El Antoine Doinel oriental o el Apu occidental

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Cuando el director francés Francois Truffaut vio La canción del camino (Pather panchali), del director indio Satyajit Ray, no le gustó nada. “No es de mi interés ver películas de campesinos comiendo con las manos”, dijo. No iba a imaginar que ese film sería casi la copia exacta de su gran obra, Los 400 golpes.

No hay referencias en el inmenso mundo de Internet. No hay relación entre los directores. No hay rastros de plagio. Pero es evidente que, Apu, el personaje que compone la trilogía de Ray, es casi la misma persona que Antoine Donel (Jean-Pierre Léaud), el pícaro chico parisino, de infancia dura y crecimiento a los tumbos que nos muestra Truffaut en cinco películas.

En 1955, se estrena La canción del camino (filmado por aficionados, desde los camarógrafos hasta los actores y bajo la supervisión pulpo de Ray, un director que sólo por esta obra merece mucho mayor reputación de la que tiene, por lo menos en occidente, que se encargó de la filmación, guión, producción, música, etc), la historia de una familia de campesinos pobres de un pueblo de Bengalí, India. El padre, poeta y religioso hindú, no gana demasiado dinero para mantener a su familia. Apu tiene unos ocho años y se la pasa correteando con algunos amigos, en los caminos llenos de tierra, polvo y suciedad que rodean su casa. Su hermana mayor, Durga, juega con sus vecinas mientras las envidia porque cuentan con lujos, como golosinas o collares, que para ella son inalcanzables. Su madre suele pelearse con su suegra, una vieja de unos 90 años que ya no puede moverse y roba comida de su propia casa, mientras se las rebusca para cocinar algo para su familia. Apu es pillo. Se maneja como alguien mucho mayor a su edad. Sabe cómo caerle bien a su abuela para que le regale alguna fruta. Percibe cómo llegarle a su madre para que no lo rete tras realizar alguna travesura.

La historia, emocionante, tiene un contexto más que interesante para cualquier persona occidental que se sienta lejana a esa cultura. Dan ganas de conocerla mucho más, por lo excéntrica y difícil de entender. Ray muestra la vida de los indios en todas las dimensiones. Comen con sus dos manos, con las plantas de los pies apoyadas y las rodillas flexionadas, en cuclillas. Las mujeres se preocupan por cubrir su cuerpo, taparse la cara cada vez que pasa un hombre. El sueño de Durga, la hermana de Apu, es que su mamá le consiga un buen hombre para casarse. En sus vidas no hay amor antes de decidir pasar el resto de la vida con alguien. Es pasar el resto de la vida con tu pareja y después ver si hay amor. La devoción por la religión hinduista. Suciedad. Mala higiene. Pies sucios y descalzos. Sufrimiento ante la falta de salud y las precarias condiciones de vida.

Un año después se estrenó Aparajito. Es la continuación de la vida de Apu. Su familia se muda a Calcuta. El vértigo de la enorme ciudad no lo marea. Cada vez  tiene más amigos. Recibe varios golpes, cuando sufre algunas pérdidas irremplazables. Vuelve al pueblo con su madre y va al colegio, donde se destaca. Sueña con ser escritor.

En 1959, sale la parte final de la trilogía, El mundo de Apu (Apu Sansar), cuando ya es adulto y un escritor consolidado. Intenta ser feliz y desenvolverse en el mundo competitivo pero no logra desatar los fuertes nudos de su dura infancia. Apu es una buena persona y tiene condiciones para ser bueno en lo que se proponga, pero falla emocionalmente. Con esa película se cerró la gran Trilogía de Apu.

Ese mismo año sería el estreno de Los 400 golpes, de Truffaut.  Como Ray, el francés muestra la vida de un chico de unos 12 años. Luego, tras encariñarse con el personaje, que en parte es él mismo, decide seguir su camino en otras películas. Así, vendrán cuatro más: Antoine y Colette (1962), Besos robados (68), Domicilio conyugal (70) y El amor en fuga (79), forman parte de Las aventuras de Antoine Donel. ¿Qué se puede decir de Antoine Doinel? No mucho. Las referencias que servían para Apu, de una dura infancia, de una picardía innata, de los problemas para desarrollarse ante unos orígenes tan complicados, son las mismas (una de las pocas diferencias es que los actores que interpretan a Apu no son siempre los mismos). Antoine también se vuelve escritor y tiene un misterioso éxito con las mujeres (quizás la verdadera diferencia entre los proyectos tiene que ver con los directores. Los 400 golpes es casi un relato autobiográfico de Truffaut. La vida de Apu, por el otro lado, no se emparenta en nada a Ray, quien perteneció a una familia acomodada y relacionada con la cultura).

En realidad, Apu es el Antoine Doinel oriental. Y Antoine Doinel es Apu occidental. Dos talentosos directores que pensaron igual casi en el mismo tiempo. Dos legados. Tanto Truffaut como Ray pintan a la perfección la época. Dos grandes creaciones que lucen parecidas y que merecen ser vistas. Son de  esos filmes que no pasan desapercibidos.



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