ESPN 30X30: historias del deporte, historias de la vida (parte I)

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“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar, el poder de unir a la gente de un modo que pocos consiguen”, Nelson Mandela.

Algunos dicen que se juega como se vive. Otros agregan que se piensa al deporte como se piensa en la vida. Parece evidente que no es lo mismo que prefieras a Bilardo y Mourinho antes que a Menotti y Guardiola, por ejemplo. Sus maneras de dirigir y hacer jugar a un equipo tienen que ver con formas de sentir la vida misma. Una parte es, entre otras cosas, el interés constante por los otros, la necesidad de sacar ventaja en todo, la preocupación por lo vano, la perfección en el detalle, el trabajo estructurado y metódico. El otro representa al dejar hacer (laissez faire, laissez passer), el lirismo, la intuición por confiar en lo propio y en el talento. La libertad.

Aunque el lector ya debe haber notado cuáles son las tendencias y preferencias del autor de esta nota, lo importante es marcar que el deporte es una fuerza enorme que no transita caminos diferentes a la vida. “Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”, dijo Borges, uno de los grandes escritores del siglo XX que nunca entendió que el fútbol no sólo se trata de patear una pelota. Detrás de cada pase hay una historia de sacrificio. En cada gol nace una amistad. Con cada derrota, se forja la unión y el orgullo. A todos esos lazos hay que sumarles otros que quizás sean aún más importantes: el deporte tiene una incidencia directa en lo social y político.

Parte de este pensamiento es el mismo que se percibe en los 30 documentales de ESPN, realizados entre octubre de 2009 y diciembre de 2010 (este año, el canal estadounidense presentó una nueva serie de documentales llamadas 30 X 30 names, en la que se hará foco en personajes específicos). Una brillante manera de mostrar que, detrás del que encesta un triple, aplica un gancho que manda a su oponente a la lona o la clava en el ángulo, hay una gran historia para contar.

Once brothers, Michael Tolajian. Desgarradora historia del equipo de básquet de Yugoslavia durante la época comunista que hace especial foco en la relación de sus dos estrellas, Drazen Petrovic (croata) y Vlade Divac (serbio). Fueron hermanos más que amigos. A principios de la década del 90, eran dos extranjeros que luchaban por triunfar en la NBA (Petrovic en Portland Blazers y luego New Jersey Nets y Divac en Los Angeles Lakers) que se unieron para superar el desarraigo. Pero la relación se quebró después de salir campeón del Mundial de básquet de 1990, cuando un gesto de Divac con la bandera croata sería el chispazo que generaría una enorme explosión. La relación rota nunca podrá sanar por el destino trágico de Petrovic. 9/10.

Muhammad and Larry, Albert y David Maysles. Muhammad Ali, uno de los grandes boxeadores de la historia, no puede saltar la soga. Un grupo de fanáticos lo mira en el gimnasio con una especie de desencanto y confusión. El rey de las palabras ya no habla como antes, balbucea. No es el mismo. Tiene bigotes y está a punto de disputar uno de sus últimos combates (aunque le quedaría una pelea más, ante Trevor Berbick, ése fue su adiós real). Es la historia del ocaso. Impresiona notar los primeros indicios de Parkinson y el silencio de su grupo de trabajo ante esa situación. Emocionante. 9/10.

The two Escobars, Jeff y Michael Zimbalist. Andrés, jugador de fútbol de la Selección colombiana, y Pablo, uno de los narcotraficantes más poderosos de la historia del país, no sólo tienen el apellido en común. Cada minuto del documental impresiona más por la violencia e impunidad con la que un criminal como Pablo Escobar se manejaba (inclusive llegó a ser presidente del club Independiente de Medellín, donde jugaba Andrés). La violencia y el descontrol llega tan lejos que paraliza al equipo durante el Mundial del 94. Sacude a Andrés, que vuelve a su país después de la eliminación en primera ronda, y paga las consecuencias de un país enfermo. Cada relato, desde los familiares del jugador hasta los del narcotraficante, generan tristeza e impresionan, por lo malo. 8/10.

