Mar rojo, hombre asesino

Delfínes

El mar se tiñe de rojo por la sangre derramada de  los delfines. El líquido rojo se mezcla con el agua revuelta, que antes estaba limpia y transparente. Se puede escuchar el llanto de los animales, atrapados entre dos redes del mar de Taiji, un pequeño pueblo al sur de Japón, que intentan escapar de la muerte. Son chillidos agudos, de corta duración. Desde dos lanchas, un grupo de pesqueros japoneses clava los arpones en sus cuerpos. Algunos mueren al instante. Comienzan a flotar como troncos en el agua. Otros se hunden y no vuelven a verse. Unos se desangran mientras intentan escapar, sin demasiada fuerza. Hay luchadores incansables, que golpean el agua con sus colas, con movimientos bruscos y desesperados, una y otra vez. El color del agua es cada vez más rojo y espeso. Ya no hay más ruidos de los delfines, una de las especies más inteligentes y admiradas del mundo. Sólo se escucha la risa de los japoneses que, desde sus botes, comienzan a cargar los pesados cuerpos.

Es una de las secuencias -devastadoras para cualquier espectador con un mínimo grado de sensibilidad- del documental The cove (2009). El film, ganador del Oscar a mejor documental 2010, denuncia la matanza indiscriminada de 23 mil delfines al año en Taiji, por parte de los pesqueros japoneses, con el visto bueno del gobierno nacional.

Richard O `Bary vio cómo Flipper, el delfín estrella de la televisión con el que había vivido y entrenado por siete años, se había suicidado, casi en sus brazos. O`Bary explica que, a diferencia de los humanos, y como las ballenas, los delfines poseen autonomía en cuanto a la respiración. Tienen la posibilidad de decidir cuándo respirar. Flipper, estresado, triste y cansado, inhaló pero no volvió a exhalar. Contuvo su aire, y murió.

O`Bary entendió que había sido parte de un negocio cruel, el de explotar a los delfines para que algunos se diviertan con sus piruetas y simpatía. Los acuarios los necesitan para ganar dinero. Pero los delfínes no necesitan de los acuarios. Todo lo contrario. En el océano, libres, pueden llegar a recorrer unos 60 kilómetros por día. Surfean las olas, se mueven en grandes grupos. Persiguen a sus presas. En una pileta, sufren porque no tienen espacio o porque los ruidos son intolerables para ellos.

Lo peor ocurre en Taiji, una aldea de 3500 habitantes. Allí, todos los septiembres comienza la caza de delfines. El accionar: perturbarlos con un ruido que los hace escapar a la costa, para encerrarlos entre redes. El propósito: exponerlos, como si fueran autos o televisores, a representantes de diferentes parques acuáticos del mundo y venderlos por unos 150 mil dólares. Los que no sean seleccionados serán asesinados para vender su carne, por unos 600 (en Japón, la carne de delfín apenas se come. Algunas personas son encuestadas en el mismo documental y no entienden cómo alguien de su país puede comer eso).

El film, dirigido por el estadounidense Louis Psihoyos, tiene pretensiones fuertes. Está pensado para cambiar la cabeza de las personas, pero también para denunciar. A partir de un grupo conformado por diferentes especialistas (camarógrafos, buzos, etc), consiguen tomar imágenes- por medio de un operativo Swat al estilo Ocean´s Eleven, que los pesqueros japoneses se habían encargado, por medio de la violencia, a prohibir. The cove significa bahía. En Taiji, se matan a los delfines en la bahía, una zona a la que nadie puede acceder, para que la matanza sea en secreto.

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“Todo cambio social es producto de la pasión de los individuos”, comenta uno de los entrevistados que está metido en la lucha contra la matanza. Pero, en realidad, ¿sentimos pasión por este tipo de cosas? Las consecuencias del documental no fueron demasiado importantes: se destituyó al director del Departamento de pesca japonés, se eliminó de la dieta de los colegios a la carne del delfín y no mucho más. El pueblo japonés tuvo la posibilidad de ver el film (el estreno en las salas japonesas tuvo que atrasarse por las protestas de los nacionalistas que no querían que el film se proyectara). Louis Psihoyos envió por correo una copia DVD a cada uno de los  habitantes de Taiji, pero no se movilizaron, ni mucho menos. Para ellos, el negocio de los delfines no debe acabar. En la Argentina, el documental no se estrenó en cines ni se editó en DVD. La marcha del delfín agonizando, que escapa de los arpones mientras se desangra, golpea la sensibilidad como pocas. ¿Porqué nadie pensó que el público argentino podía llegar a sentirse interesado por el tema?

El documental llega a alterar,  hace cambiar la visión de las cosas. Genera una especie de tristeza, por el crimen que se comete con los delfines. Pero, lo más importante, se produce una sensación de impotencia y dolor por sentir que las cosas no cambian, que son pocos lo que se preocupan.  El 23 de Marzo de 2010, un año después del estreno de la película, el gobierno japonés afirmó que “la cacería de delfines es parte de la pesca tradicional de este país y ha sido llevada legalmente”. La caza no se detuvo. Mientras miramos hacia otro lado, cada septiembre el mar de Taiji vuelve a teñirse de rojo.



