The Wire: un juego sin fin, en el que sólo cambian los nombres

the wire

“Shit never fucking change”- Jimmy McNulty

El ruido que producen los balazos no llama la atención. Algunos chicos de las esquinas jugarán a adivinar qué arma produjo el sonido. “Una 45, seguro”, dice uno. “No, negro, eso es una 9 milímetros”, responde otro. En esta ciudad, donde tres de cada cuatro personas son negras, los adictos merodean las calles en busca de la droga más fuerte, mientras los narcotraficantes se llenan de plata. Tanta, que ya no saben dónde guardarla. Los políticos nadan en un océano de corrupción inmenso. Los soplones son condenados a muerte, por no respetar el primer y más importante código de la calle. Los policías sufren porque 300 ciudadanos mueren asesinados al año, en lo que representa la mayor tasa de criminalidad mundial. Esto es Baltimore, la ciudad en la que los dioses no existen.

“A life, Jimmy, you know what that is? It’s the shit that happens while you’re waiting for moments that never come”- Leaster Freamon

David Simon es un periodista de raza. Había caminado las calles de Baltimore, la ciudad más poblada del estado de Maryland, Estados Unidos, por quince años. Conocía sus olores, sus colores y sus formas como pocos. Autor del libro Homicidio: la vida en las calles, y la miniserie The Corner, decidió ir un paso más y creó, junto a Edward Burns, un intelectual policía de Baltimore, y HBO, la gran serie The Wire. Cuando uno piensa que hasta ahora nadie ha escrito la novela del siglo XXI o realizado el film que trascenderá fronteras y años, quizás sea la hora de cederle un poco más de crédito a este tipo de series, como también a Los Sopranos y Six Feet Under. The Wire (en español, la escucha) no es un policial, un drama ni un thriller. Es todo eso junto, pero mejorado a un nivel deslumbrante. Aunque cada temporada pone el foco en un tema específico (en la primera se relatan los barrios pobres, en la segunda, los sindicatos, luego, la política, en la cuarta, la educación, y en la última, el periodismo), plantea un mapa frío y crudo de la sociedad de Baltimore, aunque las cosas no parecen ser demasiado diferentes en el resto del mundo.

“I ain’t no suit-wearin’ businessman like you… you know I’m just a gangsta I suppose…and I want my corners back”- Avon Barskdale

The Wire relata lo real y ese es su gran mérito. Para acercarse a esa realidad, se decidió correr el riesgo de filmar en las calles de Baltimore. Aunque al principio el equipo de filmación y los creadores de la serie tenían miedo de que ocurriera algún hecho violento, el efecto fue inverso. Los gangsters comenzaron a ver la serie y se sintieron representados en varios de los personajes (Avon Barskdale está basado en Melvin Williams, un criminal que fue llevado a la justicia tras una investigación de Burns. La historia de Bubbles también es real. Era un informante de la policía de la década del 60 con una extraordinaria memoria visual. Simon también aportó hechos reales, a partir de sus coberturas para el diario Baltimore Sun). Algunos de ellos se acercaron al mismo lugar de filmación y comentaron las cosas que les pasaban. Así, narcotraficantes, policías y hasta fiscales terminaron siendo los mejores guionistas que se podían pedir. En el casting se buscó a actores con pasado delictivo, que entendieran a la perfección los ritmos de la calle. El caso más resonante es el de Snoop, la brutal asesina que trabaja para Marlo Stanfield, que el año pasado fue arrestada en Baltimore por tráfico de drogas. Desde los creadores hasta los actores, todos aportaron una enorme cuota de pertenencia y verosimilitud a la serie.