Winning time: Reggie Miller vs. The New York Knicks, Dan Klores. En este documental no hay historias de vida, recuerdos de la infancia ni lamentos por alguien que ya no está. Es un relato puramente deportivo filmado con una maestría única. Aunque el espectador puede saber los resultados de los partidos que se muestran (la final de la Conferencia Este de 1994 entre los Knicks e Indiana Pacers) no por eso desaparecerá la emoción. Combina a la perfección las imágenes (el detalle, la cámara lenta, las reacciones) con los testimonios (imperdibles los comentarios del director Spike Lee, fanático del equipo neoyorquino). Una lección de cómo filmar al deporte. 8/10.

Jordan rides the bus, Ron Shelton. La increíble historia del traspaso de Michael Jordan del básquet al beisbol. No es un jugador más el que abandona la NBA sino el mejor de todos. La decisión la toma exclusivamente para cumplirle el deseo a su padre, asesinado en un extraño robo, quien siempre soñó con verlo jugar en el verde diamante. Por supuesto, MJ revolucionó el deporte (jugó para Chicago White Sox, un equipo de la American League, algo así como la segunda división, con la intención de dar el salto a las grandes ligas) y puso de rodillas a la poderosa NBA. Sin él, nada era igual. Aunque le costó, Jordan dio una clase de esfuerzo y obstinación. La huelga de los jugadores de beisbol y la imposibilidad de jugar en la MLB en la siguiente temporada le dieron ganas repentinas de volver a su casa y jugar al básquet, con los Chicago Bulls. Interesante, aunque faltó el testimonio del gran protagonista. 7.5/10.

Run Ricky Run, Sean Pamphilon. ¿Ricky Williams está loco o, en realidad, es el resto de la sociedad la que está mal? Es una de las preguntas que lanza este frontal documental, sobre la historia de uno de los jugadores más importantes de la NFL. De ser una gran estrella a recluirse en una casa oscura y sin ventanas. Abandonó a sus tres hijos y se dedicó a fumar marihuana. Demasiados golpes no le dejaron pensar ni sentirse bien. Hasta que volvió. Fue una estrella, una vez más pero, además, fue un buen padre. Su exilio fue como una especie de enseñanza. “Me siento cómodo en una zona oscura y tabú que la sociedad no entiende”, dice. Muy interesante. 7.5/10.

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Into the wind, Steve Nash y Ezra Holland. Historia de lucha, garra y compromiso. Cuando a Terry Fox le amputan una pierna producto del cáncer, nota la falta de energía y ganas de vivir que hay en el hospital. Por eso, decide dar el ejemplo. Con una pierna menos, se plantea el objetivo de correr a lo ancho de Canadá. De a poco, su figura toma dimensiones de héroe en un país con pocas figuras carismáticas. Con dos amigos y en una pequeña camioneta como acompañantes, Fox corre con todas las dificultades encima, pero las supera. 7/10.

The 16th man, Cliff Bestal. El hombre 16 es Nelson Mandela durante el Mundial de rugby de 1995. Es la historia de reconstrucción de un país, Sudáfrica, a partir de la lección de un hombre que utiliza al equipo para unir. Bien contada y con un archivo interesante, aunque le juega en contra la falta de novedad (entre Invictus, la película de Clint Eastwood, y El factor humano, el libro de John Carlin, es una historia bien conocida). 7/10.

Kings Ramson, Peter Berg. Otro relato que hace foco exclusivamente en lo deportivo. El documental cuenta la historia del mejor jugador de hockey sobre hielo de Canadá, Wayne Gretzky, que decide dejar de jugar en su equipo, Edmonton, por Los Angeles Kings. La decisión del jugador genera un estallido en los fanáticos y plantea la pregunta: ¿por qué se fue de su casa? El director revuelve los sentimientos de Gretzky, quien no se muestra arrepentido aunque exhibe cierta fragilidad. La presión, a veces, es demasiado grande para una sola persona. 7/10.

Small potatoes, who killed the USFL?, Michael Tollin. Increíble y novedoso relato de una liga paralela de fútbol americano que intentó competir contra la poderosa NFL. Aunque buena parte del perfil de los documentales 30 X 30 están basados en la cultura estadounidense, no por eso dejan de sorprender y atraer. En este film de Michael Tollin se muestra cómo nace un nuevo certamen desde cero, las estrategias para atraer a la gente, el éxito y el fracaso. “Small potatoes” es una de las frases del empresario Donald Trump, quien compró uno de los equipos e intentó cambiar la liga (el torneo se jugaba en primavera, cuando en la NFL se descansaba, y quiso llevarlo al verano para competir mano a mano, pero fracasó). 6/10.

