Blue Valentine: una de amor sin anestesia

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Dean y Frankie están aburridos. Buscan a su perra en un enorme jardín, pero no la encuentran. Parecen cansados y quieren desayunar. Deciden ir a despertar a Cindy. Saltan arriba de la cama. Le cantan al oído. La destapan. Frankie, de unos siete años, ríe sin parar. Dean, de 38, es el que más disfruta de alterar el orden. La secuencia genera ternura. Un padre y una hija que desean involucrar a su mujer y madre, respectivamente, en un momento tedioso, el de la mañana, cuando no hay demasiado para hacer en un pequeño pueblo de Estados Unidos.

Lo interesante de Blue Valentine, estreno en la cartelera argentina, es que para Cindy, una bella mujer que parece algo desalineada y con pocas intenciones de sentirse linda, nada de esto le resulta agradable. La picardía y la alegría transmitida por Dean y Frankie no son más que una molestia para ella.  Sólo quiere dormir un rato más antes de ir a trabajar y no perder el tiempo con otro juego infantil de su marido e hija.

Blue Valentine, ópera prima de Derek Cianfrance, no pretende ser un film romántico de los suaves. De a poco, con el recurso del director de viajar al pasado y mostrar consecuencias directas en el presente, uno entiende porqué Cindy prefiere darse vuelta e intentar dormir antes que mostrarle una sonrisa a su familia. Inteligente y realista, el film denota las heridas que el tiempo puede producir en el amor de una pareja.

De grandes actuaciones, Ryan Gosling (Dean), nominado al Globo de Oro por su interpretación, deja de lado el papel de galancito que había mostrado en Diarios de una pasión, por ejemplo. Michelle Williams, nominada al Oscar como mejor actriz protagónica por su interpretación de Cindy, también se destaca, transmitiendo a la perfección los sueños de una adolescente, los miedos de una joven y, por último, las frustraciones de una mujer adulta.

Aunque por momentos tiene situaciones olvidables, en especial las que tienden a acercarse al típico film romántico de Hollywood, como cuando él quiere suicidarse si ella no le habla, o ella llega tarde al acto del colegio de la hija, Blue Valentine logra ser entretenida y bien filmada. Es memorable la secuencia de la pareja en un hotel alojamiento de baja calidad. Primera virtud: las luces de la habitación, que producen una impresión realista. Segunda: el lugar y la forma de filmar, que transmiten una sensación de asfixia. Tercera: la historia. La de la mujer que no está enamorada. La del hombre que se siente rechazado.

Se trata de un film que no elude la cuestión social. Dean y Cindy son trabajadores. Con poca preparación, aunque con un talento apreciable en la parte artística, él sobrevive pintando casas o realizando mudanzas. Ella, como una olvidable enfermera. También realiza un juicio sobre la cuestión del aborto, quizás desde un costado más emocional que ideológico. La relación entre Dean y Frankie es otro detalle conmovedor. Los diálogos, los gestos y las conductas enseñan el sentimiento natural que suele generarse entre un padre y una hija.

Lejos de las dietéticas versiones de amor que suele ofrecer Hollywood, Derek Cianfrance, el director, propone una historia cruda, sin anestesia. El amor, a veces, se desgasta tanto que deja de ser amor.



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