There are 18 comments

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  1. Joaquín Bilbao

    Lucas:
    “Todo cambio social es producto de la pasión de los individuos”. Completamente cierto. El tema es ver hasta dónde llega esta pasión y trascenderla para llegar a la acción. Para eso hace falta preocuparse por saber más, sacrificar algunas cosas, organizarse y hacer cosas. Hacer un documental sobre la matanza de los delfines y escribir sobre ello ya es un paso, sin dudas.
    Ahora, me pregunto: ¿qué es lo que te sensibiliza de la matanza de los delfines? Evidentemente son animales “lindos” a la cultura humana… Pero más allá de eso, ¿qué es lo que nos mueve a ver y escribir sobre su homicidio? Digo homicidio, porque en su raíz, homicidio es matar un semejante. Y es ahí, me parece, donde está la respuesta. Tenemos empatía por estos animales que comparten muchas características con nosotros, los humanos.
    Y si tuviera que agrupar esas características que nos hacen reconocibles, diría que son las que compartimos los mamíferos, esa clase animal a la que, aunque solemos olvidarnos, también pertenecemos los humanos. Perdón por citar a Wikipedia, pero me parece relevante señalar esto “Resulta curioso comprobar cómo en muchos casos, especies muy distanciadas entre sí geográfica y filogenéticamente han adoptado estructuras morfológicas, funciones fisiológicas y aptitudes de comportamiento similares”. Estamos emparentados en muchas cosas, desde el rol de la familia, el amamantar, la inteligencia, la sociabilización, el juego y, en varios casos, la conciencia de sí.
    Los animales tienen derechos, basándonos en la ética moral que construimos, que no le son reconocidos. Más aún algunos mamíferos que tienen alta inteligencia, cultura y conciencia de sí. Si algunos humanos con capacidades diferentes tienen derechos tutelados por el estado, ¿por qué no estos animales?
    Las definiciones sobre lo humano siempre se quedan cortas cuando las ponemos a prueba. Te recomiendo el libro de Sagan: “Sombras de nuestros antepasados olvidados” para comprobar este punto.
    En fin, a lo que voy -volviendo al foco-, es que está muy bien sensibilizarse por estas cosas que hacen los japoneses, pero hay que mirar también a nuestra casa. Argentina tiene uno de los índices de consumo de carne per cápita más altos del mundo. ¿Es realmente necesario? ¿Cuáles son las condiciones en las que viven y mueren estos animales que consumimos y exportamos como si fueran simple materia de protenías germinadas en un laboratorio fantaseoso?
    Tenemos la capacidad de cambiar las cosas, empezando por nosotros mismos. La cultura, esa que quiere excusar lo que pasa en Taiji, es la misma que se enogullese de matar un número inncesario de animales en el país http://www.armspain.com/2011/03/21/el-asado-mas-grande-del-mundo/. Estas cosas pasan hoy en la Argentina.
    Te dejo esta gran película francesa http://www.youtube.com/watch?v=QFAUA8_mfXs y te invito a seguir discutiendo este tema. (Otra peli interesante reseñada por acà http://filmsufi.blogspot.com/2011/02/earthlings-shaun-monson-2005.html)
    Vví el trailer de esta peli hace años y todavía no me atreví a verla. Gracias por tu reseña.
    Saludos,
    Joaquín

    • Lucas Bertellotti

      Gracias por el comentario, Joaquín, que eleva el nivel del post y del blog. Estoy de acuerdo en lo que decís. La explicación de por qué nos sensibiliza más la muerte de un delfín que la de una vaca creo que se responde en el documental. Sí, tiene que ver con las similitudes, con sus niveles de comunicación y inteligencia. Agradezco las recomendaciones, ahora me preparo para ver el documental Food Inc, que tiene que ver con el tema alimenticio, las formas de manipulas a los animales para luego comerlos, etc.
      Saludos

  2. Anonymous

    Es importante cambiar la vision de las cosas. Cambiar, hacer cambiar, crecer….difundir,mirar videos y cambiar la actitud.
    Vi un video donde muestran como alimentan a los ¿ gansos? una forma cruel e inhumana, , con tubos que meten a la fuerza en sus bocas hasta el estomago.Las cosas que se ven en ese video son increibles. Deje de consumir pate y
    enseñe a mis hijos a no comer pate. Es mi granito de arena.

    • Lucas Bertellotti

      Coincido plenamente. Estas cosas mejoran a partir de “ese granito de arena” al que te referís vos y Joaquín, en el comentario anterior. A la vez, siempre creo que es poco lo que hacemos, que necesitamos involucrarnos más. Gracias por el comentario, saludos.

    • Lucas Bertellotti

      Sí, creo que el cambio está en que todos hagamos algo para modificar la situación. Y sí, es muy triste y genera impotencia. Aprovecho para recomendar el Green Film Fest, un Festival Internacional de Cine Ambiental, que está este fin de semana en Buenos Aires y en el que se podrá ver, entre otros filmes, The Cove: http://bit.ly/pgIKHT. Gracias por el comentario!

  3. karen

    no entiendo las cosas que las personas pueden hacer por dinero, es muy triste como avecez podemos ser tan buenos y otras hacer estas atrocidades a estos pesacadores deveriamos hacerles lo mismo por eso no me caen los asiaticos

  4. jessica moreno

    hola, me llamo jessica soy una pintora de 17 anos. esta manana se me ocurio aser un cuadro de como tratamos a los animales marinos, es increible como destruimos las cosas hermosas del mundo por el egoismo del ser humano. alomejor cuando termine mi cuadro podria mandarte una foto. muy interesante tu articulo.


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