“I got the shotgun. You got the briefcase. It’s all in the game though, right?”- Omar Little

¿Existirá alguna otra obra de ficción con personajes tan bien construidos? En uno de los sitios de fans de esta serie, se realiza una encuesta que pregunta por el mejor personaje. Dentro de las opciones figuran ¡dieciocho posibilidades! Y es entendible, porque la amplitud y las diferencias de cada uno asombran. Omar camina por los pasillos de uno de los barrios pobres. Silba y mantiene un paso lento pero todos a su alrededor comienzan a correr. ¿A qué maldito genio se le ocurre crear a un personaje como él? Roba drogas a las organizaciones más  pesadas de Baltimore, pero todos le tienen miedo. Hombre de códigos como pocos, está dispuesto a matar y robar a cualquiera que esté en el juego, pero nunca tocará a nadie que no esté involucrado. Como si faltara un ingrediente, tiene una enorme cicatriz en la cara. Ah…y es homosexual. Lo mejor de este tratamiento de personajes es que todos ellos son vulnerables. A nadie en HBO se le ocurrió mantener o eliminar a los personajes por ratings, como suele hacerse en las mediocres ficciones argentinas (la serie tuvo cinco temporadas, con 60 capítulos y estuvo al aire del 2002 al 2008). Cualquiera puede caer en cualquier momento y circunstancia. Querer demasiado a los personajes de The Wire es un riesgo, pueden desaparecer por las imprevistas situaciones que ofrece la calle.

“The world goin’ one way, people another”- Poot

Cada párrafo de este post está antecedido por una frase de uno de los personajes. Están en inglés porque de otra manera se perdería parte del sentido de lo que quieren decir. El vocabulario fue otro de los elementos clave. Ni siquiera los televidentes de Estados Unidos entendían parte de los diálogos, por tratarse de una jerga muy específica, casi un idioma distinto, deformado y creado por la gente de Baltimore. Hasta la forma de caminar de cada personaje llama la atención por su estilo. Bodie, uno de los muchachos de Barskdale y, luego, de Marlo, camina con las manos metidas en los bolsillos de las camperas. Mueve los hombros, hacia atrás y adelante, y la cabeza, hacia los costados. Cuando termina de hablar con alguien, suele escupir al aire. Mantiene los dientes juntos, como si estuviera riendo, no abre demasiado la boca. Lanza un fino y potente chorro de saliva. Las formas fueron cuidadas al detalle. Mientras series como Los Sopranos o Six Feet Under priorizaron la belleza estética de cada uno de los planos, The Wire, aunque la fotografía es excelente, decidió apostar todo al guión, el ritmo vertiginoso de los diálogos, la credibilidad de las historias y las caracterizaciones.

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“No one wins. One side just loses more slowly”- Roland “Prez” Pryzbylewski

Mucho se escribió sobre The Wire y seguramente poco habrá agregado este post. Es un simple homenaje y una forma de difundir sucesos que no deben pasar desapercibidos. David Simon explica mejor que nadie su serie, en declaraciones a El País Semanal: “Cuando se le da rienda suelta al capitalismo desaparecen los derechos de los trabajadores porque los trabajadores se convierten en sólo una herramienta del capitalismo, dejan de ser seres humanos. Si estás en lo alto de la pirámide productiva y te beneficiás de esta dinámica, fenómeno; pero si estás en la parte de abajo, eres una víctima. Por eso Estados Unidos es un país más brutal e indiferente que otros, sin interés alguno por compartir los beneficios entre toda la comunidad. Eso es The Wire: una declaración política de principios”.

La historia de esta serie, en realidad, no tiene principio ni final. Tampoco ganadores ni perdedores, malos o buenos. Cambiarán los nombres pero nunca el juego.



There are 21 comments

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  1. Maria Sch

    Es una serie muy fuerte pero con un excelente historia que esta muy bien trabajada, no me la perdia ya que aunque es una historia llena con mucha acción que me ha dejado un muy buen sabor de bica como muchas otras series de HBO que en mi opinion son las mejores que existen ademas hbo es un canal muy completo en cuanto a contenido que es muy variado.

