The Newsroom: lo bueno, lo malo y lo feo del periodismo

thenewsroom

Si usted es periodista y está cansado de la mediocridad, se aburre en la redacción, no está contento con sus notas, lo enoja que la parte comercial de la empresa en la que trabaja tenga demasiada influencia en la periodística, lo enerva que la bajada de línea por intereses que no son los suyos sea demasiado grosera, no tiene un referente, no está rodeado de gente que lo inspira… en fin, si su estado no es el que soñó cuando se ilusionaba con ser un buen periodista, hay una serie que puede ayudarlo a tener esperanza de que las cosas podrían llegar a ser un poco mejores.

The Newsroom es pura inspiración. Logra tocar las fibras de cualquiera que alguna vez haya estado en una redacción. Por supuesto, no está hecha sólo para periodistas, aunque es evidente que para algunos será mucho más fácil sentir empatía con los personajes.

Will McAvoy es brillante. Es uno de los conductores televisivos más populares de Estados Unidos. Es imparcial. No lee lo que le dicen sus productores. No es un presentador de noticias, sino un periodista. Contraataca a sus entrevistados. Está informado. Es lúcido e intelectual. Pero, con el tiempo, la ola de la fama y el rating lo fueron aplastando. Se dejó estar demasiado, perdió calidad. Hasta que el gerente del canal, el viejo y respetado Charlie Skinner (la tranquilidad de los grandes, el tacto de un verdadero jefe), contrata a la productora MacKenzie McHale (obsesiva, detallista, chillona y desequilibrada) como líder del noticiero del prime time. Y el periodismo de verdad, el que realmente le gusta hacer a McAvoy, vuelve a gobernar.

Con los primeros diez capítulos (de una hora cada uno) presentados en 2012, la serie ya tiene asegurada una segunda temporada, que arrancaría en junio. En un principio, no parece la mejor decisión. The Newsroom es una historia entretenida y divertida pero chica, de periodistas haciendo periodismo. Hay otra parte dentro de ese relato que son las historias amorosas. Will (Jeff Daniels, de muy buena actuación) y MacKenzie estuvieron enamorados pero cortaron por una infidelidad de ella. Parecen destinados a estar juntos pero el pasado y el orgullo de ambos los afecta demasiado (lo único divertido es cuando se pelean e insultan). Maggie Jordan y Jim Harper, dos productores jóvenes y con gran potencial, se atraen con mucha fuerza pero por una u otra razón nunca terminan de concretar. En realidad, toda estas situaciones hacen perder fuerza a lo que verdaderamente importa, el periodismo. Cuesta pensar que algún espectador pueda esperar la segunda temporada para saber cómo se terminan de resolver estas relaciones.

A Will, MacKenzie y el resto del equipo no les interesa el rating. Están contentos porque en las últimas semanas hicieron algunas notas que periodísticamente fueron brillantes. Desenmascararon a buena parte del Tea Party, con sus contradicciones y excesos (pese a que Will es un confeso republicano). Pusieron el ojo en la Ley de Inmigración de Arizona. Acertaron con la primicia de la muerte de Bin Laden (en la redacción tienen la regla de chequear con tres fuentes distintas antes de confirmar este tipo de noticias). Encontraron el foco y lo que realmente estaba pasando en un derrame de petróleo en el Golfo de México. Hicieron conocidas historias de la gente que tenían un contexto social y político importante. De lo chico a lo grande. Todo lo bueno del periodismo (¡qué lindo poder ver, escuchar o leer algo de este estilo!). Pero la gente, según los empresarios que manejan el canal, quiere otro tipo de noticias. La lucha entre hacer un producto bueno y conformar a los que sólo pretenden ganar dinero es constante. Es lo malo del periodismo.

Aaron Sorkin, creador de la serie que tiene en su espalda un par de productos brillantes como The West Wing o muy buenos como Moneyball o Red social, es pretencioso. Por momentos, todo luce demasiado aleccionador y soberbio. “Sociedad estadounidense, ustedes están haciendo todo mal y yo se los vengo a mostrar”, parece decir. No suena muy real que el equipo de Will, pese a que es una especie de Dream Team del periodismo, acierte en casi todo lo que hace. Esto hace que en algunas partes todo se vuelva un poco monótono y el espectacular ritmo y nerviosismo se pierdan un poco.

El impacto de la serie está en la honestidad de los que sólo pretenden hacer su trabajo bien. En la sinceridad. En priorizar algo bueno. Y en el contexto. En la discusión sobre el rol del periodismo. En lo que hoy figura en la agenda de Estados Unidos (economía, terrorismo y futuro político). En el medio del camino se cruzan miedosos, tibios, celosos e ignorantes. También corruptos (el caso de las escuchas ilegales dentro del relato es un buen puñetazo a la honorabilidad de algunos medios), que representan lo feo del periodismo. Además de inspirar, la serie deja un sabor más o menos tranquilizador. Cuando se apagan las luces del estudio, la cabeza de los personajes ya está puesta en el próximo programa. No hay que esperar demasiado para tener revancha.



There are 5 comments

Add yours
    • Lucas Bertellotti

      No me animo a sentenciar que la segunda temporada será buena. Creo que si la historia se vuelca por el lado de los amores entre los personajes será un gran fracaso. En cambio, si se exploran otras facetas del periodismo, mantendrá la calidad. Veremos. Gracias por el comentario.


Post a new comment