Almodóvar no se cansa de provocar

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“Ya nada me divierte y mucho menos cuando la diversión es moda. La gloria es aquello que te obliga a repetirte capítulo tras capítulo. Si eras una chica graciosa esperan que lo seas siempre. Si eres espontánea, la gente espera que seas maleducada. Odio a toda la pandilla de ineptos lectores que se atreven a identificarse conmigo y que celebran todo lo que hago y digo”, Patty Diphusa.

No le tiene miedo a nada. Es distinto a los demás directores. Tiene una mirada diferente de las cosas y una brillante forma de mostrarlas. Se anima a arriesgar como pocos, no le gusta relajarse. Es polémico. Como Patty Diphusa, el personaje que creó en doce entregas en la revista española Luna, su inolvidable “Sex-symbol internacional o estrella internacional del porno”, mucho no le importa lo que piensen otros. Se llama Pedro Almodóvar y vuelve a mover las aguas con su nuevo film, La piel que habito.

Basada en la novela francesa Tarántula, de Thierry Jonquet, la película deja de lado parte del repertorio lleno de humor que suele ofrecer el español.  Desde la muerte de su mujer (Elena Anaya), quemada en un accidente automovilístico, el cirujano plástico Robert Ledgard (Antonio Banderas) se mantiene entre las sombras en su laboratorio, a lo Víctor Frankenstein, obsesionado. Intenta crear una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. “La película más negra que he hecho hasta la fecha”, dijo Almodóvar.

Llegó a la categoría de director-empresa, como también lo son Francis Ford Coppola o Steven Spielberg. No necesita de otros para filmar. En 1985 fundó la compañía El Deseo, con su hermano Agustín, y produjo películas de Álex de la Iglesia (Acción mutante), Guillermo del Toro (El espinazo del diablo) o Isabel Coixet (Mi vida sin mí).

Toda su filmografía tiene guiños propios, puramente autobiográficos. Siempre se preocupó por mostrar una realidad marginal, a la calle, los travestis, los chicos precoces, la corrupción o la prostitución. La presencia de la literatura, fiel compañera del director, se percibe, por ejemplo, en Esteban, el hijo de Manuela (Cecilia Roth), que sueña con ser escritor en Todo sobre mi madre, en los libros de la editorial Anagrama sueltos en algunas de sus películas o en el libro Las horas, de Michael Cunningham, en la mesa de luz de Marco Zuluaga (Darío Grandinetti), uno de los protagonistas de Hable con ella (2002).

Apostó fuerte, arriesgó de más, como siempre, y, con La piel que habito, recibió algunos golpes. El diario español El País denominó al film como “La piel que evito”. Aún más, la Academia Española no lo envió a Hollywood para la selección del Oscar de este año (prefirió la catalana Pa negre) y buena parte del público de su país le dio la espalda.

Pero a este hombre poco le interesan lo que digan los demás. Como pasaría con directores como Woody Allen o Martin Scorsese, el espectador podría ir al cine a ver su nueva película por cariño, por su fenomenal pasado o por apreciar sus inolvidables personajes. Almodóvar y Patty Diphusa son en realidad uno solo. Personajes que están más allá de la media general. Ellos le dan la espalda a todos y no dejan nunca de provocar.



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