Esto es Cataluña

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Es como si los balcones de Barcelona hablaran. Pocos balcones de la ciudad no cuelgan una bandera. Son parte del paisaje. La bandera es siempre la misma. No es una casualidad. Es de color roja y amarilla, con un triángulo azul y una estrella blanca o roja. El mensaje parece claro y se repite en cada lugar de la ciudad: “Esto es Cataluña”.

En La Rambla, un turista se acerca a un puesto de diarios. “Hola, quiero comprar la bandera de Cataluña”. “Muy bien. ¿Cómo la quieres? ¿Con estrella o sin estrella?”, pregunta el diariero. El turista, algo confundido, replica: “¿Y…cuál es la diferencia?”. El diariero parece desacomodado: “Bueno…tiene que ver con la independencia o no de ellos. Sin estrella es Cataluña. Con estrella es Cataluña Cataluña”. Pese a que el turista no parece haber entendido la explicación, elige la que tiene una estrella.

Los catalanes plantean que su cultura es diferente a la de España, denuncian que están sometidos a un agravio económico por parte del Estado, exigen mayor nivel de autogobierno y pretenden, como gesto simbólico, que sus selecciones deportivas sean propias, como Escocia o Gales. Dentro del grupo de catalanes, hay varias subdivisiones: está el independentismo catalán, el catalanismo o el nacionalismo catalán, entre otros. En algunos puntos, las diferencias entre sí son difíciles de explicar hasta para los propios protagonistas.

“Mes que un club”, puede leerse grande y claro en la segunda bandeja del Camp Nou, el estadio del Barça. A los 17 minutos y 14 segundos de cada tiempo del partido, los hinchas sacuden sus banderas al aire y gritan “¡Independencia!”. El tiempo elegido no es un capricho menor. En 1714, Barcelona cayó frente a las tropas borbónicas y Felipe V abolió las instituciones catalanas. En el estadio, con capacidad para casi 100 mil personas, algo menos de la mitad se levanta de sus butacas. El resto, saca fotos. La mayoría de los turistas ni siquiera entienden qué está pasando.

“Ellos piensan que pueden independizarse. Pero es imposible. Económicamente imposible. Dependen demasiado de España”, dice un taxista vasco algo molesto y cansado de los constantes pedidos, marchas y debates políticos por la independencia catalana. Comenta que lo que más le preocupa es que cada vez paga más impuestos. “Ellos” es un término que se repite demasiado en Barcelona. Los que no son catalanes, no parecen sentirse parte. Y, como no pueden sentirse parte, suelen quejarse. Los catalanes no les caen del todo bien, admiten.

En el subte, todo está escrito en catalán. También los carteles públicos. Parece una mezcla entre el español y el portugués y es más o menos fácil de entender. En la calle no se escucha demasiado. Cada tanto en algún bar, no mucho más. Hay españoles que odian a los catalanes. Hay catalanes que no se sienten españoles. Hay otros que se autoproclaman españoles y catalanes. En realidad, lo que parece haber es un país fracturado y dividido.

Las identidades que se imponen en Barcelona son evidentes. El Barça es más que un club. Gaudí, el extraordinario artista que pensó e ideó la Sagrada Familia o el Parque Güell, era catalán. La ciudad fue un bastión de la lucha antifranquista, un ejemplo contra el capítulo más oscuro de la historia. El grito-silencioso- de guerra es difícil de simular. Cada día parece sumarse una nueva bandera a los balcones de los coquetos edificios. Otra vez, las diferencias vuelven a marcarse. “Esto es Cataluña”.



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  1. Maria Teresa Belotti

    Muy buen artículo!!nunca fui a Barcelona pero siento conocer parte de su historia,sociedad,paisaje…me encantó el modo de “retratar” más allá de las fotos también elocuentes que acompañan el relato. Felicitaciones


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