El Tano Pasman y un viaje a la fama que nunca quiso

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No parece un día normal en las inmediaciones de la heladería Trevi, en la esquina de Senador Morón y Francia, en Bella Vista. Móviles de televisión estacionados, periodistas gráficos merodeando el lugar y fotógrafos impacientes esperan que el Tano Pasman dé la orden para ir a su casa. Comienza a garuar y hace frío. Faltan quince minutos para que River juegue el primer partido de su historia en la B, ante Chacarita. Casi no hay vecinos que pasen por el lugar. En la heladería hay ocupadas sólo dos mesas por personas que no prestan demasiada atención a lo que pasa. Están concentrados en la televisión, que transmite el partido entre Lanús e Independiente. “Y…creo que venían los de Pura Química…pero no sé si iban directo a casa…y una chica de Muy….ya no sé. Hablé con tantos que ni me acuerdo”, dice Pasman a Marcelo, su representante, o, como le gusta definirse, su community manager. Parece desorientado, pero nunca deja de ser amable. Saluda a los periodistas con un apretón de manos y una tímida sonrisa. “Bueno, vamos que tampoco me quiero perder el partido. Voy con mi camioneta adelante. Síganme, es fácil llegar”, dice, cinco minutos después.

El Tano Pasman es el hombre convertido en celebridad luego de que se publicara un video que lo mostraba mirando por televisión, desde su sillón verde, el partido de ida de la promoción entre Belgrano y su equipo, River. Sus insultos (“¡La puta que lo parió, la puta que lo parió!”), comentarios (“¿Estás contento, Walter Nelson?”) y sufrimientos (“¿Por qué me hiciste de River, viejo?”) fueron vistos 8 millones de veces. Ahora, una jauría de periodistas desean ver el primer partido de River en la B con él.

La casa está ubicada en una zona tranquila con poco movimiento. Es un típico barrio con lindos árboles alrededor, donde los hombres lavan el auto en la vereda los fines de semana, mientras los perros salen de los jardines a curiosear.

Dentro de la casa el ritmo es otro, más vertiginoso. Caminar por los pasillos es una tarea complicada, entre los metros de cables que colocaron los canales de televisión y los productores y periodistas que van de un lado a otro. Las dos hijas, de entre 18 y 22 años, y su mujer se presentan y comienzan a circular y a hablar en voz alta por toda la casa. “¿Podés traer las cocas que están en la heladera, por favor?”, pregunta la madre a una de sus hijas. Mientras, la otra aparece en el living con una enorme tabla de fiambres y unas canastas de pan. “Bueno….compramos algunas cositas para que estén cómodos. Pueden servirse lo que quieran”, dice la mamá. Los periodistas miran sorprendidos, no imaginaban tal recibimiento.

El Tano Pasman ya está sentado en su sillón, preparado para ver el partido. Dentro de la habitación, de unos 4 metros por 4, con un enorme mueble blanco lleno de DVDS piratas y decorado con portarretratos con fotos familiares, gobierna el caos. Los periodistas pugnan por conseguir el lugar más cercano a Pasman. Dos movileros televisivos se sientan en los sillones contiguos. Cuatro camarógrafos, de América, Telefé, Crónica y ESPN, ya están instalados en fila para grabarlo. Cuando uno de ellos se movió un paso hacia atrás, tiró, con su brazo derecho, un portarretrato que estaba colgado en la pared y que tenía la foto del hijo del Tano. La cara del nene, de unos cuatro años en ese momento, ya no se ve por la deformación del vidrio que estalló contra el piso. Su community manager se ubica en el piso, sentado con las piernas cruzadas. Sostiene una notebook que filma a Pasman. La transmisión se publica en vivo desde su Facebook o Twitter oficial. Ya no hay espacio. Un redactor de un diario le pregunta a un colega, que trabaja para Pura Química, si le puede hacer un lugar dentro de la habitación, pero la respuesta es contundente: “Tengo que hacer el minuto a minuto con el Tano, no me puedo mover”. El notero intenta realizar algunos comentarios durante los primeros minutos de partido, pero Pasman no le presta demasiada atención.

– Jugada la camiseta de Baldasi, ¿no, Tano?- pregunta.

– ¿Por qué, es azul y amarilla?- responde, sin mirarlo.

– No, es violeta.

– Ah, no me había dado cuenta….

A los quince minutos del primer tiempo, el notero ya se cansó de intentar construir un diálogo. Sólo mira su Blackberry y presiona los botones sin parar. Cada tanto levanta la cabeza para ver el partido. Salvo el volumen de la televisión y algún comentario al aire de Pasman (!Bien! !Bien! !Bien Riiiiiiveeeeeeeeer!), en la habitación hay silencio.

