Twin Peaks: la locura de Lynch

Twin-Peaks

“No tengo la menor idea de a dónde nos conducirá todo esto, pero tengo la firme sensación de que será un lugar tan extraño como maravilloso”, Dale Cooper.

Un enano bailarín. Una mujer que habla con un tronco.  Un agente del FBI que sueña con hombres gigantes y búhos. Un policía que llora por miedo e impotencia ante los crímenes. Un lugar, Twin Peaks, que esconde todo tipo de secretos y le da crédito a la teoría de pueblo chico, infierno grande.

David Lynch, el director de El hombre elefante, Mulholand Drive y Blue Velvet, entre otras, muestra en cada una de sus obras algunos indicios de locura. Secuencias difíciles de entender, personajes imposibles de descifrar, diálogos sin sentido. En Twin Peaks, la serie creada por él que salió al aire entre 1990 y 1991, están todos sus sellos distintivos. El resultado final tiene demasiados altibajos.

El primer capítulo es el mejor. La adolescente Laura Palmer apareció muerta en la orilla de un hermoso lago. La investigación del crimen estará a cargo del sheriff, Harry Truman, y un agente del FBI, Dale Cooper.  Entre el sacudón que genera la noticia en el pueblo, se presentan los personajes. Sobran los sospechosos. Bobby Briggs, el ex novio de la chica, es el supuesto malo. Donna Hayward, la amiga que esconde los secretos. Audrey Horne, la problemática e incomprendida. Se abre el juego. El suspenso se percibe en cada secuencia. Las ganas de ver más aumentan. Pero, con el correr de los episodios (la primera temporada tiene ocho, la segunda, 22) el foco se diluye. Y la serie pierde mucha fuerza.

A Lynch le gusta demasiado mostrar cosas que los espectadores no pueden entender del todo. La aparición de un enano que baila sobre el final de un capítulo puede parecer un detalle menor, pero en realidad se trata de buena parte de la esencia de la serie. Da la sensación de que se trata de un recurso de Lynch para darle cierre a una secuencia a la que no sabe cómo terminar. “Bueno, no tengo idea cómo resolver esta situación. Pongamos un enano bailando y que quede a criterio de los espectadores”, parece decir cada vez que presenta una situación totalmente fuera de los parámetros del relato. La idea de esta serie no es entender ni sentir, sino volar. No preocuparse por los detalles ni hilar fino. Simplemente volar.

Los detalles bizarros que Lynch introduce le hacen perder fuerza al relato: lo importante es saber quién mató a Laura Palmer. Pero Twin Peaks se aleja mucho de esa cuestión y divaga en historias que no merecen tanta atención. Las extravagancias de Dr. Jacoby, las locuras de Nadine, los problemas de pareja entre Andy y Lucy pueden resultar entretenidas historias paralelas que acompañan y le dan color a la historia u obstáculos que no permiten llegar a lo trascendente. Este abanico que se plantea en la trama trae más problemas que soluciones. Los capítulos transcurren y da la sensación de que no pasa nada.

Cuesta bastante sentir empatía por alguno de los personajes de Twin Peaks. El primer detalle: a Laura Palmer no se la llega a conocer nunca. El espectador tendrá algunas referencias perdidas (que era problemática, le gustaba correr peligros y tenía una suerte de ángel especial), pero la intención de Lynch es que no se sepa mucho sobre ella. En 1992, el director filmó Twin Peaks: fuego camina conmigo, una película que cuenta la semana previa a su asesinato. El detalle de los flashbacks, que nunca se utilizan, quizás le hubieran dado un toque más atractivo. Con respecto a los otros personajes, dependerá de la sensibilidad del espectador: por momentos, todo resulta tan frívolo y bizarro que cuesta sentir afecto.

La primera temporada tiene momentos dramáticos y de terror muy bien construidos. Los ocho capítulos se sostienen a buen ritmo y entretienen. En la segunda, el nivel baja mucho, especialmente cuando aparecen los elementos fantásticos. No tiene sentido ver más del séptimo capítulo, cuando finalmente se revela quién es el verdadero asesino de Laura Palmer.

Muchos críticos citan a Twin Peaks como la madre de las series modernas. Es probable que así sea. El producto está pensado con seriedad y tiene pasajes de buena calidad cinematográfica. Desde ese punto de salida, habrá que esperar hasta Los Soprano, en 1999, para ver una obra con la misma ambición. Lynch fue el primero que intentó imponer una percepción que hoy está más viva que nunca: la calidad de las series puede ser superior a la del cine.

Las donuts, el café y la comida chatarra en el barcito del pueblo. La misma música que aparece siempre ante determinadas situaciones. Los soliloquios de Cooper con su grabadora. La melosa presentación del pueblo, alejado de las grandes ciudades y floreciente de naturaleza. Es probable que para muchos Twin Peaks sea una serie de culto. Sólo depende del nivel de cercanía que se sienta con la locura de Lynch.

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There are 6 comments

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    • Lucas Bertellotti

      En la segunda temporada se pierde toda la fuerza narrativa. Básicamente, no hay nada para ver salvo algún que otro delirio divertido de Lynch, pero es todo muy difuso. Entiendo tu posición. Esta serie es de esas a las que no se le puede encontrar puntos medios. Muchas gracias por el comentario, ¡saludos!

  1. Herberto Luis Favario

    ¿Qué flota en mi mente después de leer esta crónica? Claro,Susan Sontag y su maravilloso libro “Contra la interpretación”, en el que se queda interpretando los símbolos y en una película y no se deja llevar por lo que sucede en la pantalla. No pasó por la película, no entender, sentir, volar, como en un sueño. Así son las películas de Lynch o la maravillosa película de Spike Jonze, El ladrón de orquídeas, en la que el personaje principal, escritor, está escribiendo una novela y no sabe cómo terminarla, entonces decide que su película terminó justamente así, una escritura de los bocetos, de los diarios autobiográficos, que son la base tasada en oro, de la literatura, El peso del mundo de Peter Handke, el cine bocetado del genial director portugués Pedro Costa, si, hay que decirlo, Lynch es ese genio loco que nos hace ver la verdad, y nosotros los que nos empecinamos en seguir vestidos cuando estamos desnudos, los que nos emperramos en juzgar obras acabadas, redondas, y no valoramos positivamente los experimentos, las buenas intenciones, y en vez de comentar los manjares cinematográficos que se cuecen en Europa, nos pasamos haciéndole propaganda a los americanos, a través de sus series (por supuesto que no hablo de esta, Lynch Genio!!!), muchas veces malas, pero igual comentadas, para qué perder el tiempo, y darles más publicidad de la que ya tienen. Una amiga mía comentó hace unos años, a propósito de Sin ningún lugar para los débiles, de los hermanos Cohen, que por esa película estos directores estaban terminados y yo le contesté que ella se equivocaba con esa apreciación, que si no fuera por los hermanos Cohen el cine americano hoy en decadencia, ya hubiera muerto. Y debo decirlo, estoy repodrido, y si no fuera por el cine, yo también ya me hubiera muerto. Martín Lotero.


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