The band that wouldn´t die, Barry Levison. Cuando el equipo de fútbol americano, los Baltimore Colt, cambia de ciudad, una población entera pierde una parte suya. Pero la banda que tocaba antes, durante y después de los partidos no se venció. Y siguió tocando, como si el equipo todavía jugase en el estadio que cada fin de semana llenaban con 55 mil personas. Su lucha, incansable, tendrá frutos cuando los Baltimore Reavens, otro equipo, desembarque en su ciudad. Interesante para apreciar que en Estados Unidos no existen los clubes, asociaciones sin fines de lucro. Todo se trata de franquicias, traspasos y negociaciones. Todo es dinero, casi nada es pasión del lado dirigencial. 6/10.

Without Bias, Kirk Fraser. Increíble historia de un joven basquetbolista destinado a estar entre los más grandes, elegido en el draft por Boston Celtics, al que su destino cambia casi sin explicación. Un caso que convulsionó al ambiente del deporte en Estados Unidos. Leon Bias, de la leyenda a la tragedia. 5.5/10.

Tim Richmond to the limit, Rory Karpf. El único documental relacionado al automovilismo. Tim Richmond fue un corredor de Daytona especialmente carismático y vendedor. Era lindo, tenía un estilo de manejo agresivo y atraía a mucha gente al deporte. Hasta que una enfermedad, que en ese momento no se aclaró cuál era, lo sacó de las grandes ligar. Al final, era sida. En la década del 80, se trataba de una enfermedad prohibida, repleta de prejuicios. La historia no revela nada distinto. Deja al espectador con ganas de más. 5.5/10.

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No crossover, Steve James. Allen Iverson, una promisoria estrella del básquet secundario, es acusado por una pelea entre negros y blancos, en un bowling de Hampton, Virginia. Su juicio, condenado a diez meses de prisión, representó toda una lucha racial -otra vez-. Una historia algo difusa y con mucho menos suspenso que otros episodios. Steve James, el director, no parece muy convencido de lo que quiere contar. Por momentos, el toque autobiográfico resulta innecesario. 5/10.

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The U, Billy Corben. Uno de los documentales más largos y aburridos de la serie. Cuenta la historia de una extraordinaria camada de jugadores del equipo de fútbol americano de la Universidad de Miami. La fórmula del éxito estuvo en expandir los lugares de búsqueda de talentos hacia las zonas más humildes de la ciudad. En poco tiempo, los jóvenes de los suburbios se convirtieron en los “bad boys”. Títulos, resultados, historias de los partidos más importantes. Poco trascendente y difícil de meterse dentro del relato. Las distancias con el fútbol americano son muy grandes. 4/10.

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  1. Anonymous

    DESEARÍA CONSEGUIR EL PROGRAMA DEL EQUIPO DE BASQUETBOL UNIVERSITARIO DE LA UNIVERSIDAD DE CAROILA (CREO) Y EL ENTRENADOR ITALIANO QUE LOS MOTIVÓ A GANAR UN CAMPEONATO. ES PARA IMPARTIRLA A MIS ALUMNOS EN LA UNIVERSIDAD. GRACIAS orvaldesv@hotmail.com

  2. Salvador Mtz

    He visto varios documentales y me parecen muy buenos pero a mi como mexicano me emocionó mucho el de Fernando Nation. me gustaría saber dónde lo puedo conseguir subtitulado al español.

    • Lucas Bertellotti

      A mí no me volvió loco “Fernando Nation”. De todas maneras, como decís, creo que tiene que ver con la empatía de cada espectador. Todas las historias son buenas. Con respecto a los subtítulos, no te puedo ayudar. Muchas gracias por el comentario.

  3. Edred Adonhiram

    El programa de los Bad boys Miami Hurricanes me parecio uno de los mejores aunque ustedes digan lo contrario.

    • Lucas Bertellotti

      Me causa gracia que digas “ustedes” como si el blog fuera una especie de multimedio. En Crónicas de calle no hay nadie más que yo. Sobre “Bad Boys”, lo recuerdo con bastante poca simpatía. Intuyo que tiene que ver con una cuestión cultural: soy argentino, no conozco casi nada de fútbol americano. Me costó meterme en el relato de un juego desconocido y, por momentos, difícil de entender.
      Muchas gracias, por el comentario, saludos.


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