Revista Periplo: el cuerpo como rebelión y mi encuentro con Michele

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¿Qué representa el cuerpo? ¿Es importante para muchas personas? ¿Hay alguien que sufra por su condición física? ¿Se puede cambiar lo que uno naturalmente recibe? Si es así, ¿cómo es el proceso de toda esa transformación? Algunas de esas preguntas intenté contestar en la nota del decimosegundo número de la revista Periplo. ¿El tema de la edición? Los límites del cuerpo.

Si tenía que escribir sobre el cuerpo, necesitaba la experiencia de alguien real. No bastaba la literatura ni el cine para intentar entender una realidad. Decidí entrevistar a un travesti. Hasta ese momento, no sabía muy bien qué es lo que podía llegar a sacar de la charla. Fui a los Lagos de Palermo, uno de sus lugares de trabajo.

Estaba nervioso. Dejé el auto a unos cien metros y caminé. Llevaba un cuaderno en la mano, para dar a entender de que era periodista y no estaba en ese lugar para otra cosa que hacer una nota. Antes de entrevistar a Michele, la protagonista del relato en Periplo, tres travestis rechazaron mi pedido de hablar unos minutos. “¿Qué me querés preguntar?”, me decían, con gestos de malhumor y desgano.

Caminaba hacia mi auto con el convencimiento de que había fracasado. Mientras me iba del lugar, sentía como si alguien me estuviera silbando. Me di vuelta para reconocer los ruidos que sentía que eran para mí. Fue un gran error. Un travesti morocho y semi desnudo me hacía señas para que fuera donde estaba. Esbocé una leve sonrisa nerviosa y seguí caminando.

Me sorprendió la cantidad de movimiento que había. Los autos, especialmente taxis, paraban en la zona y dejaban a los travestis que habían cumplido con su trabajo. Era la madrugada de un lunes. Al otro día, supuestamente, se trabajaba. Enfilé al último grupo de chicas con el que iba a intentar hablar. Una de ellas me dijo que no podía filmarla sin pagarle los derechos de televisión. “Pero él no es de la televisión, es de una revista. Es escrita la nota”, le dijo Michele, que estaba a unos dos metros, con una lucidez que hasta ese momento no había escuchado en ninguna de sus compañeras.

Hablé con Michele y con su testimonio pude responder parte de las preguntas que me había planteado. Como me suele pasar, sentí empatía con el entrevistado. Descubrí sus sueños, sus pasiones, sus miserias. Entendí algunas de las cosas por las que tiene que atravesar alguien como ella, de un pasado tenebroso y un futuro poco prometedor. Pensé en la falta de tolerancia de la sociedad, que discrimina sin pudor. “Michele es una buena persona. Hace su trabajo sin hacerle daño a nadie”, me dije.

Su historia está mechada con la del film Los muchachos no lloran (1999, dirigida por Kimberly Peirce y protagonizada por Hilary Swank), en donde el/ la protagonista, Brandon, sufre algo parecido a lo de Michele pero al revés. En fin, acá va el artículo, con brillantes ilustraciones de Julieta Piaggio:

Brandon esconde sus pequeños pechos con una faja, los aprieta todo lo que puede para que no se noten. Michele se puso siliconas y las exhibe como su principal arma de seducción. Brandon se corta el pelo sin mucha forma, con flequillo, orejas descubiertas y un poco más largo arriba que en los costados. Michele se lo deja crecer, le llega hasta los hombros y una vez por mes se lo tiñe de rubio con algunos mechones negros. Brandon se pone un par de medias en sus genitales, debajo de los calzoncillos, para aparentar un bulto que no existe. Michele esconde su secreto como puede. Conoce todos los trucos para disimular algo que está pero que quiere hacerlo pasar desapercibido.

La continuación de la nota, en la página 18 de la revista Periplo.



There are 6 comments

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  1. Julie

    Coincido con Joaquín. Creo que fue de lo mejor de Cine en Rama.
    Este post complementa el gran artículo de Revista Periplo.
    Y muy jugado y comprometido el hecho de hacer una nota de cine con la realidad.


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