Searching for Sugar Man: el Dylan que no triunfó

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And you measure for wealth by the things you can hold 
And you measure for love by the sweet things you’re told
And you live in the past or a dream that you’re in
And your selfishness is your cardinal sin

Rodríguez

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Lucha contra la nieve. Está a punto de caerse. Le cuesta moverse. Está viejo. Ignora los ruidos de las fábricas. No parece ver el humo que producen las obras en construcción de Detroit. Sólo camina. Tiene el pelo largo y negro. Trabaja como obrero. Mano de obra. A veces, jardinero. Otras, ayudante de mudanza. En su ciudad, no es más que un desconocido. Cuando llega a su casa, de ladrillos, vieja y sin ningún tipo de lujo, toca alguna que otra vez la guitarra. Canta. Cuando se siente inspirado, se anima a escribir alguna canción. Nadie lo escucha. Algún vecino le pide que calle. Es la historia del Dylan que no triunfó.

Hay historias que cambian las formas de ver las cosas. Searching for Sugar Man, de Malik Bendjelloul, es una de ellas. Su documental, premiado con un Oscar como el mejor de 2012, mueve el piso. Cuenta la historia de Rodríguez, un misterioso cantante folk de la década del 70 que muchos de los que lo trataron se animaron a calificar como “el mejor artista que habían conocido”. Había grabado dos discos, Cold Fact y Coming from Reality, pero la respuesta del público fue mala. Hasta ahí llegó su carrera. Luego de morder el polvo del fracaso, desapareció. Colgó la guitarra y volvió a ser un obrero. ¿Cómo puede desperdiciarse un talento tan grande?

En Sudáfrica, el apartheid aplastaba. Los negros eran maltratados y discriminados. Los blancos no tenían libertad. Todo estaba controlado. La música de Rodríguez llegó a ese país como un paracaidista arrastrado por un huracán (la leyenda cuenta que una chica adolescente le regaló el disco a su novio sudafricano). De a poco, los vinilos que se pasaban de casa en casa se hicieron cada vez más conocidos y populares. Su música era todo lo que combatían. Sus mensajes iban contra lo establecido. Sus letras hacían descubrir parte de su realidad. Fue el himno de la lucha. “Había algunos vinilos que no podían faltar en cualquier casa sudafricana: Ridge over troubled water, de Simon and Garfunkel, Abbey Road, de Los Beatles, y Cold Fact, de Rodríguez”, dice Stephen, dueño de una tienda de música en Sudáfrica. Los cálculos marcaban ventas de 500 mil discos. Así de grande se tornó su figura. Una bandera inmensa y simbólica. Inesperada.

Rodríguez es el pintor de cuadros familiares. El escritor que no da a conocer su obra. El músico del subte. El cantante de bar. ¿Quién dijo que para ser bueno hay que ser conocido? El talento no sabe de fama, estadios repletos o autógrafos. El artista nace y muere como tal. Así lo quiso Rodríguez. Aunque su historia tuvo un giro inesperado. Craig Strydom, periodista de música, y Stephen, el dueño del local de vinilos, se propusieron investigar sobre su vida. Aunque no lo sabían con exactitud, estaban convencidos de que se había suicidado. Algunos decían que se había pegado un tiro en algún bar de mala muerte. Otros, que se había prendido fuego. Pero no.

Filmada con maestría, realista, cuando muestra la destrucción de la ciudad de Detroit, por ejemplo, y llena de recursos que complementan a la perfección la historia (imágenes de archivo que no siempre tienen que ver con los protagonistas, secuencias en las que el film es animado, voces agregadas) Searching for Sugar Man es una extraordinaria joya. La música de Rodríguez acompaña el camino y enamora. Deja claro que Bob Dylan podría haber sido Rodríguez y viceversa. Enseña que en la vida puede haber segundas oportunidades.



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