Otro verano en Buenos Aires

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El perro ladra todo el tiempo que pasa la ambulancia. La ambulancia pasa todo el tiempo. Todo el tiempo hace calor. El calor está todos los días, cuando llueve o cuando hay sol. Cuando llueve, hay calles inundadas. Hay autos que flotan y gente que llora. Cuando hay sol, hay transpiración. Noticieros que mandan a sus periodistas a la calle a mostrar el calor, aunque no se puede mostrar. ¿Cómo está la cosa en calle Florida? Hace calor, sí. A su lado pasan los cadetes con sus motos, en el medio de la vereda. No tienen puesto el casco. Necesitan respirar. Cuando la televisión no muestra a la ciudad, pasa a la playa. En la Bristol tienen el mar, pero hay muchos que no lo pueden ver. Adelante hay tantas sombrillas y gente que tienen que conformarse con el sonido del océano. Las vedetongas sí la pasan bien. Se ponen su bikini más chico y hacen un móvil en la pileta del hotel con el que tienen canje. En las radios, los conductores de los programas (casi todos se van a Europa) no están. Los reemplazan los columnistas, que no tienen demasiada idea. Los meteorólogos son los más insultados. Casi nunca aciertan el clima. Es la gota que recorre la espalda, desde el cuello hasta la cintura, en el apretujamiento del subte. Hay una canilla en el principio del andén de la estación 9 de Julio, en la línea D. El agua es tibia y los pibes que piden monedas agarran una botella del piso y la cargan. Toman. Se tiran en la cabeza. Es el sudor en la frente que no seca. El oficinista está de malhumor. Es lunes. Está bronceado, llegó ayer de Pinamar. Larga un aire pesado y quejumbroso mientras habla por celular.  La ciudad no da tregua. El vapor después de la lluvia se levanta del pavimento de la 9 de julio, mientras tres chicos de no más de doce años  se bañan en una de las fuentes de agua. Los turistas, blancos y con botellas de agua en la mano, sacan fotos. También le sacan a dos pibes que están en cuero, tirados en el piso, y hacen que limpian los vidrios de los autos. Son las 11. Toman cerveza. El conductor del auto importado avanza unos metros. Las ventanillas están subidas. No la del taxista de al lado, al que no le gusta gastar gas. En el tráfico y bajo el sol, el aire deja de ser efectivo. Se resigna. Baja la ventanilla y ve mejor la ciudad. Los fines de semana, a la noche, las calles están cortadas. Hay carnaval. En la 9 de Julio trabajan en los preparativos para armar un gran corsódromo, pero a los pocos días levantan todo. Algunas personas murieron en un tren por ir en el vagón de adelante y porque ese día lamentablemente no era feriado. A la secretaria tampoco le gusta el aire. Estornuda, porque en la oficina de su jefe la temperatura es más baja que en el resto de la oficina. Usa un pañuelo en el cuello, por las dudas.  Lo mejor es irse en marzo. No, en enero. En febrero es más barato. El año se hace más corto. Aprovechás los feriados. Se especula  para escapar de lo que tendrán que vivir por el resto del año. Cuando vuelven, se dan cuenta. No les gusta lo que hacen y cada vez falta más para volver a las vacaciones. Pero al otro día falta menos. En tres días llega el fin de semana. En dos meses se acaba el calor. En once meses vuelven las vacaciones.



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  1. Anonymous

    excelente vista de Bs As.Me encanto Lucas.Es tal cual lo describis.Me gusta mucho como observas la realidad.Saludos.


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