House of Cards: el titiritero de la política

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“El dinero es la súper mansión en Sarasota que empieza a derrumbarse en 10 años. El poder es el viejo edificio de piedra que se sostiene durante siglos. No puedo respetar a nadie que no vea la diferencia”, Frank Underwood.

Frank Underwood es el titiritero del Congreso de Estados Unidos. Es como si estuviera varios metros arriba del resto y pudiera ver las escenas con anticipación. Tira las cuerdas de un lado y saca de escena a un títere. Luego mueve la cuerda hacia el otro costado y hace aparecer a otro que parecía perdido, en el fondo de algún cajón. Es el que maneja todo. Sólo una persona podría arrebatarle las cuerdas. El dueño del teatro. Pero casi siempre se las arregla para que el show continúe.

House of Cards es una serie que regala un extraordinario detrás de escena de la política de Estados Unidos. Se trata de ficción, claro. Pero, por la solidez de la historia y un guión brillante, no cuesta imaginar que todo lo que parece inventado bien podría pasar en los pasillos de Washington, donde se define buena parte del destino del mundo. La política es sucia. Para avanzar, hay que saltar al barro. Para triunfar, ni un pedazo del traje, que en el comienzo del juego luce impecable, puede quedar sin mancharse.

¿Por qué Frank Underwood es un personaje inolvidable? Por varias razones, pero hay una que resulta especialmente encantadora. A Beau Willimon, productor y creador de la serie, no le interesa que su protagonista le caiga simpático al público. Frank, un congresista representante del norte de Carolina del Sur y líder demócrata en la legislatura al que le sacaron de las manos el puesto de secretario de Estado y ahora pretende vengarse, es un manipulador, corrupto y traicionero. Lo cierto es que si alguna vez tiene alguna buena intención con alguien que lo rodea, sólo será para su beneficio en el futuro. Como un movimiento en el ajedrez. Un sacrificio por un fin mejor. Ganar la partida. Una  de las cosas que por momentos no suena del todo creíble es que Frank esté siempre un paso adelante de todos, inclusive del propio presidente. ¿Es posible que sepa cómo mover absolutamente todas las jugadas? Sería interesante verlo humillado alguna vez.

El relato se cuenta casi siempre desde el punto de vista de Frank, interpretado con maestría por Kevin Spacey. Acá hay otro recurso interesante de la serie: quedan simpáticas y divertidas las secuencias en las que le habla directamente a la cámara, a los espectadores, cuando anticipa lo que vendrá o muestra parte de su sabiduría en el armado político. Frank está rodeado de gente casi todo el tiempo. Pero, en realidad, no tiene compañía. Él lo sabe. Su mujer, Claire, es una pareja de la ambición. Su único sueño es la acumulación de poder. No parecen estar enamorados. Lo suyo parece más una sociedad.

Alrededor de la historia de Frank se cuentan varias otras que giran en su entorno. La de Zoe Barnes es una de las más interesantes. Es una joven periodista que recibe información directa de Frank a cambio de algunos otros favores. La corrupción se lleva puesta por delante a cualquiera, parece ser el mensaje, aunque Zoe recién se preocupa por el dilema ético sólo sobre el final de la serie (que en la primera temporada tuvo 13 capítulos y ya tiene una segunda parte asegurada, en 2014).

Queda claro que, en los últimos años, el nivel de calidad de las series superó por una gran diferencia al cine (sólo hay que pensar en Six Feet Under, Los Soprano, Treme, The Wire, Boardwalk Empire y Mad Men, entre otras). Ante esta situación, el público también empezó a prestarle verdadera atención a este formato. Por eso, aunque HBO aún es el canal dominante con respecto a la creación de series, comienzan a aparecer algunos otros satélites que podrían hacerle competencia. AMC , por ejemplo, es un canal que copió la estrategia y creó series de alto nivel, como Breaking Bad, Mad Men y The Walking Dead. En el caso de House of Cards, el que se suma al juego es Netflix. La plataforma que ofrece en streaming películas y series por unos diez dólares mensuales salió a romper el mercado. La apuesta fue fuerte y el resultado, más que promisorio. Este año, Netflix superó en cantidad de suscriptores a HBO (29, 17 millones contra 28, 7). De a poco, el paradigma de la creación y consumo de las series se modifica. House of Cards será, sin dudas, un antes y un después en este sentido.

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A Barack Obama le gusta mostrarse como uno más. Cada tanto visita una escuela secundaria y se anima a lanzar unos tiros al aro de básquet. O se muestra en algún restaurante no demasiado lujoso mientras come una hamburguesa con una cerveza. También le gusta hacer público sus gustos por las series. En su momento dijo que Homeland, Boardwalk Empire y Modern Family eran sus favoritas. En caso de que el presidente de Estados Unidos vea House of Cards, es muy probable que no la pueda declarar entre sus preferidas. Se trata de una serie políticamente incorrecta, que escupe en la prestigiosa alfombra de la Casa Blanca y salta una y otra vez hasta destruir el escritorio del presidente (se pone especial atención en la influencia de las poderosas empresas en la mayoría de las políticas, la “compra” de favores por escalar en el organigrama y hasta la manipulación a ciudadanos para que no revelen las partes más sucias de los políticos). No quedaría muy bien parado.

El resultado de la serie global, una adaptación de una mini-serie británica de la BBC y basada en la novela de Lord Dobbs, es muy bueno. Es entretenida, tiene un ritmo especialmente adictivo y cuenta una historia interesante que pone en el foco de la discusión temas calientes. Cada detalle está cuidado y se nota (Netlflix contrató a varios directores con trayectoria para hacerse cargo de los capítulos, como David Fincher, Carl Franklin y Allen Coulter, entre otros). La crudeza del relato es otra de las claves. El caso de Peter Russo lo deja claro. En la política no hay lugar para los débiles. Así lo entiende Frank Underwood, el titiritero que nunca se cansa de tirar de las cuerdas.

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There are 3 comments

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  1. Facundo Von Ungaro

    La estoy por terminar (me faltan 2 episodios) y me parece muy buena, los momentos en los que Frank Underwood mira directo a la cámara son excelentes, Kevin Spacey representa muy bien lo que es el poder.
    Como siempre muy buena y entretenida tu critica, saludos!

    • Lucas Bertellotti

      ¡Muchas gracias por el comentario, Facundo! El hecho de que Netflix se haya sumado a la creación de series es una gran noticia. La irrupción de House of Cards es una verdadera revolución. Saludos.


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