El recital de John y Yoko desde un bar de Constitución

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Rubén está sentado en una barra de un bar de una estación de servicio del barrio de Constitución (es el tipo de lugar en el que las empleadas trabajan vestidas con seductoras calzas y los clientes las miran mientras esperan que les carguen gas. Ellas les dedican una sonrisa y ellos, pese a sus chistes groseros, son respetuosos). Toma café y tiene en su plato un par de medialunas de grasa. Está acompañado por dos tipos que visten de la misma manera: un pantalón oscuro, una camisa de manga larga arremangada y zapatos de cuero negros. Tienen entre 50 y 55 años. Son taxistas.

Hablan de su trabajo: que en enero se hacen menos viajes de lo normal, que el primo de uno de ellos quiere conseguir el permiso para manejar un taxi y que otro tiene que comprar una batería nueva. Pero, cuando una de las chicas que atiende el lugar pone en la televisión un canal de música, todos callan. Transmiten el recital que John Lennon dio en 1972, llamado One to one, en el Madison Square Garden. Mientras Lennon toca Imagine con su piano, nadie dice nada. Sólo hay dos personas más además de los tres taxistas y las dos chicas que trabajan en el bar. Un hombre de unos 35 años mira de reojo mientras toma un licuado de bananas. Un joven de unos 23 que está sentado apuntando hacia la calle deja de leer la sección espectáculos del diario de Clarín, se da vuelta y le presta atención a la canción. Todos están en silencio, salvo una de las meseras, que canta mientras lava algunos vasos: “Imayin ol de pepol…uu uu uu”, parece ser la única parte que conoce. Ni bien termina esa secuencia del tema, se dedica a tararear y ver de reojo las imágenes.

Se genera una especie de hipnotismo inusual. En ese lugar nadie está acostumbrado a escuchar canciones en inglés. Tampoco a que todos miren la televisión al mismo tiempo, salvo que pasen un partido de fútbol. Suelen poner canales musicales en los que pasan siempre las mismas canciones de reggaeton o cantantes como Chayanne, David Bisbal o Luis Miguel, que nadie escucha salvo las meseras. Los clientes, casi todos taxistas, hablan entre ellos a los gritos. También hay empleados de la zona, que se preocupan por comer el sándwich de jamón y queso y tomar la coca cola lo más lento posible para estirar el período de descanso todo lo posible.

La chica que lava los vasos y cantaba Imagine nota el silencio: “Epa… ¿qué pasa que están todos callados? ¿Vieron? Pongo buena música y la escuchan todos, eh”. Nadie le responde. Ella ríe mientras sigue con los vasos y algunos platos.

Lennon parece enfocado. Toca el piano y canta mientras tiene los ojos cerrados. Lleva puesto unos anteojos redondos con vidrios de color azul. A su izquierda está Yoko Ono, que también toca el piano. Ella lo hace como si fuera un arpa. Arrastra los dedos para arriba y para abajo, a la izquierda y la derecha. Tiene un vestido blanco sin mangas, con un cinturón negro bastante más arriba de la cintura, unas gafas negras y el pelo desarreglado. Lennon no le presta atención, sólo parecen existir él y su piano. Sólo la mira cuando termina de cantar. Se inclina hacia su lado y le dice algo. Yoko se acerca y le da un beso en la boca. Luego se paran y se ponen el tipo de cascos que se utilizan en las obras de construcción.

“Ésa es. Por culpa de ella se separaron Los Beatles. Esa china”, dice Rubén mientras mira señala el televisor. Toma un poco de café y, con la taza en la mano, agrega: “Por esa china se separaron Los Beatles, no sé en que año. No me acuerdo”. Todavía mantiene el brazo levantado. Apunta a Yoko como si delatara a un criminal.

Lennon comienza a cantar una versión del tema de Elvis, Hound dog. Yoko le agrega a la canción algunos ruidos de animales. Por momentos parece el sonido de una vaca, otras de un perro. “¿Pero qué hace la china, un pato?”, dice uno de los taxistas. La concentración que había en el bar ya no existe. Ahora todos miran a Yoko y ríen. “¡Qué épocas aquellas! Mirá lo que era. Estaban todos fumancheados”, dice el tercero de los hombres, mientras en la televisión se ve a parte del público del recital, que mantienen una estética parecida a los artistas que están en el escenario, desalineados y con pelos largos y desprolijos.

“¿Tuvo un hijo con él, no?”, pregunta uno. “Sí”, responden los otros dos. “¿Quién lo había matado a él? ¿La CIA, un periodista o algo así?”, pregunta de nuevo. “No, un fanático lo mató. Estaba loco. Un fanático que estaba loco le metió un par de tiros. Lo metieron en cana”, responde Rubén.

La música tiene ritmo y la chica que lava los platos sale de la cocina para limpiar algunas mesas. Uno de los compañeros de Rubén la mira y le dice: “¿Y? ¿Por qué no bailas?”. “!No! Sólo sé bailar salsa”, responde. “Ah, ¿y no sabés bailar rock and roll? Entonces no sabés bailar…”, devuelve.

El recital sigue con el tema Could Turkey, otra canción en la que Lennon y Yoko hacen cada tanto ruidos y movimientos extraños. Ya casi nadie presta atención al sonido pero sí a las imágenes, que cada vez parecen más lejanas a la realidad de ese bar, de ese momento. “Qué bárbaro eh…yo le compraba los long play de Los Beatles a la Bruja. Unos años después los tiró a la mierda, pero qué grandes que eran Los Beatles…”, dice Rubén, mientras mira el piso y arrastra el pie derecho hacia adelante y atrás.

El chico que leía Clarín vuelve a acomodar el diario y le da la espalda a la televisión. Los taxitas hablan ahora del aumento del subte y las dos empleadas, una en la barra donde se exhibe la comida, y otra en la caja, discuten sobre si hay o no stock de sándwiches de migas.

Unos minutos después, suena Give peace a chance. Lennon parece volver a la compenetración que había tenido con Imagine. Y, por segunda vez, el bar se enmudece. “Mirá, mirá”, dice Rubén. El chico deja de leer el diario para ver a Lennon. El hombre del licuado de bananas mueve los pies para arriba y abajo. Y la chica que lava los platos vuelve a cantar: “ol gui ar seeeein is git pis a chans, ol gui ar seeeein is git pis a chans”. Tras el estribillo, deja de cantar para tararear. Serio, Rubén parece molesto. “Qué cagada, che. Siempre se mueren los mejores”.



There are 11 comments

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  1. Común

    Hola!!!!

    Dos grandes de verdad…….como me gustan las grandes personalidades, porque fueron Personas Comunes haciendo cosas extraordinarias….

    Buena semana con un abrazo de oso.

  2. Gloria Gesrik

    Amo Imagine desde que fuí fans de “the beatles”..recuerdo cuando bailabamos con mi mejor amiga Marcela Castiglione.junto al tocadiscos…épocas gloriosas década del 70…éramos muy,muy felices…


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