En el pasillo que conecta el cuarto con el living, mientras se juega el partido, la mujer de Pasman camina, apurada, hacia la cocina. Un periodista de la revista Noticias, con anteojos y una libreta en la mano con la que se encarga de anotar hasta el nombre del perro de la casa, interrumpe su marcha y comienza a hablar con ella en un tono de voz bajo:

– Tengo que hacerte una consulta. Lo que te voy a preguntar me parece importante para evitar confusiones. Muchos piensan que el Tano se hizo millonario por todo lo que pasó y por la publicidad en Chile. En la revista me piden el monto que se cobró por la publicidad….

– ¿Pero no le preguntaste al Tano?

– No, todavía no.

– Ah, bueno. Pero si él no te dijo nada yo no te lo puedo decir.

– Es que no lo quiero molestar. Es para despejar dudas y que quede todo claro.

– Lo que te puedo decir es que con la plata alcanzó para pagar la pintura de una parte de la casa y la mano de obra. Sacá cuentas.

– ¿Para la pintura y la mano de obra de la casa? Ah, bueno, está bien.

En el mismo pasillo, el hijo de Pasman, de unos 20 años, prepara el bolso para ir a jugar un partido de fútbol. “¿Dónde carajo están las plantillas de los botines?”, dice. Golpea las puertas de los muebles. Larga el aire con fuerza y pesadez, como si tuviera ganas de que los periodistas percibieran su enojo. Desde el cuarto, el Tano le pregunta con un grito a su hijo: “¿Te vas a jugar al fútbol?”. Pero no le responde. Entre las cámaras y los periodistas no se pueden ver, tampoco escucharse. El hijo intenta ingresar al cuarto, pero no puede. La madre nota su enojo y decide ingresar con mayor ímpetu. “Permiso, por favor”, dice. Vuelve con las plantillas y se las da. El hijo no agradece. Da media vuelta y se va.

El Tano grita, pero está mucho más tranquilo que en el famoso video. En el living, sus dos hijas, su madre, algunos fotógrafos y productores comen el catering ofrecido por la familia. El tema de conversación: el futuro que le depara al hombre de los mil insultos. “Y…para mí, tiene que aprovecharlo. Disfrutar el momento y sacarle el jugo”, dice un fotógrafo. “Sí, lo que pasa que él está sufriendo. Si nos viene una oferta importante para que se dedique al periodismo, la vamos a analizar”, responde la mujer. “El Tano es un producto de Internet y no queremos que salga de ahí”, agrega el community manager.

Termina el partido. Cauteloso, el Tano casi ni festeja. No parece pensar demasiado en publicidades ni en ganar dinero. Está contento porque River ganó y, dentro de todo, jugó bien. Mañana tendrá que ir a trabajar a la imprenta, como todos los días. Dormirá un poco más tranquilo porque los próximos partidos los verá con algo más de paz, sin periodistas alrededor. Es la hora de las entrevistas a los medios que vieron el partido con él. Todos empiezan con la misma introducción: “Bueno, Tano, lo viviste con bastante calma”.

(*) De este artículo se responsabiliza sólo y por completo Crónicas de calle. La foto es de Marcelo Gómez. Acá, la nota sobre el Tano Pasman publicada en Canchallena.com.



There are 5 comments

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    • Maria Elisa

      Coincido , sin espontaneidad como en este caso el ” tano pasman” se transformo en un producto de análisis comercial , desdibujando al ser humano, imponiéndose así por sobre toda subjetividad y alteridad.-

      • Lucas Bertellotti

        Muchas gracias por los comentarios. Y sí, el Tano Pasman es una parte de la locura que tenemos los hinchas del fútbol. A la vez, era evidente que lo suyo iba a ser algo efímero, finito. Creo que lo mejor sería que el fenómeno termine lo antes posible, que no se intente sacar material de donde ya no hay y que el Tano vuelva a ver los partidos de River en su sillón verde, sólo y tranquilo (o no), como lo hizo toda la vida. Saludos!

  1. Fer Massa

    Hay que animarse para contar los entre telones, el detrás de cámara. Y la no noticia lo ameritaba. Buenas descripciones, buena mirada sobre la jaurìa en que se convierte un grupo de periodistas de distintos medios pugnando por sacar jugo al “minuto a minuto”. El punto de vista tuyo me hace acordar a una foto que sacó Anìbal Greco en La Nacion cuando cubrìa lo de los mineros: en vez de sacar al ministro chileno mostró la cantidad de micrófonos y cámaras que tenía alrededor. Eso es entender lo que está pasando. Y eso creo que es lo que hiciste. Y la plataforma de un blog justamente da esas posibilidades.

    • Lucas Bertellotti

      Massa: Muchas gracias por el comentario. Una de las pocas cosas que no me gusta del periodismo es el “trabajo físico” para posicionarse en un lugar. Empujar, apretarse, pelearse. ¿Y para escuchar a quién? A tipos que no tienen demasiado para decir. En fin, me alegro que te haya gustado. Un abrazo!


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