacen descubrir para los jóvenes grandes films del cine nacional.

P1310182

Salas llenas y colas de gente que esperaban con buen ánimo para sacar su entrada fueron postales de este festival, en el que pasaron unas 30 mil personas. Allí estaba Rosalina, la directora de la biblioteca popular de Pinamar. Con tacos altos, maquillada y unos aros plateados enormes, sonreía mientras hablaba con cuatro mujeres de su edad que parecían ser sus amigas. Rosalina vive en Pinamar y mantiene una hermosa biblioteca con fondos de los vecinos y su esfuerzo. Para ella, esto era un gran acontecimiento cultural. Carlos Morelli, el director del festival, se pasea de un lado a otro. Mira a la gente, entra a las salas para confirmar que todo funciona bien. Parece disfrutar, también sufrir. Noté a un vecino de mi casa en Valeria del Mar. No sé su nombre ni qué hace en su vida, pero vive sólo con un perro labrador hermoso, al que saca a pasear todas las mañanas. Vestido con camisa de manga larga blanca, zapatos negros lustrados, llevaba el pelo atado. Lucía contento. Yo también. Salí del cine, alrededor de las 21, y caminé hacia la playa, a unos 50 metros. Observé el mar iluminado por la luna, sereno, con algunas olas en la primera rompiente. Suspiré, sonreí y me dirigí al cine. En 10 minutos comenzaba otra película.



There are 7 comments

Add yours
  1. Catalina Ungaro

    Me gustó mucho el post.. Dan ganas de ver buenas películas..y quizá, porque no, otra vez al querido Antoine Donel!

  2. Joaquín Bilbao

    Gracias por las recomendaciones y la pequeña crónica del festival. Resulta estimulante que ciudades como Pinamar puedan realizar emprendimientos de este tipo. Creo que es una de las alternativas para la supervivencia del cine. Porque los festivales convocan muchas personas con ciertos intereses en común (la temática, el cine en general o los eventos culturales) y los pone a todos juntos en un mismo lugar. Eso siempre trae aparejado interacción, comentarios, recomendaciones, etc. De alguna manera le devuelve al cine esa capacidad para ser un centro de la comunidad, algo que pueden cumplir los cines de barrio, pero que lamentablemente (por falta de interés del público o capacidad renovadora de sus propietarios) hoy no sucede mucho.

    Por eso me gustó que nos contaras que viste a tu vecino, el del perro. Ese que ahora sabés que también le gusta el cine.

    Y somos muchos más los que nos gusta. Sólo hay que conocernos un poquito más.

    Felicitaciones por el post.

    • Lucas Bertellotti

      Muchas gracias por los comentarios. Me alegro que haya gustado. Quintín, por ejemplo, en su columna del suplemento de cultura del diario Perfil, dijo que este festival era de baja importancia y financiado por el Estado. Puede ser real, pero, como dice Joaquín, nada más lindo que ver a mi vecino, el del perro, vestido acorde a un gran evento y en una larga cola de gente para ver una buena película.

  3. Julián

    Lucas: qué bueno e interesante el blog. Y compartimos la pasión por el cine.
    ¿Fuiste por tu cuenta al festival de Pinamar o lo cubriste? Con el tema de los cines de barrio me hiciste acordar a la maravillosa Cinema Paradiso que vi la otra vez.
    ¿Dieron algún documental deportivo?
    Un abrazo.

    • Lucas Bertellotti

      Gracias, Julián. En un principio lo iba a cubrir para la radio pero después se suspendió. Por suerte me quedé con el pase y vi todas las películas gratis. En el festival hubo una sección de documentales pero creo que ninguno tenía como temática el deporte. Gracias por el comentario, un saludo.

  4. fer

    El final me sacó una sonrisa. Buen cierre para una movida temporada de verano. Este tipo de artículo me parecen ideales para … “el sitio”. (guiño guiño a Joaquín)


Post a new comment