  2. How to make it in America: jóvenes sin foco « Crónicas de calle

    […] Los  héroes y los milagros no existen en esta serie que gana fuerza por su realismo. Wilfredo es un talentoso skater (la cultura del skate parece mostrarse en auge para los adolescentes y jóvenes neoyorquinos). No hay como él en agresividad y estilo. Pero está loco. Vive en los parques con su patineta hablando consigo mismo y tomando cerveza. Cam y Ben diseñaron un skate con la imagen de Wilfredo, con la intención de que se convirtiera en el mejor del mundo y fuera famoso. Pero nunca pasó. Tras el fracaso, Cam decidió vender el stock de tablas que tenía apilado y lleno de polvo en su casa. ¿Qué hizo? Fue a un colegio privado y esperó a que salieran los chicos. Cuando les dijo que Wilfredo era un gran skater y sería un gran profesional nadie se entusiasmó. Pero cuando les contó la verdad y les confesó que era un maldito loco con un tremendo talento que vive en Central Park hablando solo, con la amargura de no haber podido triunfar en las grandes ligas, todos quisieron una. De esa manera How to make it compra al espectador. No lo acaricia, le aplica un golpe duro y después le da un poco de hielo para que se recupere rápido (obviamente, es mucho más suave que Six Feet Under o The Wire). […]

  3. dessjuest

    Genial post, a la altura de la serie, para mí una auténtica obra de arte, la pena es que tras verla eres consciente que jamás volveras a ver algo tan bueno, porque creo que es imposible volver a hacer algo así.

    Saludos.

    • Lucas Bertellotti

      Gracias por el comentario. Coincido con vos, cuando se ve este tipo de obra queda una sabor doble: por un lado, alegría por haber visto algo excelente y, por el otro, la sensación amarga de que se terminó y que será difícil cruzarse con algo igual. Aún así, te recomiendo Six feet under y Treme, son series de otro tipo pero igualmente brillantes.
      Saludos!

  4. True Detective: la luz está ganando | Crónicas de calle

    […] Para algunos puede ser brillante y para otros una verdadera locura. Pero lo cierto es que HBO pretende mandar un mensaje cuando presenta este tipo de soliloquios en el guión: “Nos encantaría que esto fuera popular pero, de todas maneras, queremos dejar en claro que no es nuestra prioridad. Preferimos hacer algo distinto”. La primera temporada de True Detective, de ocho capítulos de un poco menos de una hora, se instala en la historia dorada del canal que cambió la forma de hacer televisión. No hay dudas, está en un nivel más o menos  parecido al de la Santísima Trinidad: Six Feet Under (True Detective la destronó como la más vista de HBO, con un total de 11 millones de espectadores a lo largo de la primera temporada), Los Soprano y The Wire. […]

  5. How to make it in America: jóvenes sin foco | Crónicas de Calle

    […] Los  héroes y milagros no existen en esta serie que gana fuerza por su realismo. Wilfredo es un talentoso skater (la cultura del skate parece mostrarse en auge para los adolescentes y jóvenes neoyorquinos). No hay como él en agresividad y estilo. Pero está loco. Vive en los parques con su patineta hablando consigo mismo y tomando cerveza. Cam y Ben diseñaron un skate con la imagen de Wilfredo, con la intención de que se convirtiera en el mejor del mundo y fuera famoso. Pero nunca pasó. Tras el fracaso, Cam decidió vender el stock de tablas que tenía apilado y lleno de polvo en su casa. ¿Qué hizo? Fue a un colegio privado y esperó a que salieran los chicos. Cuando les dijo que Wilfredo era un gran skater y sería un gran profesional nadie se entusiasmó. Pero cuando les contó la verdad y les confesó que era un maldito loco con un tremendo talento que vive en Central Park hablando solo, con la amargura de no haber podido triunfar en las grandes ligas, todos quisieron una. De esa manera How to make it compra al espectador. No lo acaricia, le aplica un golpe duro y después le da un poco de hielo para que se recupere rápido (obviamente, es mucho más suave que Six Feet Under o The Wire). […]


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