Messi hace lo que quiere

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Frena la marcha en la línea del costado del campo de juego. Es un movimiento casi imperceptible. Las piernas pierden la coordinación por unos segundos. Lo natural hubiera sido que la izquierda diera un paso firme y largo. Pero no. Es como si se clavara en la tierra, antes de tocar el color blanco de la cal. Entonces aparece la derecha. El paso es convencido. Pasa por arriba de la línea y comienza a trotar con suavidad. A Lionel Messi le gusta ingresar al campo de juego siempre con la pierna derecha. Repite el gesto en tres oportunidades: cuando entra para hacer la entrada en calor, cuando aparece con el equipo para empezar el partido y, por último, para comenzar el segundo tiempo.

Sabe que todos lo miran, pero los ignora. Carles Puyol, el capitán del equipo, encabeza el grupo. Desesperado, corre como si escapara de su peor pesadilla o de un asesino que lo persigue con un arma. Llega al círculo central y, sin mirar a ninguno de sus compañeros que lo siguen unos metros atrás, levanta los brazos hacia los cuatro costados del Camp Nou. Pero Messi no. Su paso es cansino. Trota. No parece con ganas de gastar demasiada energía. Levanta las manos con displicencia.

En el calentamiento, el preparador físico arma una fila de a dos personas. Messi está último junto a Dani Alves. Tampoco parece muy interesado en esta situación. Jamás levanta la marcha. En varios de los ejercicios, el primero de la fila, Puyol, está cerca de alcanzarlo. No le importa. Cuando el preparador pide un salto con rodillas al pecho, las de Messi no superan el desplazamiento de un jugador de novena división. Es como si nunca hubiera crecido. Como si se hubiese desarrollado débil y enano. Como si nunca hubiera hecho un tratamiento para crecer y ser fuerte. Nadie le dice nada.

Es un ladrón. Cuando el grupo se aleja unos metros a elongar y mientras sus compañeros comienzan a tirarse en el pasto, él corre como nunca hasta ese momento y comienza a patear una de las tres pelotas que estaban prolijamente en fila. No es una casualidad que estén ahí. A unos quince o veinte metros, Víctor Valdés y Pinto, arqueros del Barcelona, hacen su trabajo de calentamiento en uno de los arcos. De reojo, parecen notar que una de las tres pelotas que usarían en el siguiente ejercicio ya no iba a estar. Messi hace una finta. Juega. Gambetea para un lado y otro. Nadie lo marca, todos lo ven. Al rato, deja la pelota. Y elonga, aunque no más de unos minutos.

El trabajo con pelota lo hace con Dani Alves. Toques de primera en una distancia corta, de unos cinco metros. De a poco, comienzan a alejarse hasta que uno se para en la mitad de la cancha y el otro se ubica en la línea final. Messi tira un pelotazo alto y largo. Dani Alves la para con el pecho, acomoda con la rodilla y devuelve para Messi, que amortigua con la rodilla izquierda y saca otro bombazo. La secuencia se repite un par de minutos más. La pelota nunca toca en el piso.

Empieza el partido. No parece muy interesado en el juego. Se desentiende. Trota. Mira el piso. Sigue la jugada. Parece esforzarse por no gesticular. Se mantiene al trote, el mismo paso cansino con el que hizo el calentamiento. Recibe la pelota en el área y queda mano a mano con el arquero. No tiene que hacer nada. Desesperado, el arquero se derrumba y cae al piso. Él define con suavidad, casi sin esfuerzo. Mira al cielo y apunta los dedos índices hacia arriba. No va a ser la única vez en hacer ese ritual de festejo. Penal. El Barça empata 1 a 1 ante el Osasuna. No falla. Toque suave a la izquierda del arquero. Cambia la camiseta y camina al vestuario.

Segundo tiempo. Una ráfaga. Ve a Villa con la pelota y corre como nunca antes en el partido. Mete una diagonal entre tres, recibe la pelota, elude al arquero y da un pase a la red. Tiene instinto asesino. Se olvida del juego pero perfecciona la definición. Es una máquina del gol que casi nunca necesita que alguien la repare o actualice. Otro pique. Esta vez mucho más agresivo. Aparición en el medio del área y remate al primer palo. Gol. El cuarto. En un córner a favor, se ubica afuera del área, justo en el medio. Levanta la mano disimuladamente para pedir el pase. Siente que lo ven y que alguien podría acercarse a marcarlo. No baja la mano. Con suavidad, la pone en la frente y corre su pelo hacia la izquierda. Lo mantiene. Hace que se peina. Al final, no recibe la pelota. Messi es un actor.

Traba una pelota pero le rebota en el botín izquierdo y le queda larga. Pierde la posesión. Intenta pararla con el pecho y se le escapa. Toma la pelota de espaldas al arco y busca aguantar la marca de un defensor grandote, pero se deja anticipar. Da mal un pase corto y otro largo. Insulta. Luce enojado. Se tapa la boca para decirle algo a un rival que lo había chocado en una jugada anterior. En ese momento, ni siquiera mira por dónde está el juego. Levanta los brazos por un pase que no recibió.

Termina el partido. Cambia otra vez la camiseta con un rival. Saluda al árbitro y comienza a caminar hacia el vestuario. Tres pasos y el árbitro lo llama. Se había olvidado de la pelota, la que le correspondía llevarse por los cuatro goles. ¿Todavía está molesto por las últimas veces que se equivocó? La toma con las manos. Camina al vestuario mientras la pica un par de veces. Da una nota a la televisión española. Saluda a la gente que todavía no se fue del estadio. Pica la pelota otra vez. Y desaparece. Messi hace lo que quiere.

(Hace tiempo que quería escribir este texto. Debido a las irregulares actuaciones de Messi en los últimos partidos, ante el Milan, por Champions League, y Real Madrid, por Copa del Rey, decidí en su momento no publicar este texto. Pero, al final, creí que no tenía sentido postergar el post por un criterio temporal. Cuesta pensar que la grandeza de este jugador varíe por lo que pudo haber pasado en los últimos días o lo que pasará en los próximos. “Messi hace lo que quiere”, pensé. Yo también).



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  1. Maria Teresa Belotti

    En las ultimas actuaciones tal vez Messi solo nos enfrente con la casi dudosa realidad de que no es perfecto pero sí un genio que seguira como bien dice el articulo,haciendo lo que quiere!!excelente momento entonces para publicarlo y deleitarnos imaginando esas escenas en el Camp Noi

  2. adad

    Qué grande el maestro que hizo esto !
    Tiene toda la razón del mundo! Messi a la hora de elongar aparenta hacerlo sin ganas! Pero igual es mi ídolo!


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